Siete niños palentinos están a la espera de encontrar un hogar de acogida temporal

Un grupo de niños juega en las instalaciones de Cruz Roja./El Norte
Un grupo de niños juega en las instalaciones de Cruz Roja. / El Norte

Quince familias cuidan en estos momentos de 17 niños en situación de desprotección a través del programa de Cruz Roja

INÉS MACHOPalencia

En las situaciones de desestructuración familiar, los niños son los primeros damnificados y, en aquellos casos en los que las circunstancias impiden que tengan un crecimiento y una educación adecuadas en su familia de origen, se abren nuevas vías para garantizar su cuidado. Una de ellas, y quizá la menos conocida, es el acogimiento temporal. Este tipo de acogida es una forma de cuidado alternativo que prevé el Sistema de Protección a la Infancia, basado en la solidaridad de la ciudadanía. Los programas de Familias de Acogida son desarrollados por Cruz Roja y constituyen un recurso que pretende ofrecer al menor un entorno seguro, estable y afectuoso hasta que las circunstancias que le llevaron a la separación de su familia de origen se resuelvan. Las causas que motivan la separación del menor de su familia pueden ser muy diversas, y lo más habitual es que se dé una combinación de varias, con múltiples factores de riesgo que comprometan el bienestar infantil.

En todos los casos, el denominador común está relacionado con las capacidades de los progenitores o adultos de referencia para el desarrollo de la crianza y educación de los niños. Por un lado, están todas aquellas situaciones que crean procesos de exclusión de la familia, graves carencias de recursos económicos o de vivienda, problemas en la convivencia familiar, enfermedad, ingreso en prisión, abandono o negligencias. Por otro, están aquellos supuestos en los que la acogida viene determinada por el ingreso hospitalario de los responsables, con una escasa red de apoyo social. En los casos más extremos, la separación responde a situaciones de violencia o abuso de diversa índole en la familia de origen. Algunas veces, son las propias familias las que, al verse en algunas de estas situaciones, solicitan a la administración la guarda temporal de sus hijos por un tiempo no superior a los dos años. En otros, es la propia administración pública la que retira la tutela y el niño accede a un centro o a una familia de acogida como medida de cuidado provisional.

Para organizar estas actuaciones, la Junta, en colaboración con Cruz Roja, puso en marcha en 1989, el Programa de Familias de Acogida en Castilla y León, que llegó a Palencia en 1992 y, aunque ha ido creciendo y consolidándose, siempre faltan familias de acogida. En la región, así como en Galicia, Almería, Extremadura, Asturias y La Rioja, el modelo de acogimiento temporal que plantea la organización es el de familia ajena, es decir, aquel dirigido a personas que no tengan ningún lazo de consanguinidad con el niño.

En Palencia, el programa de acogida temporal tiene un enfoque provincial dentro de lo autonómico: se intenta que la ciudad de origen y de residencia de los niños sea la misma. No obstante, si en alguna de las ciudades de la región hay un exceso de familias acogedoras con respecto al número de niños en situación de acogida, algo que no suele darse, los niños pueden ser desplazados.

En Palencia, son siete los menores que están en un centro a la espera de encontrar una familia, ya que en verano se produjo un importante aumento. Dado que el centro palentino tiene actualmente todas sus plazas ocupadas, algunos de los niños han tenido que ser desplazados a centros de otras provincias castellano y leonesas. Por tanto, aunque sean siete los niños palentinos que buscan acogida, si hubiese más de siete familias interesadas, podrían ir a recogerles a otros centros.

Estos centros de acogida están realmente lejos de corresponderse con esa idea de espacios descuidados, lúgubres y masificados. En Castilla y León tienen un máximo de entre 10 y 12 plazas, y los residentes están provistos de todas las atenciones necesarias, pero el objetivo prioritario es encontrar un espacio familiar en el que puedan recibir un cuidado más cercano, individualizado y afectuoso. En Palencia, desde que el proyecto se puso en marcha han sido muchas las familias que han dedicado una parte de su vida al cuidado de un niño en situación de acogida y, actualmente, son 15 las que cuidan en sus casas de un niño, niña o adolescente de forma provisional.

A la hora de buscar una familia, se da prioridad a los menores de seis años. Es decir, se pone especial hincapié en la acogida de niños de estas edades, ya que el trato y educación que reciban tendrá una repercusión todavía más importante en la edad adulta. Habitualmente, y del mismo modo que sucede con las adopciones, las familias suelen estar más dispuestas a acoger a niños más pequeños.

Cuando son dos o más los hermanos que están en esta situación, el reto de encontrar familias de acogida también se complica, ya que no es fácil asumir el cargo de más de un menor de golpe. Normalmente, desde la organización procura no separarse a los hermanos, sobre todo en caso de que estos hayan ya desarrollado un lazo afectivo. Del mismo modo que los grupos de hermanos, los niños que padecen alguna enfermedad o se encuentran en situación de discapacidad tienen más dificultades para encontrar una familia que les acoja temporalmente. La mayoría de los niños no tienen necesidades especiales, más allá de las carencias afectivas y educativas que no han podido ser suplidas por su familia de origen. Muchos llegan a los centros con importantes retrasos madurativos, por lo que siguen una evolución más lenta de lo habitual a la hora de alcanzar los diferentes pasos del desarrollo normal en los primeros tres años de vida, que puede afectar al área motora, al social y comunicativo o a ambas.

Las familias de acogida procuran, durante el tiempo que dure el acogimiento, paliar esas carencias y ofrecer a los niños un espacio instructivo y de cariño que les ayude a crecer de igual modo que harían con un hijo, aunque un aspecto que Cruz Roja quiere siempre dejar claro es que el programa de acogida temporal no constituye una alternativa a la adopción, sino la experimentación de una forma de maternidad y paternidad diferentes. Ambas son medidas de protección jurídica, pero responden a necesidades infantiles y expectativas en los adultos distintas. La adopción es irrevocable y genera vínculos jurídicos entre los adultos y los niños equiparables a la maternidad y paternidad biológica. Mientras que, como criterio general, la naturaleza del acogimiento es siempre temporal y su duración abarca hasta que se mejoran las situaciones que determinaron la separación con su familia de origen o se propone una solución duradera para el niño. Quienes deciden participar en estos programas no lo hacen con el interés de ampliar su familia para siempre, aunque pueda derivar en ello, sino con el altruismo de invertir parte de sus recursos materiales e inmateriales en la mejora de un periodo de la infancia de un niño.

Los procesos de adopción se inician, desde el principio, por otras vías para garantizar a los niños una familia permanente. No obstante, también hay casos en los que las acogidas temporales abandonan su carácter transitorio: cuando al finalizar el plazo de dos años de acogimiento temporal, por no ser posible la reintegración familiar, o bien en casos de menores con necesidades especiales, los acogedores asumen una guarda permanente. Aunque los programas tengan unos objetivos primarios, pueden modificarse según lo que sea más adecuado para el niño, en base al interés superior del menor.

En la mayoría de las ocasiones, se pretende que el niño mantenga el contacto con su familia de origen, aunque dependerá de las situaciones que originaron su separación. Cuando se desarrolla el programa de acogida de forma paralela a un proyecto de reunificación familiar, el niño mantiene cierta relación con su familia y se establece un régimen planificado de visitas. En España, los Puntos de Encuentro Familiar los gestiona la Asociación para la Protección del Menor, APROME, que cuenta con equipos multidisciplinares y espacios neutrales para guiar las intervenciones familiares. El régimen de visitas es, habitualmente, quinquenal, aunque puede ser mensual o inexistente.

Prácticamente cualquier persona adulta puede colaborar en este programa solidario. Los requisitos para poder participar van poco más allá de mostrarse altruista con la infancia y tener una estabilidad económica y social. No se tiene en cuenta la configuración familiar, el estado civil, la orientación sexual o el número de hijos. Y, a menudo, las familias tienen ya un hijo, que integra al acogido como un nuevo hermano. Evidentemente, aunque los requisitos no sean muy concretos, los interesados deben facilitar unos documentos para después pasar a un proceso de entrevistas.

Además, las familias, a modo de preparación, realizan una formación obligatoria en acogimiento familiar. En Palencia se realizan dos o tres cursos anuales de doce horas, y pueden organizarse más en función número de niños y de familias inscritas. En octubre, está programado el próximo curso en la ciudad, y ya son tres las familias inscritas, aunque esperan poder contar con más para poder hacerse cargo de más menores y para que la formación sea más enriquecedora de cara a las dinámicas en grupo. Si cumplen los requisitos necesarios y se valora favorablemente, pasarán a formar parte de la 'Bolsa de Familias', a la espera de una oportunidad y propuesta de acogimiento.

Aunque sea un programa a menudo desconocido y que crea muchas reticencias en las familias por el miedo al momento de la despedida en el que el niño vuelva con su familia original, los implicados no se arrepienten. Los acogedores dan todo de sí por el menor, del mismo modo que él se entrega en una etapa esencial que no olvidará. La mayoría de las veces, tras la separación, el niño y la familia de acogida mantienen el contacto a lo largo del tiempo. Los padres guardan la satisfacción de haber colaborado en garantizar el derecho de todos los niños y niñas a vivir y crecer en una familia, y el niño, el haber dado su compañía y cariño a quienes fueron para él unos referentes de educación y afecto.