Puerta grande para Sabina en Palencia

Sabina, durante su representación de 'Lo niego todo' en Palencia. /Antonio Quintero
Sabina, durante su representación de 'Lo niego todo' en Palencia. / Antonio Quintero

El coso palentino se llena para ver su único concierto en Castilla y León

MARCO ALONSOPalencia

Sabina llegó ayer a Palencia para negarlo todo, como reza el título de su último disco. El cantautor reniega ahora de todas las etiquetas que le han ido colocando a lo largo de su carrera y asegura que no es profeta del vicio, ni el Dylan español. Pero hay algo que jamás podrá negar: su enorme poder convocatoria. Y es que la Plaza de Toros de Palencia colgó el cartel de no hay billetes para ver a este artista, que ha pasado holgadamente sus ‘cuarenta y diez’ pero está dispuesto a ofrecer más de ‘19 días y 500 noches’ de poesía hecha música en cada una de sus actuaciones.

Sabina arrancó su actuación con el tema que da nombre a su último disco ‘Lo niego todo’. La leyenda del suicida y la del bala perdida fueron negadas con sentimiento por el jienense, que saltó al ruedo con un bombín por montera y dedicó unas palabras al respetable al finalizar su primer tema. «Es un enorme placer hacer el paseíllo en esta coqueta placita de la muy noble ciudad de Palencia», aseguró Sabina micrófono en ristre, y la plaza le respondió con una ovación digna del mejor pase de José Tomás.

El concierto de la Plaza de Toros fue el plato fuerte del día, pero la jornada tuvo unos entremeses previos en forma de tres conciertos tributo. No hace falta ser un fan incondicional de Sabina para saber que lo suyo son las noches y que repele el sol tanto como los vampiros. 19 días y 500 noches tardó en olvidar uno de esos amores que convirtió en canción, y seguramente le sucedió esto porque ha salido más noches que el camión de la basura, y los días para él apenas cuentan. Sabina es animal nocturno, pero el Ayuntamiento quiso aprovechar su llegada para celebrar en la ciudad un ‘día sabinero’ que arrancó al mediodía con un sol de justicia sobre la Plaza de los Robles. Las pocas sombras que ofrecía la plaza se convirtieron en el único territorio ocupado por los pocos espectadores que se acercaron a ver la actuación de Blash, la primera de las bandas tributo al artista que actuaron ayer en Palencia.

Una hora más tarde, la Plaza Mayor fue ocupada por Aris y César, que se colocaron un bombín como único resguardo para luchar contra los rayos del sol. Los protagonistas de estas ‘Sabinadas’ bien podrían haber cambiado el bombín por un sombrero mexicano que les diera algo más de sombra. Pero no fue así y el astro rey no se metió hasta las 10 y media ‘en la cuna del mar a roncar’, momento en el que los asistentes disfrutaban del concierto mientras ‘levantaban la falda a la luna’, que se encontraba en su fase nueva, escondida en un lugar aún más recóndito que el número 7 de la calle Melancolía.

La cuenta atrás comenzó a las 20:30 horas. Se abrieron las puertas de la Plaza de Toros de Campos Góticos y 7.000 personas entraron en el coso dispuestas a disfrutar de una faena antológica. Sabina, un taurino convencido, cogió los trastos de matar desde el inicio y demostró que las grandes figuras de este arte –que es el de cantar– pueden mantener su posición de privilegio con o sin voz, por aquello de que ‘nos sobran los motivos’ para venerar a un mito vivo de la canción en castellano.

Tras una interpretación de varias canciones de su último disco, el público se volvió loco con temazos que han marcado la vida de tres generaciones distintas. Y es que el concierto de ayer dejó bien claro que Joaquín Sabina está más vivo que nunca a sus 68 años, pese a lo que se podría esperar por esa sombra de mala vida que le ha acompañado durante toda su carrera. Tal vez todas las negaciones del último disco del bueno de Joaquín sean más reales de lo que pueda parecer, porque una vida ‘de pirata cojo con pata palo, con parche en el ojo y con cara de malo’ deja más secuelas de las que se vieron ayer en una Plaza de Toros que vivió una faena con mayúsculas. Puerta grande para este taurino que lo niega todo.

 

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