El ruido que hace el padrón al caer

Los hermanos Laura y Jerónimo Castrillo, que residen en San Martín de los Herreros. /El Norte
Los hermanos Laura y Jerónimo Castrillo, que residen en San Martín de los Herreros. / El Norte

Las voces de la España vaciada reclaman a los políticos que sus mensajes se traduzcan en iniciativas contra la despoblación

Marco Alonso
MARCO ALONSO

«Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?». Esta pregunta que se formula el budismo zen desde hace siglos puede servir para ilustrar lo que está sucediendo en prácticamente la totalidad del medio rural de la provincia, en el que la población está cayendo con la misma virulencia que una secuoya talada en un bosque de California, pero nadie parece estar lo suficientemente cerca para escuchar con claridad el estruendo que hacen los datos del padrón al caer.

El ruido incesante de la despoblación no deja dormir a los, cada vez menos, habitantes del medio rural, que ven a los políticos demasiado alejados de este asunto para poder escuchar el retumbar de la caída del censo en zonas como la Montaña Palentina, en la que se ha perdido un cuarto de la población en los últimos 25 años. La polvareda del derrumbe del número de habitantes del medio rural llegó a Madrid el 31 de marzo gracias a una multitudinaria manifestación que obligó a los representantes de uno y otro color político a escuchar demandas tan sonrojantes en un país del primer mundo como mayor presencia de médicos, de maestros o de algo tan importante en los tiempos que corren como cobertura telefónica y de Internet. Fue en ese momento cuando la despoblación se coló en la campaña de las Generales para quedarse también en la de las Europeas, Autonómicas y Municipales.

El medio rural votó el 28-A y también lo hará el 26-M. No obstante, son muchos los habitantes de la 'España vaciada' que sienten que sus demandas son obviadas por unos y otros, pese a que la despoblación se haya colado en la campaña. «En el debate de la televisión, con todo el país pendiente, este tema no se tocó. Casado empezó bien dijo: 'yo soy de pueblo', pero con ser de pueblo no se soluciona ningún problema de los que tenemos en el medio rural. Todos los partidos de todos los colores dicen que hay que fijar población en el medio rural pero para conseguir eso hace falta invertir, y todo el dinero se va para las ciudades», recalca Laura Castrillo, una joven ganadera que pelea desde San Martín los Herreros porque los pueblos de la ruta de los pantanos dejen de vaciarse.

Otro de los pueblos que lleva años mirando a la despoblación frente a frente es Cubillo de Ojeda, una pedanía de Cervera de Pisuerga en la que solo reside de forma habitual una familia: la formada por María, José Luis y su hijo Daniel. María tiene claro que los discursos son meras palabras que suelen quedar en nada. «A los políticos les queda muy bien hablar en campaña de la despoblación, pero este problema no se soluciona hablando», explica la madre de esta familia ganadera, mientras que el padre, José Luis, va un paso más allá. «La despoblación es un negocio. Es una forma de pedir a Europa que dé más dinero para que los pueblos no se vacíen, pero ya veremos si ese dinero acaba ayudando a los pueblos», asegura.

Cubillo de Ojeda ha pasado de tener 10 vecinos que vivían todo el año en el municipio a contar solo con los tres miembros de esta familia. Ejemplos como este se repiten por toda la provincia, mientras la masificación se convierte en un problema de primera magnitud en las grandes urbes. Los asuntos derivados de la concentración de individuos en un mismo espacio –como el tráfico, la contaminación o el ruido– se han tratado de atajar desde hace años con distintas medidas llegadas de unas y otras administraciones, pero los vecinos de lo que ahora se llama la España vaciada se sienten, en la mayoría de los casos, ciudadanos de segunda a los que nadie escucha. Tal vez porque el ruido del padrón de un pequeño pueblo de la provincia de Palencia suena exactamente igual que un árbol que se desploma en un bosque en el que nadie está lo suficientemente cerca para oírlo. «A ver si con las elecciones esto cambia», reclama Laura Castrillo desde San Martín de los Herreros, donde sus vecinos más cercanos son sus vacas, sus perros y sus caballos.