El 15% de los reclusos más peligrosos de España están en la cárcel palentina de Dueñas

Interior de las instalaciones del centro penitenciario de La Moraleja, en Dueñas, con la torre de control al fondo. /Antonio Quintero
Interior de las instalaciones del centro penitenciario de La Moraleja, en Dueñas, con la torre de control al fondo. / Antonio Quintero

La Moraleja recluye a tres de la veintena de presos F. I. E. S. Control Directo en toda España

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICO

Quienes han tenido que vigilar la conducta de Lanzín B. E., un joven interno de origen canario que cumple condena en la prisión de Dueñas, le definen como un auténtico psicópata. Es uno de los tres presos del centro penitenciario La Moraleja que están catalogados como F. I. E. S. (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) 1 Control Directo. El régimen F. I. E. S. es una serie de medidas de la administración penitenciaria que consisten en un mayor control y vigilancia, según el delito cometido, su trayectoria penitenciaria o su integración en organizaciones criminales, con el objeto de ejercer un control que se adecue a las fórmulas delictivas con potencialidad para desestabilizar el orden de la prisión. Los F. I. E. S. 1 Control Directo son internos especialmente conflictivos y peligrosos, que han protagonizado alteraciones regimentales muy graves dentro de la prisión o en los traslados, poniendo en peligro la vida o integridad de funcionarios, otros internos o personal ajeno a la institución. Y en la cárcel de Dueñas, junto a Lanzín B. E., hay otros dos presos con esta consideración, el 15% de la escasa veintena de F. I. E. S. 1 Control Directo que están recluidos en las prisiones de España, según señalan los sindicatos.

418 funcionarios en la prisión, cuando la RTP es de 479

La sección sindical de Acaip-UGT, sindicato mayoritario en la prisión de Dueñas, informa hace días a través de un comunicado de la «situación real» en materia de personal existente en La Moraleja, después de las declaraciones del director del centro penitenciario, Javier Díez, el pasado día de la Merced, en las que afirmaba que en un mes se incorporarían a Dueñas 60 nuevos funcionarios, llegando así a completarse el 95% de la plantilla.

«Efectivamente, en enero de este año se convocó un concurso de traslados que acaba de resolverse hace pocos días, lo que supondrá que lleguen a Dueñas sesenta nuevos trabajadores. Lo que no dice el director es que también se van trasladados a otras prisiones otros 42 funcionarios. Tampoco dice que entre septiembre y octubre hay un movimiento de funcionarios en prácticas en el que 19 pasan a funcionarios de carrera y se van todos trasladados y tan solo han llegado 10 funcionarios en prácticas de la última promoción, por lo que los 18 trabajadores que hemos ganado en el concurso de traslados se quedan en 9. Y nueve tampoco es una cifra real, puesto que en lo que va de año se han jubilado varios trabajadores y otros cuantos funcionarios de vigilancia han pasado a segunda actividad por cuestiones de edad, en la que desarrollan trabajo administrativo de oficinas, mermando cada vez más el personal de vigilancia que tiene contacto directo con los internos», se señala desde la sección sindical de Acaip-UGT.

«El censo de trabajadores funcionarios en las elecciones sindicales del pasado mes de junio era de 418 trabajadores, siendo la Relación de Puestos de Trabajo (RTP) oficial a fecha 2 de septiembre de 479. Faltan 61 funcionarios, la mayoría del servicio de vigilancia, médicos y equipo de tratamiento. A ellos hay que sumar cerca de otros 25 en segunda actividad, que anteriormente eran de vigilancia», agregan.

La historia carcelaria de Lanzín B. E., que ha peregrinado por los módulos de primer grado de un buen puñado de cárceles españolas, da miedo. Lanzín B. E., nacido en Las Palmas de Gran Canaria en julio de 1985, ingresó en prisión en mayo de 2005. Delincuente con un alto nivel de reincidencia, hasta esa fecha había acumulado delitos menores y algunos más graves como agredir a funcionarios policiales. Pero la conducta de este interno degeneró hasta pasar a convertirse en un auténtico criminal una vez entre rejas.

Con una cuchilla

El 9 de agosto de 2009, en el centro penitenciario de Fontcalent (Alicante), el joven canario, mató a un compañero de presidio en los aseos del patio del módulo 4. En connivencia con otro preso, Miguel R. S., llevó ese día al servicio del módulo a la víctima, Jacinto R. G., un murciano de 30 años, aprovechando que éste último no desconfiaba de él. Una vez allí, Lanzín B. E., con la intención de matar a la víctima, le cogió fuertemente del cuello y le golpeó reiteradamente con el puño y piernas en diversas zonas, al tiempo que le cortaba con una cuchilla de afeitar en el cuello.

Lanzín B. E. a su llegada a la Audiencia de Alicante en 2011.
Lanzín B. E. a su llegada a la Audiencia de Alicante en 2011. / A. D.

Lanzín B. E. golpeó a Jacinto R. G. con tal brutalidad que llegó a desfigurar el rostro de la víctima, pero el asesino no utilizó solo las manos. El cadáver, que fue hallado sobre un enorme charco de sangre, evidenciaba numerosas heridas abiertas que solo podían realizarse con un arma blanca. Lanzín utilizó una cuchilla de afeitar para herir en repetidas ocasiones al fallecido –la mayoría de las lesiones las presentaba en la espalda– y acabar degollándolo. Cuando la Policía Nacional interrogó al preso canario, que no negó su autoría en la matanza, alegó que la víctima «le faltó al respeto» porque se metió con su madre. En alguna de sus declaraciones a lo largo de la instrucción de la causa, Lanzín B. E. y Miguel R. S. habían dicho que la pelea fue por una discusión en una partida de parchís.

Tras el crimen, Lanzín B. E. fue trasladado al centro penitenciario Puerto III, en el Puerto de Santa María (Cádiz), donde el 2 de agosto de 2011 asesinó a otro preso dentro del recinto vigilado. En esta ocasión, el recluso canario, mató a golpes con sus propias manos y con la ayuda del palo de una fregona a Jacobo R. R., otro recluso con el que compartía instalaciones. Lanzín tuvo especial ensañamiento para asesinar a su compañero de prisión, golpeándolo en reiteradas ocasiones con extrema violencia en el tórax y la cabeza, mientras éste yacía en el suelo desangrándose.

Tras acabar con la vida de su compañero, procedió a arrastrar su cuerpo hasta el patio exterior de la cárcel para que pudiera ser visto por las cámaras de seguridad y por los funcionarios, al grito de «está lleno de sangre, que se joda». Cuando iban a detenerlo, se desnudó, se puso a hacer flexiones para demostrar que no llevaba nada escondido en sus genitales y dócilmente entregó sus muñecas para que lo esposaran. La noche siguiente la pasó durmiendo.

El segundo preso F. I. E. S. 1 CD que cumple condena en La Moraleja es Manuel O. M., que el pasado 18 de marzo apuñaló a un funcionario en el centro penitenciario madrileño de Soto del Real. Manuel O. M., que se hallaba interno en el módulo de aislamiento de la cárcel madrileña, le clavó ese día al funcionario un pincho hasta en tres ocasiones en el hombro, un brazo y el costado, y también le causó heridas de menor consideración en el cuello.

El interno solicitó hablar por teléfono y le tocó esperar su turno. Mientras sus compañeros, por orden de petición, hacían uso del teléfono, Manuel O. M. hizo uso de los servicios espirituales a los que todo recluso tiene derecho, recurriendo al capellán de la prisión madrileña. A las 20:15 horas, cuando llegó su turno del teléfono, tras marcar el número deseado, el preso manifestó que se encontraba indispuesto, simulando un desvanecimiento y cayendo al suelo. Varios funcionarios que atendían el servicio de cena acudieron para atenderle.

El interno se levantó y, con un tono muy nervioso, comenzó a increpar a los funcionarios: «Mi madre no contesta y es porque no me habéis dejado llamar antes». Los funcionarios trataron de tranquilizar al preso y de llevarle a su celda, pero éste se revolvió y comenzó a gritar: «¡Os vais a cagar, hijos de puta!». Fue entonces cuando sacó un objeto punzante con similar tamaño a un bolígrafo y se abalanzó sobre uno de los trabajadores: «¡Vosotros sois los culpables, os voy a matar, hijos de puta!».

El funcionario fue atendido de inmediato y precisó dos puntos de sutura en el brazo, otros tres en la espalda y varias grapas en la cabeza.

Agresiones y amenazas

El tercero de los internos F. I. E. S. 1 Control Directo que está recluido en el centro de La Moraleja es también español y joven, y tiene al menos tres agresiones a funcionarios, al igual que coacciones y amenazas a trabajadores de instituciones penitenciarias. «Salen solos al patio, no pueden hacerlo con nadie más. Si van a la enfermería o a cualquier otro sitio, lo normal es que salgan esposados y acompañados por varios funcionarios y el jefe de servicios», se señala desde los sindicatos cuando se alude a algún que otro detalle de la vida de estos internos F. I. E. S 1 Control Directo en Dueñas.

La Moraleja cuenta con otros 47 presos de primer grado en régimen cerrado

Dentro del régimen cerrado se establecen en el Reglamento Penitenciario dos modalidades en el sistema de vida de los internos de primer grado, según sean estos destinados a centros o módulos de régimen cerrado, o a departamentos especiales.

Son destinados a centros o módulos de régimen cerrado aquellos presos clasificados en primer grado considerados como personas extremadamente peligrosas o inadaptadas al régimen ordinario y abierto. Este régimen de vida también puede aplicarse a propuesta de la junta de tratamiento y con la aprobación del centro directivo a las personas detenidas o que estén presas preventivamente. De este último grupo de presos hay entre 70 y 80 en toda España, y en la prisión de La Moraleja, en Dueñas, se hallan recluidos una decena, tres de ellos los internos F. I. E. S. 1 Control Directo ya mencionados.

Son destinados a departamentos especiales aquellos penados clasificados en primer grado que hayan sido protagonistas o inductores de alteraciones regimentales muy graves, que hayan puesto en peligro la vida o integridad de los funcionarios, autoridades, otros internos o personas ajenas a la institución, tanto dentro como fuera de los establecimientos y en las que se evidencie una peligrosidad extrema.

De este grupo de presos de primer grado, en el centro penitenciario de La Moraleja están recluidos alrededor de 40.

A los presos incluidos en el F. I. E. S. se les almacenan datos para ejercer un mayor control sobre ellos y su entorno. Por ejemplo, se les intervienen las comunicaciones escritas (se fotocopian los escritos y el anverso y reverso del sobre, es decir, se identifica el destinatario), igual que las orales (se graba la conversación en cualquier soporte, especificando fecha, nombres y apellidos de los comunicantes, su DNI y el parentesco). También se les incautan revistas, libros o periódicos cuando carezcan de depósito legal, o sean considerados por la dirección del centro como atentatorios contra la seguridad del mismo.

Tienen observación y anotación diaria por parte de los funcionarios de todas las actividades que realizan, y también se anotan las excarcelaciones por traslado a otra prisión o a un hospital; los ingresos producidos por traslado, y las comunicaciones con los abogados, así como los nombres de estos.