Los pueblos de Palencia duplican la población con la llegada de 96.400 veraneantes

Parte de la familia Orgaz Carrancio, de Perales, que pasa el verano de vacaciones en el pueblo. /Antonio Quintero
Parte de la familia Orgaz Carrancio, de Perales, que pasa el verano de vacaciones en el pueblo. / Antonio Quintero

Los residentes en periodos de vacaciones proceden fundamentalmente del País Vasco, Madrid o Cataluña

JESÚS GARCÍA-PRIETOPalencia

Con la llegada de la época estival, los pueblos se vuelven a llenar de alegría y de color. Las plazas reciben a vecinos procedentes de diversos puntos de la geografía española, especialmente del País Vasco, Cataluña o Madrid. Son fiestas del veraneante, lo que supone aumento significativo de la población infantil, que aprovecha para jugar en la calle y participar activamente de las fiestas patronales, en su mayoría también en verano. En los pueblos, que durante el resto del año son el fiel reflejo de la despoblación, muchos de sus habitantes tuvieron que hacer las maletas en busca de un trabajo y una vida mejor. Las casas que habían estado cerradas a cal y canto vuelven de nuevo a abrirse por unos días. «El pueblo tiene un pasado eminentemente industrial debido a las minas y mucha gente que trabajó en ellas tuvo que marcharse cuando estas se cerraron. Hoy en día, mantienen sus vínculos con el pueblo y una segunda residencia. Un gran número de personas vuelven principalmente en los meses de julio y agosto», señala Cristian Delgado, actual alcalde de Barruelo de Santullán (1.183 habitantes en el padrón municipal, 7.781 habitantes según la población estacional máxima que contempla el Ministerio de Política Territorial). «Las personas antes prolongaban más sus estancias, pero ahora van viniendo por semanas o quincenas, aunque sí que lo notamos por el tráfico ya que hay más vehículos», destacó el alcalde del municipio enclavado en la montaña palentina que gracias al incremento de vecinos ve como los comercios y los bares «aumentan sus ventas, lo que sin duda es positivo para la zona durante estos meses», afirma Delgado.

El Gobierno acaba de actualizar la Encuesta de Infraestructuras y Equipamientos Locales, que estima que son 96.400 las personas que se acercan hasta tierras palentinas para disfrutar de sus vacaciones de verano. Las cuentas hablan entonces del doble de población para los pueblos palentinos, que excluyendo a la capital y según el padrón del INE suman 83.406 habitantes.

Las frases

Cristian Delgado. Alcalde de Barruelo de Santullán

«Las personas antes prolongaban más sus estancias, ahora vienen de semana en semana»

José Luis Gil. Alcalde de Ampudia

«Los niños pueden estar en la calle tranquilamente sin los problemas de la ciudad»

Teófilo Calderón. Alcalde de Pomar de Valdivia

«Muchos de los vecinos que se han ido aprovechan los puentes y el verano para volver»

Luis Fernando Vela. Alcalde de Santervás de la Vega

«Las familias que vienen en estas fechas se reúnen en torno a nuestras fiestas»

Los pueblos incrementan sus actividades de ocio en verano acorde con el aumento de sus vecinos. «Tenemos muchas actividades para los más pequeños. Durante el verano en el pueblo hay unas monitoras que están llevando a cabo diferentes cursos de pintura, talleres de cerámica, además de jornadas en la piscina», afirma José Luis Gil, alcalde de Ampudia (622 vecinos empadronados, más del doble en verano). Los padres y abuelos respiran tranquilos en estos municipios. «Las familias con niños pequeños o de mediana edad pueden estar en las calles y salen de casa sin ningún problema. Los peligros que pueda haber en la ciudad, no existen en un lugar como Ampudia», afirma Gil. «En Barruelo, venimos desarrollando diferentes alternativas para los más pequeños en verano. Tenemos la escuela de verano y la escuela de fútbol a tope. Este mes, además, estamos iniciando unos cursos de natación y muchos de los veraneantes buscan que los más pequeños estén entretenidos. Estamos estudiando con vistas al próximo año, poder ampliar el tiempo de la escuela de verano y prolongar la apertura de las piscinas municipales entre el 15 de junio al 15 de septiembre ya que es algo muy demandado por los vecinos», destaca Cristian Delgado.

Unas actividades para todos los gustos y edades, muchas veces enclavadas dentro del cartel festivo de cada localidad. «Tenemos una marcha cicloturista para todos los públicos. Habrá un recorrido especial para los más pequeños y otro para los más deportistas. Llevamos ya varios años realizando esta actividad con gran aceptación por parte de los vecinos y visitantes. Durante las fiestas del pueblo siempre realizamos actividades que se adaptan a los gustos de todos los públicos», afirmó Luis Fernando Vela, alcalde de Santervás de la Vega (459 habitantes empadronados, 1.433 en cuanto a la población estacional máxima). Asimismo, Luis Fernando Vela afirmó que, «en Santervás quizá no se note tanto como en otros pueblos pero si que se incrementa la población. Las familias que suelen venir en estas fechas se aglutinan en torno a nuestras fiestas», concluyó.

Otro de los municipios que también ve incrementado el número de sus vecinos en los meses de julio y agosto es Pomar de Valdivia, que pese a ser una localidad pequeña (463 vecinos censados), aumenta exponencialmente sus vecinos en época estival (1.446 según las estimaciones de población máxima). «Los veraneantes que vienen al pueblo son gente que se tuvo que marchar a trabajar fuera y que aprovechan el mes de agosto para venir. Prácticamente son todos de Cataluña, de Barcelona y Serdañola del Vallés. Es curioso porque cualquier fin de semana o cualquier puente la mayoría deciden venir al pueblo», destaca el alcalde de la localidad, Teófilo Calderón, que pese a afirmar que el número de niños crece en verano en Pomar y en los municipios cercanos, «en Revilla el pasado año se llegaron a contabilizar hasta 80 niños», al ser una localidad pequeña, «no podemos organizar actividades para los más pequeños ya que contamos con pocos medios para poder realizarlas», concluye el alcalde.

En el lado opuesto, existen dos localidades que pierden habitantes en verano, Grijota, que pasa de 2.269 habitantes a 1.200, y Villalobón, que pasa de tener 1652 habitantes en el censo a 1.500 personas en verano.

Los inviernos en Bilbao, los veranos en Perales

Inés Macho.

Perales. La localidad palentina de Perales cuenta actualmente con menos de noventa personas en su censo, de las cuales ni siquiera la mitad pasan allí el invierno. En verano, en cambio, el pueblo recobra un poco su antigua vitalidad.

Faustina Carrancio, de 78 años, es una de esas vecinas de Perales que, aunque tuvo que emigrar en su juventud, ha mantenido el arraigo con su pueblo natal y ha conseguido transmitírselo a su familia. «Yo me fui de aquí a Bilbao harta de campo. En verano, el entresaque de las remolachas, y en invierno, limpiarlas. Eran trabajos muy duros con muy poco jornal», apunta Faustina Carrancio.

Su marido, Domingo Orgaz, al que conoció en Bilbao, también dejó su pueblo abulense para buscar trabajo en el País Vasco. «Estaba cansado de trabajar para otros, sobre todo en el campo –allí había mucho cultivo de algarrobas–, y ganar una miseria», comenta Orgaz.

La pareja va a Perales poco antes del inicio del verano y permanece allí hasta el Día de Todos los Santos. Su hija Ana y sus nietos Unai, de 15 años, y Endika, de 12, suelen estar desde la fiesta de Santiago hasta finales de agosto. «Yo he pasado aquí muy buenos veranos y quería que mis hijos también pudieran disfrutarlos, que siga manteniéndose la tradición», dice Ana Ordaz. Ahora, la mejora de las comunicaciones facilita estas visitas intermitentes. «Antes, si librabas diez días, casi se te iban en la carretera», recuerda Domingo Ordaz.

En el pueblo, los dos espacios principales de encuentro entre los vecinos –el bar y la asociación cultural– están en el edificio de las antiguas escuelas. Ambos tienen una vida estacional. Negocios y servicios desaparecen cuando lo hace el calor. La semana pasada, incluso el cura de Perales anunció la jubilación. «Nosotros vinimos el 18 de junio y hasta el 18 de abril no pasaron ni el pescadero ni el frutero, pero en verano vienen más a menudo», lamenta Faustina Carrancio.

«Baltanás es un lugar único y nos gustaría venir de Barcelona a vivir aquí»

Luis Antonio Curiel.

Diego Fernández Samsó representa la cuarta generación de una familia vinculada a Baltanás, que a los pocos meses de nacer ya conocía las bondades del mundo rural. Pasa el verano en la guardería de la capital del Cerrato, buscando hacer vínculos desde pequeño. A sus dos años corre libremente por la plaza del pueblo, el parque o las piscinas, todos le conocen, saben su nombre y le saludan cuando se cruzan con él. Por circunstancias de la vida, él y sus padres, Diego y Alba, viven en Barcelona y siempre que tienen una oportunidad se vienen al pueblo a recargar pilas con los amigos y la familia. «Nada como una buena merienda en la peña o tomar un café tranquilamente con los amigos. El pueblo es único, cuenta con buenos servicios y nos gustaría, más pronto que tarde, venirnos a esta zona, donde conoces a todos y todos te conocen», reconoce Diego Fernández, que a sus 36 años es un enamorado de Baltanás.

Diego ha vivido en diferentes lugares, desde Puertollano o Murcia hasta distintos países por temas formativos y laborales. Pero siempre ha tenido claro que sus raíces están en Baltanás. Una pasión que ha vivido desde niño con esos veranos interminables en el pueblo finalizando con las fiestas patronales, participando en la Semana Santa como cofrade o disfrutando de la Navidad en familia. Ahora transmite esa pasión a su mujer y a su hijo, que también son unos enamorados del pueblo.

Su padre, Ángel Fernández, es de Torquemada y su madre, Amada González, es natural de Baltanás. Ellos vivieron sus años de juventud en el pueblo, pero por motivos laborales tuvieron que salir fuera. Siempre que tenían una oportunidad se acercaban al pueblo, al domicilio familiar de Cristina González, la madre de Amada. Con el tiempo, se hicieron una casa en Baltanás, donde pasan largas temporadas a las que suman sus hijos y nieto. Ahora, ya jubilados, no tienen que mirar al calendario con la premura de hacer las maletas para irse a Murcia, por lo que disfrutan mucho más de la vida en el mundo rural.

Cristina González es la cabeza de familia, una mujer trabajadora que luchó mucho por sacar adelante a todos sus hijos. Su carnicería, Hermanos García, ha sido un referente en toda la comarca hasta que este año cerró sus puertas. Cristina conoce bien lo que representa el pueblo y lo importantes que son los períodos estivales para los negocios familiares. A sus 92 años, está feliz de tener a toda la familia alrededor, de haber inculcado la pasión por Baltanás a sus hijos, nietos y biznietos.

Incremento de población estacional en los municipios de Palencia