Palencia registró el año pasado el mayor número de intoxicaciones alimentarias

Técnicos de Sanidad toman muestras en un laboratorio con cultivos de salmonella. /Mikel Fraile
Técnicos de Sanidad toman muestras en un laboratorio con cultivos de salmonella. / Mikel Fraile

Sanidad contabilizó 244 afectados en la provincia en 12 brotes de los 120 de Castilla y León

Verano es sinónimo muchas veces de calor, pero también de descanso y relax. Para muchos el momento del año en el que las obligaciones y las preocupaciones quedan relegados a un segundo plano. Quizás esa despreocupación pueda suponer un problema a la hora de la ingesta de alimentos en nuestros lugares de descanso preferidos, como la playa o la piscina. En la época estival se producen más intoxicaciones alimentarias por la ingesta de alimentos contaminados por bacterias o sus toxinas, virus o parásitos, cuyos efectos dañinos en el organismo pueden ser importantes con vistas a un largo plazo.

Durante el año 2018 se notificaron en Castilla y León un total de 120 brotes epidémicos (una tasa de incidencia de 4,92 brotes por cada 100.000 habitantes), una cifra ligeramente inferior al número de brotes notificados en el año 2017 (128 brotes epidémicos; una tasa de 5,25). El número de casos asociados a las epidemias fue ligeramente superior en 2018 (tasa de 90,93 frente a 86,33 en 2017), y ha habido un menor número de hospitalizados, 85 en 2018 (3,8%) frente a 119 en 2017 (5,7%).

Mientras, en el año 2018 se declararon 53 brotes de origen alimentario, 6 de ellos hídricos, que afectaron a 1.227 personas (50,93 casos por cada 100.000 habitantes) y han ocasionado 23 ingresos hospitalarios (un 2,28% del total de afectados) y ningún fallecido por la enfermedad en Castilla y León.

Palencia se convirtió el año pasado en la provincia con más casos registrados de brotes alimentarios, con un total de 12, seguida de León y Valladolid, ambas con 10 casos cada una. Dentro de los 12 brotes registrados en la provincia, fueron afectadas 244 personas. Precisamente, la provincia palentina fue la que tuvo una tasa con mayor de incidencia de afectados con un total de 150,58 casos por cada 100.000 habitantes, seguida de la provincia de León con 102. Con todos estos datos, Palencia fue la provincia con más brotes de Salmonella notificados (3), seguido de Salamanca (2), Ávila (2) y Segovia (2). El mayor número de afectados se produjo en Ávila y Palencia (17), pero la mayor tasa por cada 100.000 habitantes se produjo en Ávila con 10,73 casos, mientras que en Palencia fueron 10,49. No se declararon brotes por Salmonella en León y Zamora.

En el 71,7% de los brotes declarados por el consumo de alimentos se realizó fuera del ámbito familiar y con mayor frecuencia en restaurantes o bares (15 brotes; 28,3%; 130 afectados), seguido de los ocurridos en campamentos (5 brotes; 9,4%; 129 afectados), en residencias de personas mayores (5 brotes; 9,4%; y el mayor número de afectados, 177) y en otras instituciones cerradas (5 brotes; 9,4%; 143 afectados). En el 28,3% de los brotes declarados el alimento se consumió en el hogar y han sido de los que han presentado mayor porcentaje de hospitalizados (21,05%), solo siendo superado por los ocurridos en bares, con un 30,43% de casos hospitalizados en la comunidad.

Los expertos advierten de los problemas que surgen durante el consumo de los alimentos. «Hay que tener especial cuidado con las comidas veraniegas al aire libre, ya que no sabemos en qué estado pueden encontrarse los alimentos, pues al sacarlas de casa se rompe la cadena de frío y existe más riesgo de intoxicación alimentaria», recomienda el presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría, Luis Carlos Blesa. En esta época del año es frecuente que muchas familias opten por realizar más comidas en la playa, el campo o la piscina en detrimento de los lugares habituales. «Es habitual pasar el día fuera de casa y llevarse la comida, pero hay que tener en cuenta que las altas temperaturas hacen complicado mantener refrigerados los alimentos de forma adecuada, lo que incrementa los riesgos de toxicidad y la aparición de las posibles intoxicaciones», recordó Blesa.

Entre las intoxicaciones e infecciones más frecuentes en verano, destacan las gastroenteritis producidas por bacterias o sus toxinas. Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), se calcula que estas intoxicaciones afectan cada año en Europa a unos 40.000 casos y causan 3.300 hospitalizaciones y, en casos puntuales, incluso podrían causar el fallecimiento del paciente.

En el caso de la salmonelosis, una de las más conocidas, «se produce por diversas especies de bacterias del género 'Salmonella', vinculadas con la temperatura excesiva en la conservación de alimentos procedentes de aves, carnes, e incluso frutas y verduras, o a la falta de lavado de estas últimas». «No obstante, son los huevos y las recetas de comidas que se realizan con ellos, una de las causas que más casos de salmonelosis producen en España», subrayó el doctor.

Conservar los alimentos

Una cuarta parte de las intoxicaciones alimentarias se deben a una inadecuada refrigeración, ya que los microorganismos patógenos se reproducen con gran rapidez si se encuentran a una temperatura templada. Hay que extremar las precauciones para evitar riesgos.

Un informe reciente de la Organización de Consumidores (OCU), da varias recomendaciones a la hora de conservar los alimentos. A temperaturas bajas, el crecimiento de los microorganismos se vuelve más lento e, incluso, se detiene. Por eso es tan importante mantener ciertos alimentos en frío. Es una excelente forma de evitar muchas infecciones e intoxicaciones por alimentos. Las temperaturas idóneas para conservar los alimentos en frío son:

En el congelador, por debajo de -18 ºC. En la nevera, las carnes y pescados deben mantenerse entre 1 y 4 ºC y el resto, entre 5 y 8 ºC. En general, la zona más fría de la nevera es la que está en contacto con el congelador, el estante de arriba en los frigoríficos tradicionales y, en los modelos 'combi', la parte donde están los cajones para las verduras o justo encima de ellos. Una forma fácil de controlar la temperatura interior es meter un termómetro en un vaso con agua dentro de la nevera. Colocarlo en la balda donde guardes la carne y el pescado. No es buena idea dejar el termómetro al aire porque variará su medición más rápido, por ejemplo, en cuanto se abra la puerta de la nevera.

A la hora de comprar productos refrigerados, es fundamental fijarse en la temperatura del expositor, pues a veces está por encima de lo recomendado: no debería superar los 7 u 8 °C para la mayoría de los alimentos y de 2 a 4 °C para los productos muy sensibles, como las carnes picadas o los pasteles de nata.

Se debe tener una especial atención con los productos que se venden refrigerados y realmente no necesitan estar en una cámara frigorífica. Se puede comprobar en la etiqueta, donde el fabricante tiene obligación de indicar si el producto requieren frío. En el supermercado, primero se recomienda comprar los alimentos que no necesitan frío, luego los refrigerados y dejar para el final los congelados. Una buena idea es pedir en la tienda que se envasen al vacío algunos productos frescos que se vayan a consumir a medio o largo plazo, como los embutidos o quesos. Finalmente si se va a tardar en regresar a casa, la OCUrecomienda guardar los alimentos en una bolsa isotérmica para conservarlos sin que se rompa 'la cadena del frío'.