Palencia pierde un rejoneador pero gana un sumiller

Héctor Barcenilla, a lomos de uno de sus caballos./Antonio Quintero
Héctor Barcenilla, a lomos de uno de sus caballos. / Antonio Quintero

Héctor Barcenilla se corta la coleta para centrarse en su carrera hostelera en su restaurante familiar

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

«El toreo es un arte misterioso, mitad vicio y mitad ballet». Eso decía Camilo José Cela hace ya algunos años y no son pocos los toreros que siguen suscribiendo ahora esta célebre cita. Y es que, ese arte misterioso sigue siendo, para aquellos que saben apreciarlo, una pugna por la vida que torna en delicado baile y que, como todos los vicios, suele salir bastante caro. Tan cara es esa adicción al toro que la inmensa mayoría de los que se enganchan a este mundillo acaban enamorados del baile, pero se dejan sus ahorros en la complicada búsqueda de un sitio en el que poder bailar.

Uno de esos apasionados de esta pugna por la vida que torna en delicado baile es Héctor Barcenilla, el único rejoneador que puede presumir de haber tomado la alternativa en el albero de la plaza de Campos Góticos. Aquel 31 de agosto de 2014, Pablo Hermoso de Mendoza fue su padrino y Joao Moura (hijo), su testigo en una tarde en la que la mala suerte con el rejón de muerte le impidió salir por la puerta grande. No obstante, la ausencia de fortuna de ese día no le arrebató las ganas que tenía de convertirse en figura del toreo. 'Más cornadas da el hambre', pensó este rejoneador que siguió con la mirada fija en un objetivo que se marcó cuando solo era un niño: convertirse en figura del toreo.

Héctor, en su restaurante familiar, Casa Carmelo de Saldaña.
Héctor, en su restaurante familiar, Casa Carmelo de Saldaña. / Antonio Quintero

«Cuando vi por primera vez una corrida de rejones, lo primero que le pregunté a mi padre es que cómo se manejaban los caballos y él me respondió que con las rodillas», recuerda Barcenilla, que a medida que cumplía años se fue dando cuenta de que para dirigir un corcel tan importantes son las rodillas como la cartera. «Es una mezcla de todo», se sincera este rejoneador, que decidió invertir sus ahorros en la compra de una finca en la que comenzó a hacer realidad su sueño. Pero, pese a que la vida es sueño, los sueños, sueños son y no pagan facturas. «Los éxitos no se veían recompensados económicamente y tuve que decidir entre mi ilusión de ser algún día figura del toreo y mi vida personal y familiar. Hay que asumir la realidad y después de pasar todo el invierno pensando, he decidido que lo mejor que puedo hacer es dar un futuro a mi familia y aparcar ese sueño» afirma Barcenilla con pesar.

Héctor se ha cortado la coleta y ahora ya no trabaja en el ruedo, lo hace en el restaurante Casa Carmelo, regentado por su padre desde hace 31 años en Saldaña, un lugar en el que también se disfruta del toro, pero en el plato. «Cuando uno conoce el producto con el que trabaja y busca la excelencia, la recompensa llega y el cliente acaba regresando a tu local», afirma este ya exrejoneador, que ha decidido formarse como sumiller para ayudar en el negocio a su padre, que comenzó en la hostelería con 16 años y ahora va a cumplir 50 primaveras entre fogones.

Mañana, 18 de marzo, pugnará por ser el mejor sumiller regional

La calidad de Héctor Barcenilla como sumiller le ha llevado a formar parte de la selección provincial que pugnará por hacerse con el triunfo en el vigésimo primer Concurso Regional de Sumilleres de Castilla y León, que se celebrará mañana y el martes en Salamanca, donde se reunirán cuarenta especialistas de toda la comunidad.

Barcenilla conformará la expedición palentina junto a Justo Pablo Barbero, Jesús Jorge Calzón, Javier Cuesta y Guillermo Flores, que tratarán de mejorar el tercer puesto por equipos que logró Palencia la pasada edición.

En 2018, Justo Pablo Barbero, del bar La Cripta, quedó en quinta posición, acariciando la gran final, de un certamen que sirve para evaluar los conocimientos de los sumilleres y en el que Barcenilla tiene puestas muchas esperanzas. «Me puede ayudar a crecer profesionalmente y a dar un mejor futuro a mi familia, si cabe», incide este rejoneador reconvertido en sumiller.

La sumillería y el rejoneo poco o nada tienen que ver, pero Héctor no reniega de su pasado y asegura que el toro le puede haber quitado aspectos importantes de la vida, pero le ha aportado otros que también lo son. «A veces uno toma decisiones y no siempre acierta. Es la verdad. No miro atrás ni pienso que debería haber invertido en otra cosa. El toro me ha dado mucho, aunque no me haya dado dinero: soy el primer rejoneador de la historia de Palencia que ha tomado la alternativa en nuestra plaza», recalca orgulloso.

Barcenilla ya no buscará la ligazón entre su montura y el toro, ahora tratará de ayudar a sus clientes a dar con otra ligazón bien distinta, la que consigue un sumiller entre lo que se sirve en el plato y lo que se vierte en la copa. Este rejoneador ha cambiado el mundo del toro por el del vino, que da menos cornadas pero resulta menos misterioso y artístico. Y es que, para un taurino, poco hay comparable a ponerse delante de un astado. Cela lo dejó bien claro con otra célebre frase que decía aquello de «hubiera querido ser torero… Pero solo llegué a Premio Nobel».