Una paella para dar a conocer los problemas del autismo en Palencia

Uno de los voluntarios reparte platos de paella en el antiguo Colegio de los Franciscanos./Marta Moras
Uno de los voluntarios reparte platos de paella en el antiguo Colegio de los Franciscanos. / Marta Moras

La Asociación Autismo Palencia celebra su décimo aniversario con el objetivo de sensibilizar a la población

ÁLVARO MUÑOZPalencia

La clase de zumba, el teatro, el mercarrastro 'El vestigio', las actividades deportivas y la propia paella, organizados por la Asociación de Autismo Palencia, han servido en el antiguo Colegio de los Franciscanos para dar a conocer un poco más las dificultades que tienen las personas, especialmente los niños, con trastorno de espectro autista (TEA).

Y es que esta era la principal premisa de la asociación palentina, que cumplió diez años de vida y que sigue centrando sus esfuerzos en mejorar las vidas de las 55 familias que conforman esta asociación. «Este verano hemos tenido un pequeño repunte de usuarios. Esto es preocupante, aunque creemos que es porque ahora el autismo se detecta más temprano», ha destacado la presidenta de la asociación, Sonia Castro, quien ha hecho un llamamiento a la sociedad palentina para que se conciencie con este tipo de trastornos. «No paramos de repetir que el autismo no es una enfermedad es un trastorno. Por ese motivo, nos centramos en ayudar a las familias e impartir determinadas terapias para que los chicos desarrollen habilidades que no tienen», ha preseguido.

En medio de una jornada festiva, la ilusión invadió a los más de 300 comensales que se aglutinaron para disfrutar de una suculenta paella. «Lo importante es que disfrutemos de una jornada de convivencia y que Palencia conozca un poco más la situación de muchos chicos», ha apostillado Castro.

Para divulgar y dar a conocer la realidad de las personas que sufren TEA en Palencia, varios padres de jóvenes de la capital no dudaron en solicitar una mayor igualdad de trato para todas las personas, como es el caso de César Martín, padre de la joven Lucía con autismo. «Queremos estar más integrados en la sociedad y para eso la gente nos tiene que conocer. Hace unos años pasaba lo mismo con las personas que tenían síndrome de Down, ya que no estaban integradas y ahora lo están perfectamente. Ahora mismo, con el autismo pretendemos que suceda lo mismo, pues es un trastorno perfectamente adaptable», ha subrayado Martín, quien considera que la sociedad aún suspende en la integración de estas personas. «Aunque hay muchos tipos de autismo, la sociedad suspende. Hay ejemplos muy claros cuando vamos a hacer la compra o vamos al cine. La gente nos mira mal, por lo que pedimos que conozcan este trastorno», concluyó el padre de Lucía.

Una situación similar la vivió hace 22 años María José, quien no quiere desvelar su apellido ni el nombre de su hijo por respeto hacia él. «Mi vida cambió radicalmente cuando, tras varias pruebas, diagnosticaron autismo a mi hijo. Yo no me lo creía y evidentemente solo pensaba que mi vida y la de mi familia había cambiado por completo. Con el paso de los años, nos hemos ido dado cuenta de que se puede hacer vida normal, aunque nos gustaría que este trastorno, como piensan todos los que estamos aquí, se debería conocer más, para que estas personas tengan un futuro mejor», señaló María José, quien aboga, al igual que César Martín, por un trato igualitario hacia su descendiente.

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