Crece una seta bajo la falda de la escultura a la jota de Villamoronta

La seta asoma bajo la falda de la escultura en honor a la jota de Villamoronta. /Ascen Salán
La seta asoma bajo la falda de la escultura en honor a la jota de Villamoronta. / Ascen Salán

La seta de chopo que ha nacido en la talla se convierte en todo un acontecimiento en este pueblo palentino de 250 habitantes

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Nunca una seta había dado tanto que hablar en la provincia de Palencia, y eso que la micología ha dado hasta para una cátedra en el campus palentino. La aparición de una seta bajo la falda de la escultura de madera dedicada a la jota de Villamoronta, en la localidad palentina con el mismo nombre, ha sido todo un acontecimiento para este pequeño municipio de 250 habitantes. «Ha llegado el otoño, florecen las setas en todas las partes y a nosotros nos ha salido una en este sitio tan poco habitual», bromea Jesús Teófilo Fernández, el alcalde de Villamoronta, que hace poco menos de un año encargó la fabricación de esta talla, de la que ahora ha surgido vida con esta seta, que parece ser de la especie comestible 'agocybe aegerita', conocida comúnmente como seta de chopo.

La escultura lleva ya cerca de un año en la plaza del pueblo, junto al Ayuntamiento, y no había generado tanta expectación nunca, ni siquiera el día de su inauguración. No obstante, este hecho no es algo tan inusual, tal y como indica el propio autor, Javier Patón. «No es muy difícil que suceda esto en una escultura de estas características, aunque en este caso es muy extraño porque ha salido del corazón del tronco y eso no es muy normal», explica el artista, que para este trabajo utilizó madera de un chopo de Aguilar de Campoo, un material del que suelen crecer estas setas, que son muy apreciadas en los fogones.

Escultura en honor a la jota de Villamoronta. / Ascen Salán

En la talla aparecen representadas un niño y una niña que bailan jotas con el traje castellano típico de estas tierras y la seta ha salido, curiosamente, entre las faldas de la niña, para generar todo tipo de chascarrillos en el pueblo. «Más realista no ha podido ser. Ni de propio intento», bromea Javier Patón, que de esta forma tan poco ortodoxa espera que aumente su fama como escultor en madera. «Después de esto seré conocido por algo», añade con humor.

 

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