Niños que crecen en la España vaciada o cuando prefieres ver nacer un cordero que jugar a la 'PlayStation'

Daniel Fraile López abraza a un cordero recién nacido en Cubillo de Ojeda, un pueblo en el que solo viven durante todo el año sus padres y él. /
Daniel Fraile López abraza a un cordero recién nacido en Cubillo de Ojeda, un pueblo en el que solo viven durante todo el año sus padres y él.

Los valores que aporta el medio rural a las generaciones futuras debe ser un freno para la despoblación, según los padres que crían a sus hijos en pueblos casi abandonados

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

El número de nacimientos en España ha caído en picado en los últimos años. La tasa de natalidad llegó a registrar el pasado 2018 unos preocupantes datos, y es que no nacían tan pocos niños españoles desde 1941. Cada vez son menos las personas que deciden emprender la aventura de ser padres, y eso se ve reflejado directamente en los datos del padrón, que han bajado drásticamente en las zonas en las que resulta más complicado encontrar un trabajo, como la Montaña Palentina. No obstante, aún quedan pesonas dispuestas a anteponerse a las adversidades y emprender un proyecto de familia en el medio rural, atraídos principalmente por los valores que puede aportar a sus hijos crecer en el medio natural, lejos del ajetreo y los agobios propios de la ciudad.

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Una de esas familias que ha decidido vivir en el medio rural es la formada por Zaida Largo y Luis Ángel Caballero, que el 19 de abril de 2018 dieron una alegría enorme al pueblo en el que residen, Celada de Roblecedo, con la llegada al mundo de su hijo, Mauro, que se convirtió en el primer niño en nacer en este pequeño municipio palentino en los últimos 30 años. «Yo soy natural de Cervera y creo que criarse en el pueblo da a los chavales una libertad que no he visto en las ciudades en las que he vivido. Me asusté mucho cuando vi un día en Granada un cartel en el que ponía que estaba prohibido jugar. Un pueblo es una sala de juegos en la que los niños cogen seguridad en sí mismos porque desde pequeños pueden ir a la casa del vecino sin peligro», explica Zaida, que también ve un lado negativo a crecer en el campo. «Mauro ahora mismo es el único niño y no va a tener con quién jugar durante el invierno o con quién compartir las cosas. Ojalá vengan más niños pronto y puedan hacer pandilla», explica Zaida, que es la monitora del Centro Juvenil de Cervera.

Zaida Largo, junto a su hijo Mauro en el pilón que tienen al lado de su casa en Celada de Roblecedo.
Zaida Largo, junto a su hijo Mauro en el pilón que tienen al lado de su casa en Celada de Roblecedo.

«Un pueblo es una sala de juegos en la que los niños cogen seguridad» Zaida Largo, su hijo es el primer nacido en celada en 30 años

Una de las personas que sabe bien con qué valores crece un niño en el medio rural, con la única compañía de su familia y el ganado, es José Luis Fraile que, junto a su mujer María Dolores López, ha criado a tres hijos en el pequeño municipio de Cubillo de Ojeda, en el que la despoblación ha hecho mella y ahora solo viven ellos junto a su hijo Daniel, de seis años. «La infancia en un pueblo es insuperable. En las ciudades, los niños se pasan el día metidos en casa jugando con el móvil, dentro de una realidad virtual. Daniel vive su realidad, no la que le aparece en el teléfono», afirma este padre orgulloso poco antes de que su hijo refrendara sus palabras con una frase que jamás pronunciaría un niño de ciudad. «Lo que más me gusta de vivir aquí es que puedo ver nacer a los corderos», espetó el pequeño Daniel, que aún no tiene decidido del todo si quiere seguir los pasos de su padre y convertirse en ganadero, porque reconoce que le da miedo perderse mientras realiza labores de pastoreo.

Muchos son los temores que pueden tener unos padres a la hora de criar a sus hijos. Son tantos, que pueden incluso llegar a hacer cambiar de residencia a toda la familia, tal y como sucedió en el caso de Vanesa Pérez y Mariano Gracia, que, tras pasar toda su vida residiendo en Barcelona, decidieron cambiar radicalmente sus vidas para formar una familia en Ventanilla, un pequeño pueblecito de la ruta de los pantanos con solo una treintena de habitantes, en el que veraneaban en la infancia con sus padres. «Siempre he querido ser padre, pero no me gustaba serlo en Barcelona. La vida que iba a tener mi hijo en esa ciudad iba a ser como la que llevamos los adultos, que somos como autómatas cargados de obligaciones. Allí mi hijo no iba a poder disfrutar de la infancia porque iba ir de casa, al colegio y del colegio, a casa», asegura Mariano.

La familia Gracia Pérez, en el pantano que tienen como patio.
La familia Gracia Pérez, en el pantano que tienen como patio.

«Se debe incentivar la maternidad para que el medio rural gane población» Vanesa Pérez. Se fue de barcelona para criar a su hijo en ventanilla

El hijo de esta pareja de barceloneses, Mario, es el primer niño que ha nacido en Ventanilla en los últimos seis años y Vanesa cree que son muchas las personas que quieren huir de la ciudad y están dispuestas a acabar con la despoblación, pero necesitan un aliciente que les haga dar el paso. «Hay que incentivar la maternidad en las zonas rurales para frenar la despoblación. Es una novedad que nazca un niño en pueblos como este, pero hemos tenido a Mario y no se ha hecho nada», explica esta antigua urbanita, que está tan encantada con su nueva condición rural, al igual que su pareja. «Cuando abandonas la vida de la ciudad, te das cuenta de que vives como quiere el sistema y no como quieres tú. No eramos dueños de nuestro tiempo, sino esclavos del trabajo, pero ahora disfrutamos de la vida», recalca Mariano. 

A algunos les puede parecer un anacronismo, pero a día hoy hay niños como Daniel, que prefieren ver parir un cordero en la Montaña Palentina que jugar a la PlayStation en el sofá. Tal vez sea por lo que dice Zaida, por aquello de que un «pueblo es una sala de juegos» y ¿quién quiere una PlayStation teniendo una sala juegos? Ahora falta que esas salas repartidas por la provincia de Palencia se llenen de pequeños que jueguen con Mauro, Mario y Daniel. Pero para que eso suceda hay que frenar la despoblación y eso no parece cosa de niños.