Molina de la Torre, comisionado frente al Reto Demográfico: «La despoblación es un problema que no van a resolver los políticos»

Ignacio Molina, durante su ponencia. /Antonio Quintero
Ignacio Molina, durante su ponencia. / Antonio Quintero

El ponente estrella del Encuentro Internacional de Ciudades Intermedias asegura que «la gente no vive donde quiere, sino donde puede»

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

El comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, Ignacio Molina de la Torre, fue uno de los ponentes de la jornada de ayer en el Encuentro Internacional de Ciudades Intermedias. El profesor de Geografía en la Universidad de Valladolid no se mordió la lengua y aseguró que la despoblación es un problema porque, al contrario de lo que aseguran algunos políticos, «la gente no vive donde quiere, sino donde puede».

–España lleva varios años en campaña electoral y la despoblación ha sido un tema recurrente para partidos de uno y otro signo. ¿Tienen capacidad los políticos para resolver este problema?

–La despoblación es un problema que no van a resolver los políticos, pero es un salto enorme que forme parte de la campaña de todos los partidos y ya no solo en un contexto electoralista, sino en el contexto de ofertas políticas.

–El delegado de la Junta asegura que se debe cambiar el discurso, que hablamos de lacra, pero que los pueblos se vacían porque la gente vive donde quiere. ¿Está de acuerdo con Rubio Mielgo?

–O hay igualdad de oportunidades en el territorio, o realmente la gente no vive donde quiere, sino donde puede. La cuestión no es solo de generar oportunidades en el territorio para que no haya una España vaciada. La cuestión es que los que viven en el territorio, sea una persona o cincuenta, tienen derecho a vivir donde quieren porque así viene reflejado en la Constitución y la ley la cumple el primero y el último, no solo algunos al azar. Por eso a mí me resultan chocantes medidas que persiguen llenar el territorio, cuando lo primero que se debe garantizar es la igualdad de oportunidades.

–¿Entonces la gente no vive donde quiere?

–Claro que no. Vive donde puede. ¿Una familia con hijos se puede plantear vivir en el medio rural si no tiene escuela o pediatra y las Urgencias están a una hora? ¿Eso es igualdad de oportunidades? No. No vivimos donde queremos.

–Tampoco todos podemos tener un colegio y un centro de salud en la puerta de casa porque eso multiplicaría el gasto público...

–Los costes tienen que ver con nuestro modelos demográficos. Nadie se plantea en el norte de Europa que las zonas con baja densidad son más gravosas. Son como son. El territorio rural es de menor densidad por definición y hay que prestar los servicios adecuados a esas densidades. No se debería poblar el territorio de infraestructuras y luego no dar servicios, que es lo que hemos hecho, ni poner un taxi a la gente de la ciudad para que vaya a la ciudad al colegio o al médico. Cuando hablamos de que dar servicios en el medio rural es caro es porque sacamos en la cuenta hasta el último céntimo. Por ejemplo, las subvenciones de los transportes públicos en las ciudades forman parte del gasto, pero en el medio rural decimos que el médico o el profesor es caro.

–En este asunto no solo hay que mirar a la administración. El sector privado también tiene mucho que decir...

–Las empresas y los emprendedores tienen una gran responsabilidad en este asunto. Hay que entender que la movilidad es un factor decisivo. Podemos vivir en un entorno rural y trabajar en el medio urbano. Los franceses valoran mucho la vida en el medio rural y el que no puede, vive en las ciudades. Nosotros tenemos interiorizado que el del medio rural se tiene que dedicar a actividades rurales y el del medio urbano, a trabajos más de ciudad, pero eso no tiene que ser así necesariamente. Si completáramos el mapa de la conectividad, en el medio rural se podrían desarrollar la mayor parte de los trabajos de la ciudad. Tratamos de meter novedades en un modelo anticuado y eso lleva a la frustración.

­–Hace unos meses, El Norte publicó la historia de un niño de la España vaciada al que le gustaba vivir en el pueblo porque veía nacer corderos. ¿El 'urbanocentrismo' nos aleja de los valores que aportan los pueblos?

–Muchas veces en las ciudades faltan valores. Yo vivo en un pueblo pequeño y mis niños dan paseos para ver a los animales y juegan a tirar piedras al río. Esa vida aporta una serie de valores que no se ven en la ciudad. Actualmente, hay tres cambios que están haciendo girar a la sociedad: el de la mujer, el 8-M ha venido para quedarse; el cambio climático y el último cambio es el del valor del territorio en positivo. Igual que entendemos a las mujeres y a los ecologistas y nos sumamos a su causa, el tercer cambio que se va a dar es entender al medio rural y sumarse a esa lucha.

–¿Y eso no se puede hacer surgir 'micronacionalismos'?

–A veces el problema de las territorialidades es que son muy excluyeres y todos quieren ser la zona cero del problema, pero debemos hacer lo contrario. Un soriano puede pensar que su románico es una maravilla, pero eso no tiene que hacer de menos al románico de Palencia. Juntos tenemos una riqueza que ya les gustaría a los de Chamberí.