«Maquillar a difuntos es duro al principio, pero te haces»

Lorenzo Rubio, con sus herramientas de trabajo en el tanatorio. /Marta Moras
Lorenzo Rubio, con sus herramientas de trabajo en el tanatorio. / Marta Moras

Este empleado funerario trabaja para el Tanatorio de Palencia desde hace ocho años y afirma que su labor tiene un gran componente emocional

Marco Alonso
MARCO ALONSO

Lorenzo Rubio trabaja en el Tanatorio de Palencia desde hace más de ocho años y en ese tiempo ha desempeñado labores en todos los procesos que comprenden la gestión de los difuntos, desde la recogida en el hospital hasta la llegada al cementerio o al horno crematorio. No obstante, en los últimos años Lorenzo se está especializando como tanatoestético y asegura que su trabajo como maquillador de difuntos es complicado porque tiene un componente emocional muy fuerte. Saber usar la paleta de colores y el corrector es fundamental para su oficio, pero también lo es ser capaz de asimilar lo que tiene que ver cada día en su particular lugar de trabajo.

Su trabajo es complicado y pocos serían capaces de desempeñarlo. ¿Cómo es ese momento en el que usted coge la paleta de colores y empieza a desempeñar su labor?

–Yo trato a los difuntos como si fueran familiares míos. A mí me gustaría ver por última vez a una persona querida en las mejores condiciones posibles, y eso es lo que intento hacer.

¿Cómo se forma un tanatoestético?

–La empresa se molesta en formarnos a través de cursos y es de agradecer. Hemos hecho ya cuatro cursos, tanto prácticos como teóricos, y los trabajos que hacemos han evolucionado mucho desde que yo empecé. El objetivo que perseguimos y mi función principal en este trabajo es que los familiares se despidan de sus seres queridos y los vean de la forma más natural posible.

Herramientas de trabajo de un tanatoestético.
Herramientas de trabajo de un tanatoestético. / Marta Moras

¿Cuánto tiempo se tarda en preparar a un difunto para que pase a la sala del tanatorio?

–Depende de muchos factores, pero de media solemos tardar entre una hora, y una hora y cuarto. La preparación engloba muchos procesos. Lo primero que hacemos es un lavado previo para higienizar a las personas fallecidas, les quitamos los restos que puedan tener, desde las legañas hasta las cacas. Luego les ponemos un pañal, porque los esfínteres se relajan tras la muerte y los difuntos suelen defecar y orinar. Después, pasamos a maquillarles las manos y la cara y ya estarían preparados para pasar a la sala.

¿El proceso de maquillaje es similar en una persona viva que en una fallecida?

–Las manos normalmente suelen venir con muchos hematomas de las vías y ahí tenemos una paleta de colores que usamos con correctores para disimular ese defecto. En la cara ocurre más o menos lo mismo. Si viene con un traumatismo, tenemos que disimular los moratones para que los familiares vean a su ser querido de la mejor forma posible.

Este trabajo poco tiene que ver con el del resto. ¿Cómo se gestionan las emociones cuando uno vive rodeado de tristeza todo el día?

–Al principio fue duro, pero al final te haces y es como cualquier otro trabajo. El que empieza en la albañilería, necesita un proceso de adaptación para adecuarse al trabajo y aquí pasa lo mismo. Yo me siento muy feliz cuando una familia me da las gracias por haber dejado a su difunto como si estuviera vivo. Eso es lo que más satisfacción me da, que la familia quede en paz y que no se vaya con más dolor del que tiene.

Su trabajo será muy diferente dependiendo de las causas de la muerte de cada difunto...

–Claro. A una señora mayor que muere en su cama hay que darle menos tratamiento de maquillaje y menos corrector que a un fallecido por accidente de tráfico. Pero sí que es cierto que es mucho más gratificante todavía que tu trabajo permita a la familia despedirse, que vean a su ser querido cuando antes de tu trabajo no podían hacerlo. Por ejemplo, los accidentes craneoencefálicos te destrozan la cara, pero tenemos métodos para poder disimular todo eso.

¿No se lleva las preocupaciones a casa tras un día complicado?

–Cuando uno maquilla difuntos, no se puede llevar el trabajo a casa. Cuando llego, mi mujer no me pregunta nunca por el trabajo. Yo sobre el suyo sí que le suelo preguntar porque es muy distinto al mío. Si sale el tema, es porque lo saco yo, porque he tenido un caso difícil y necesito hablar de ello. Pero eso suele suceder, como mucho, una vez al mes.

Por lo que dice, la muerte es un tabú incluso para los que trabajan tan cerca de ella como usted...

–No es porque sea un tabú, es simplemente por higiene mental mía. Yo salgo de mi trabajo, que es muy duro porque tratamos con personas difuntas, y cuando salgo no quiero hablar de si he estado con un niño o con un abuelo porque no es sano para mí. Yo no soy un dependiente de una tienda que cuando llega a casa habla de las ventas que ha hecho o de las personas que han entrado a su establecimiento. Este trabajo es delicado porque trabajamos con sentimientos y hay que saber llevarlos lo mejor posible. Cuando estoy en la calle con amigos, me sucede lo mismo: intento que no salga y si sale, intento hablar lo menos posible de ello.

 

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