Francisco José del Riego, presidente del Colegio de Médicos de Palencia: «Ha habido mucha permisividad con las pseudoterapias»

Francisco José del Riego. /Antonio Quintero
Francisco José del Riego. / Antonio Quintero

Los facultativos insisten en que la homeopatía no cumple los requisitos científicos a los que están sometida la medicina actual

INÉS MACHO

-¿Qué opina de que muchos productos homeopáticos sean considerados como medicamentos?

-Se ha ido demostrando que la mayoría de los productos homeopáticos, aunque yo no los conozca todos, carecen de certificación de utilidad terapéutica, no responden a las indicaciones dicen responder. Esto significa que muchos actúan únicamente como placebos, como podría actuar el azúcar o un líquido rojo.

-¿Cuál es su trabajo frente a esto?

-En España, desde el Observatorio OMC contra las pseudociencias de la Organización Médica Colegial, y desde el Ministerio de Sanidad se han ido denunciando todas aquellas pseudociencias que no están sometidas a los criterios de la medicina actual. Quizá la homeopatía no es la más llamativa, porque hay otras que se consideran incluso nocivas para la salud, como es el hipoclorito sódico, del que tenemos un representante de su difusión en Palencia.

-En el caso de la homeopatía, ¿cuáles serían las consecuencias más graves para un paciente?

-La mayoría de las veces, el abandono de terapias avaladas. Estamos teniendo algunos casos de pacientes con patologías malignas que han abandonado los tratamientos oncológicos porque alguien les ha dicho que eso no es lo que les está curando y que, con unas terapias alternativas -en muchos casos con ciertas connotaciones mágicas o místicas- podían recuperarse. Somos contrarios a esto porque los tratamientos oncológicos están avalados por estudios y evidencias científicas contrastadas. Como otras terapias, la quirúrgica, la médica y la habitual que se expende en las farmacias, antes de darles el marchamo de calidad, se someten a ensayos clínicos. Sin ningún aval de este tipo, sin ninguna evidencia publicada, lo que se ofrece se plantea casi como magia.

-¿Cuál es el proceso que debe pasar un medicamento para que pueda distribuirse como tal?

-Lo primero son los ensayos en laboratorio, preclínicos, en los que se demuestran, con células o animales de laboratorio, los beneficios de este medicamento. Una vez se aprueba el consumo humano, se hacen estudios en series y en voluntarios -siempre firmando unos certificados y siempre con una organización que avale el estudio en humanos- y se comparan con placebos y con otros medicamentos para la misma indicación. Una vez superada esa fase, la Agencia Española del Medicamento lo aprueba y se le da salida comercial. Y eso es lo que exigimos a todos los productos homeopáticos, que sigan el mismo itinerario que ha de seguir los antibióticos, o los nuevos hipertensivos o los nuevos anticoagulantes. No nos oponemos a la homeopatía arbitrariamente, sino por la falta de cumplimiento de unos requisitos preestablecidos.

-¿Cómo es posible, entonces, que la homeopatía esté integrada dentro de la medicina?

-En España hemos sido muy permisivos con productos médicos y paramédicos y farmacéuticos y parafarmacéuticos. Esa permisividad va de la mano de otras cuestiones como la publicidad engañosa. Ponemos la televisión y aparecen cantidad de productos para el rejuvenecimiento, el blanqueamiento dental, o contra la caída de cabello, y la mayoría de ellos no tienen tampoco una base comprobada. Hay que acotar esa permisividad en todas las esferas de la sociedad, ya no solo en la médica. Es un trabajo complicado porque no todas las personas que defienden estas alternativas son ajenas a la profesión, sino que hay muchos profesionales médicos que ofrecen terapias pseudocientíficas, así que nos está costando guerras y luchas internas poner sobre la mesa lo que está bien y lo que esta mal.

-¿Podría un médico de la Seguridad Social recetar un medicamento homeopático?

-Inicialmente no, porque no están en los listados de farmacia de Sacyl. En la sanidad privada sí, porque están a la venta como medicamentos, de lo que estamos en contra.