Anastasio Ovejero, profesor del campus de Palencia: «El ser humano solo es feliz en grupo»

Anastasio Ovejero, en la presentación del libro. /Antonio Quintero
Anastasio Ovejero, en la presentación del libro. / Antonio Quintero

Autor de un libro sobre aprendizaje cooperativo, defiende el método porque proporciona al alumno un mejor desarrollo intelectual

J. Olano
J. OLANOPalencia

'Aprendizaje cooperativo crítico: mucho más eficaz que técnica pedagógica' es la última publicación de Anastasio Ovejero Bernal, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valladolid en la Facultad de Ciencias del Trabajo del campus de Palencia. Ovejero, autor de numerosas publicaciones y trabajos de investigación en sus cuatro décadas de experiencia como docente universitario, considera que este libro constituye un buen complemento a los ya existentes, pues se centra en dos aspectos fundamentales del aprendizaje cooperativo que apenas se han tratado: las bases teóricas, incluyendo por primera vez la plasticidad cerebral o las neuronas espejo en un libro sobre esta materia, y su vertiente crítica, en especial su eficacia para mejorar las relaciones entre estudiantes.

–¿Cómo se puede definir el aprendizaje cooperativo?

–Es un trabajo en grupo para aprender más y mejor. Todo trabajo cooperativo debe ser en grupo, pero no todo trabajo en grupo es cooperativo. Para que un trabajo en grupo sea cooperativo, debe cumplir varios requisitos imprescindibles, como la interdependencia positiva, compartir metas comunes, la heterogeneidad, el liderazgo compartido y la igualdad de estatus.

–¿Es un sistema pensado para potenciar el desarrollo humano?

–Sin ninguna duda. Y no solo el desarrollo cognitivo e intelectual, sino también el desarrollo social. Ayuda a los alumnos y alumnas a aprender más y mejor, a adoptar estrategias cognitivas de análisis de más calidad y a tener un mejor desarrollo intelectual. Pero también les ayuda a confiar en los demás, a ayudar a los compañeros cuando lo necesitan y a ser más solidarios, además de que aumenta su autoestima y satisface su necesidad de pertenencia. Y a nivel grupal, aumenta la cohesión del grupo y la participación de todos los miembros del grupo en la marcha de éste. Por todo ello, es un instrumento muy eficaz para mejorar la democracia y para prevenir conductas negativas como es la violencia escolar o el acoso en las aulas.

–¿Cómo se ha introducido en las aulas? ¿En qué medida?

–Este método se está introduciendo en las aulas de muchos países de todo el mundo, y también en España. En Palencia, tanto en la capital como en la provincia, hay varios centros que lo practican. Pero por lo que sé, al alumnado de la Facultad de Educación de Palencia no se le forma prácticamente nada en este método. Sin embargo, se trata de algo tan importante y tan atractivo que cuando conocen estos métodos (por ejemplo, en el máster o a través de alguna lectura), se sienten atraídos por ellos y hacen cuanto pueden por ponerlo en práctica.

–¿Se puede medir cómo está resultando la enseñanza y el aprendizaje de este tipo?

–No solo se puede medir, sino que existen cientos y cientos de investigaciones científicas que muestran sobradamente su gran eficacia.

–En definitiva, ¿se trata de que el alumno asuma parcelas cada vez más amplias en la gestión de su propio aprendizaje?

–No exactamente. Se trata más bien de que sea el grupo entero el que, con gran responsabilidad, asuma la gestión del aprendizaje de todos y cada uno de los miembros del grupo. No es una cuestión individual, sino grupal. El ser humano es ante todo un animal social y solo en la sociabilidad, en la pertenencia al grupo, se siente satisfecho y feliz. Por eso es más necesaria que nunca la implementación en las aulas de estos métodos, dada la hegemonía que hoy día tienen valores como el individualismo, el egoísmo y la competición. La escuela puede servir a la salvación del mundo enseñando a las nuevas generaciones a cooperar, sobre todo a cooperar solidariamente.

–¿Eso quiere decir que la relación entre profesor y alumno no es tan estrecha o al menos que no está tan encima del estudiante?

–Evidentemente, con este método, la función de las profesoras y profesores no desaparecería, pero sí cambiaría sustancialmente. Se convertiría en un orientador más que en una fuente única de conocimientos.

–¿Se consigue o al menos se pretende que los padres, no que no se vuelquen, pero que el alumno se autogestione y así no sean los padres quienes hacen los deberes?

–También el rol de los padres debería cambiar. Es evidente que los padres no deben nunca hacerles los deberes a sus hijos, sino solo ayudarles y orientarles. Y ello debería ser así independientemente del método que se utilice en la escuela, sea el cooperativo o sea otro.

–¿También es beneficioso el aprendizaje cooperativo para el desarrollo emocional del alumno?

–Indiscutiblemente. Somos seres sociales y, por tanto, también nuestro desarrollo emocional depende de lo mejor o peor satisfechas que tengamos nuestras necesidades psicosociales. Por ejemplo, es casi imposible que un niño que está solo en la escuela, que es ignorado por los demás o que incluso es rechazado por sus compañeros, se desarrolle bien emocionalmente. Todo lo contrario, habría que decir de aquellos niños y niñas que tienen bien satisfechas sus necesidades afiliativas o de pertenencias, que tienen buenos amigos y que poseen una buena red de apoyo social, tienen el desarrollo emocional garantizado. Y el aprendizaje cooperativo mejora mucho esas necesidades sociales.

–¿Qué consejos o recomendaciones da a los docentes ajenos aún al aprendizaje cooperativo para que lo apliquen?

–Ante todo, que conozcan estos métodos, que lean algunos libros de los que existen ya en castellano. Luego que comparen los efectos que tienen esos métodos con los que ellos mismos obtienen en sus clases. Y finalmente, que comparen y elijan.