Un goloso fin de semana en Aguilar

Una vecina, en uno de los puestos instalados este fin de semana en Aguilar. /
Una vecina, en uno de los puestos instalados este fin de semana en Aguilar.

La Feria del Dulce de Aguilar endulza las despensas de los numerosos vecinos y visitantes que acudieron a la cita

NURIA ESTALAYOAguilar de Campoo

Aguilar celebró con numerosos visitantes su fin de semana más dulce. La temperatura, ni muy alta ni tampoco baja, no podía haber sido mejor para recibir estos productos que no agradecen la presencia de un sol abrasador. Los feriantes han tenido buenas ventas y los paseantes han hecho ricas compras. Las visitas se han realizado, según argumentan los comerciantes, de forma escalonada y no 'a tropel' como suele ocurrir otros años. Y en el exquisito devenir de la feria, que ha vuelto a contar con talleres infantiles de elaboración de dulces, se ha notado que en el mes de agosto la villa es visitada por muchos turistas, pero también queda patente que a los aguilarenses les encanta la confitería.

A algunos comerciantes ya les llegó el éxito en la tarde del sábado con la salida de la mayor parte de su mercancía. Un ejemplo claro de la rápida fuga se reflejó en el puesto de quesos de cabra con nueces o castañas llegados de León, que en la mañana del domingo apenas contaba con algunas piezas para ser vendidas. Pero es que la remesa era tentadora en esta y en el resto de las casetas. Una amplia y variada oferta para satisfacer a los más delicados paladares, golosos o no porque algunos artículos salados, combinados o no con el dulce, también se podían encontrar en este mercado.

Tres visitantes dan buena cuenta de una palmera de chocolate.
Tres visitantes dan buena cuenta de una palmera de chocolate.

Así, paseando entre los puestos instalados en la Plaza de España, se hallaban empanadas y pasteles gallegos; además de ricas hogazas (pan de trigo, de maíz, de espelta y multicereales) también llegadas de Galicia. Asimismo, se tropezaban con rica miel de brezo, caramelos de miel y miel en panal, todo ello traído de Abia de las Torres, de la Tierra de Campos palentina; mermeladas de pétalos de rosa roja, de pimiento asado, de cebolla de trufa negra y de otros curiosos y tradicionales sabores, elaboradas en la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros; también primorosas garrapiñadas y turrones de Béjar.

Galletas y pastas de la zona y de otras comarcas palentinas igualmente estaban presentes. Entre esta oferta se encontraba la galleta solidaria ofertada por la Fundación Siro dentro de su caseta; adquiriendo por un euro esta curiosa y colorida galleta, el comprador colabora con organizaciones no gubernamentales centradas sobre todo en ayudar a la infancia.

Desde La Rioja llegaron roscas de azúcar, similar a esa especie de 'carbón' que se llevaban el día de Reyes los niños 'malos', pero las de la feria del dulce aguilarense estaban fabricadas con vivos colores como el azul o el amarillo. Y junto a ellas brillaban las pícaras gominolas, las coloridas piruletas y los gigantes regalices.

La provincia vallasioletana tuvo, asimismo, algunos representantes con las castañuelas, tejuelas y las seductoras pastas de té de Íscar, por un lado; y los canutillos rellenos de crema o chocolate y los mantecados acarreados desde Arrabal del Portillo, por otro. De León, además de los quesos, se mostraba la repostería de Sahelices de Sabero; y presentes estaban en varios puestos los dulces cántabros como las apetitosas quesadas, cocadas y rosquillas, y también de los ricos sobaos; sin olvidarse de los hojaldres de Reinosa.

No podía faltar tampoco algo de bebida y allí estaban los orujos trasportados desde Bilbao. Licores 'de lujo' de sabores originales y tradicionales: de arroz con leche, de tarta Sacher, o de fresas con nata, entre una gran divdersidad. También lucían en la feria las sabrosas tartas de zanahoria, de manzana o de 'muerte de chocolate' salidas del obrador situado en Pomar de Valdivia, pero elaboradas con manos cántabras.

Un buen fin de semana para el dulce, y un espléndido fin de semana para vendedores y compradores que tras dos intensos días de bregar para unos y de consumir para otros, con la bolsa o la barriga llena, sin duda regresaron a casa con una amplia sonrisa.