Los ganaderos palentinos, satisfechos con la apertura de la IGP del lechazo a toda la comunidad

Las ovejas del presidente de la IGP, José Luis Fraile, durante una jornada de pastoreo en Cubillo de Ojeda, pedanía de Cervera /El Norte
Las ovejas del presidente de la IGP, José Luis Fraile, durante una jornada de pastoreo en Cubillo de Ojeda, pedanía de Cervera / El Norte

Las 64 explotaciones palentinas cuentan con el 7,81% del total de madres de la marca en Castilla y León

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

La Indicación Geográfica Protegida (IGP) Lechazo de Castilla y León ha ampliado sus fronteras a toda la región y las explotaciones de ganado ovino del norte de la provincia de Palencia podrán a partir de ahora formar parte de este sello, que pertenece a las marcas de calidad de la Unión Europea desde el 8 de septiembre de 1997.

La apertura a las explotaciones del norte de la provincia de Palencia llega en un momento crítico para el sector palentino, ya que solo 64 de las 795 ganaderías englobadas dentro de la IGP son de Palencia, una provincia en la que a finales de año había 32.143 ovejas madres, que suponen el 7,81% del total de las incluidas en la IGP.

La apertura de la Indicación Geográfica Protegida a todos los rebaños de Castilla y León podría hacer pensar que aumentará de forma notable el número de lechazos con sello de calidad que llegan desde Palencia a las carnicerías, pero el presidente de la IGP, José Luis Fraile, no está muy convencido de que esto acabe sucediendo finalmente. «En Palencia calculamos que el impacto no va a ser muy grande. Las características de la montaña son más adecuadas para el ganado vacuno que para el ovino», afirma Fraile que precisamente tiene su explotación al norte de la provincia, en Cubillo de Ojeda, pedanía de Cervera de Pisuerga.

«No tenía este sello de calidad por estar fuera de una raya en un mapa»

Los lechazos de las 300 ovejas madres que Jesús Sevilla tiene en la pedanía aguilarense de Menaza pertenecerán a la IGP gracias a la apertura del sello de calidad a todo el territorio regional. Este ganadero se congratula de la medida, pero no oculta su sensación de que llega tarde, una vez que han tenido que cerrar varias de las explotaciones del norte.

–¿En qué va a tener que cambiar su explotación para poder entrar en la IGP?

–En nada. Llevo años cumpliendo las condiciones que se exigen a los que pertenecen a la IGP sin pertenecer a ella. No podía hasta ahora por una limitación geográfica y no tenía un sello de calidad por estar fuera de una raya en un mapa.

–Ahora esa raya está un poquito más arriba. ¿En que le beneficia que se haya subido?

–Ahora el consumidor va a saber la calidad que tiene mi producto solo con mirar una etiqueta. Tengo ovejas autóctonas, manejo el ganado de forma tradicional y mis corderos se alimentan solo de leche materna y ahora eso se va a saber a simple vista.

–¿El hecho de que la Montaña Palentina no perteneciera hasta ahora a la IGPha sido un freno para las explotaciones de su entorno?

–Todo influye. Muchas ganaderías que han tenido que cerrar tal vez no lo hubieran hecho si estuvieran dentro de la IGP. Según los cálculos, pertenecer a la marca de calidad supone más o menos un aumento del 10% de la rentabilidad de la explotación. Esto lleva a una mejora en el precio de los lechazos de unos 5 euros para el ganadero y eso se acaba notando.

–El cierre de los mataderos del norte de la provincia también será un problema...

–En esta zona, que está tan alejada de la capital, no nos queda otra que matar en Osorno o en Palencia. Cerraron hace poco el matadero de Guardo y el de Aguilar también lo cerraron.

–¿Por qué cree que el norte de la provincia no entró en la IGP en su fundación?

–Pues no lo entiendo. Las zonas de montaña tienen una mejor calidad de pastos que las cerealistas. Nosotros tenemos pastos de calidad todo el año y lo que comen las madres, se lo trasladan a las crías.

–¿En qué se diferencia un lechazo que mama de una madre que come hierba del norte con respecto al que mama de una madre que come cereal de Tierra de Campos?

–La oveja se alimenta de forma selectiva y come lo mejor que hay por el campo. Eso se nota y se traslada a la carne. También podemos hablar del valor ambiental añadido del manejo del ganado porque gracias a las ovejas se aprovecha una biomasa que, sin las labores de pastoreo, crecería y de esta forma aumentaría el riesgo de incendio.

La Comisión Europea aprobó el pasado 16 de abril la modificación del pliego de condiciones de la marca de calidad y el día 24 se publicaron los cambios en el Diario Oficial de la Unión Europea. La publicación recogía varias novedades, además de la apertura de la IGP a toda la comunidad autónoma. El pliego anterior se aprobó hace 22 años y los cambios servirán en gran medida para acabar con trámites que los ganaderos consideraban duplicados, como la obligatoriedad de pesar los animales en vivo y en canal. Ahora solo se necesitará pesarlos en canal, aunque el peso máximo seguirá siendo de 8 kilos con cabeza y asadura, y de 7 kilos sin cabeza y asadura, mientras que el peso mínimo de las piezas se mantiene en 5,5 kilos con cabeza y asadura y en 4,5 kilos en presentaciones sin cabeza y asadura.

Otro de los cambios será la eliminación de uno de los requisitos para que el animal sea considerado como un lechazo de la IGP, como era que la pieza tuviera menos de 35 días. «No tenía sentido porque para que un lechazo sea bueno, tiene que tener menos de 35 días. Pasa como con los bebés, cuando pasa cierto tiempo, dejan de comer leche y comen otras cosas. Es una normativa que queda muy bonita, pero sin razón alguna porque la condición para que un lechazo sea lechazo es que se alimenta de leche y cuando pasa de 35 días, come otras cosas», incidió el presidente.

El 24,6% de los operadores comerciales del Consejo Regulador son de Palencia. No obstante, el número de ganaderos de la provincia no se corresponde con el de operadores, debido entre otros aspectos a que criar ganado ovino de carne exige mucha dedicación y que, en muchos casos, las cuentas entre trabajo y beneficios no salen, ya que una oveja tiene una media de tres crías cada dos años y los ganaderos reciben por pieza entre 35 y 65 euros, dependiendo de la época del año. «Este tipo de ganadería es más costosa que otras. Tenemos que alimentar a las ovejas y pastarlas cada día. Es muy sacrificado y el precio no ha subido tanto, pese a lo que pueda pensar la gente. El lechazo ha podido ser un producto caro en el pasado, pero las cosas han cambiado», asegura Fraile, que espera que los cambios planteados sirvan para reducir, en cierta medida, los costes de producción.