«Los funcionarios estamos desprotegidos y los presos tienen demasiados privilegios»

El funcionario de prisiones agredido entra ayer en el edificio del Instituto Nacional de la Seguridad Social para una revisión./M. Brágimo
El funcionario de prisiones agredido entra ayer en el edificio del Instituto Nacional de la Seguridad Social para una revisión. / M. Brágimo

Un trabajador de la prisión de Dueñas que lleva de baja desde enero por una agresión asegura que «se dan demasiadas comodidades al recluso y es muy difícil su reinserción»

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Las cifras de funcionarios agredidos en el Centro Penitenciario de La Moraleja, en Dueñas (Palencia) asciende a 16 en lo que va de año. Está claro. La de funcionario de prisiones es una profesión de riesgo, pero detrás de ese empleo complicado hay personas, familias y vidas que se ponen en peligro en un entorno hostil en el que, según los propios trabajadores, se pueden mejorar varios aspectos.

Uno de los funcionarios agredidos en la prisión de Dueñas en 2017 ha querido romper su silencio y sacar a la luz su testimonio con la meta de hacer ver a la sociedad que detrás de cada noticia de un nuevo funcionario agredido hay personas. Este trabajador de la prisión palentina, que no ha querido desvelar su identidad, lleva varios meses de baja tras un encontronazo con un preso del que aún no se encuentra totalmente recuperado.

«Los presos tienen gimnasio, piscina, dos pistas squash y una pista polideportiva. La gente que viene de visita se queda alucinada»

«Tuvimos la apertura de celdas en el módulo 5 y avisaron por megafonía de la revisión rutinaria de colchas por orden de la dirección. Entonces, un preso se puso nervioso. Yo le recibí en la galería, le dije que se calmara y el compañero que estaba en el fondo se acercó a él para preguntarle qué le sucedía. En ese momento, el interno le metió un puñetazo y le lanzó contra las puertas de una celda y entonces fui yo a sujetarle, pero me agarró por el cuello y estuvimos forcejeando durante unos 15 o 20 minutos hasta que llegaron otros compañeros y le conseguimos reducir», explica.

Un cuarto de hora de brega con un interno que practicaba boxeo es una eternidad, pero los compañeros del agredido no pudieron llegar antes al lugar de los hechos porque el altercado se produjo en un lugar al que el objetivo de la cámara de vigilancia no podía acceder. «Se puso en un ángulo muerto y el compañero no nos vio hasta mucho tiempo después. Ellos saben de sobra que la cámara está ahí y la posición que adoptó el interno fue irse rápidamente al sitio en el que no se le veía», afirma para añadir luego que la situación fue mucho más complicada de lo que puede parecer al leer estas frías letras. «Nosotros tratamos de que no haya ningún problema en la prisión, pero en el momento en el que se agrede un compañero, tenemos que auxiliarle. Me tocó estar pendiente de defenderme del interno y también, del estado del compañero, que estaba herido en el suelo», recuerda este empleado de la prisión de Dueñas que aún sigue renqueante del suceso.

Este incidente y muchos de los que se han vivido últimamente en Dueñas se podían haber evitado, o al menos mitigado, si la autoridad del funcionariado de prisiones no se hubiera menoscabado, tal como asegura este trabajador, que lleva 26 años de servicio. «Los funcionarios estamos desprotegidos y los presos tienen demasiados privilegios», sentencia para incidir posteriormente en esas concesiones que tienen a su disposición los internos. «Tienen un polideportivo con un gimnasio extraordinario, una piscina, dos pistas squash y la pista polideportiva. Luego cada módulo tiene gimnasio. Toda la gente que viene de visita se queda alucinada. No da crédito», explica.

«No tenemos pistola, solo algunos trabajan con porra. Esto no es una película americana»

Todos esos privilegios que se encuentra el interno en prisión no repercuten después en su inserción, según la opinión de este funcionario. «Ellos tienen talleres, escuela, actividades, cursos, todo lo que quieren. Se dan demasiadas comodidades al interno. No digo que no haya que dar facilidades al que quiera aprovechar la oportunidad para cambiar, pero, en su mayoría, no se rehabilitan. Cualquiera de los delincuentes con los que hablamos nos cuenta un discurso parecido: nos dicen que cuando salgan van a seguir haciendo lo mismo porque no saben hacer otra cosa y no tienen interés en trabajar», explica para añadir que en su trayectoria como funcionario de prisiones ha visto como la calidad de vida del trabajador caía en picado. «Hemos ido a peor. Noto más indefensión ahora que antes», apostilla.

Sin pistola

La seguridad de los funcionarios en la prisión depende de la infraestructura de la que están rodeados y de las herramientas que tienen a su alcance para llevar a cabo su trabajo sin riesgos. «El funcionario va a pecho descubierto. Siempre nos pregunta la gente de la calle que si tenemos pistola para defendernos, pero solo tenemos una porra en ciertos módulos. Esto no es una película americana», enfatiza este empleado de mediana edad que cree que uno de los grandes problemas a los que se va a tener que enfrentar el centro penitenciario en el corto plazo es la elevada edad de la plantilla. «Nunca ha habido suficientes funcionarios y somos muy mayores. En esta prisión somos todos de 50 para arriba. Ahora tenemos segunda actividad cuando cumplimos 57 años y llevamos 25 en servicio, entonces nos llevan a oficinas, pero ahí no pueden colocar a todo el mundo. De esa edad somos todos y de aquí a cuatro días no podemos estar los 500 en oficinas», añade.

«Yo nunca he entrado con miedo a trabajar y la mayoría de mis compañeros, tampoco»

La peligrosidad del puesto va en el sueldo del funcionario de prisiones, pero algunos de los problemas se podrían mitigar con una buena política de comunicación interna que, según apunta este trabajador, no se da en el centro de Dueñas. «Asumimos el riesgo por la clase de personas con las que trabajamos y por como están algunas de ellas de la cabeza. Pero es importante saber qué tipo de presos tienes delante para saber cómo tratar a cada uno, algo de lo que nos informan en algunas ocasiones, aunque en otras no nos dicen nada. Por ejemplo, a este señor que me agredió no le conocía de nada y los compañeros, tampoco. No sabíamos sus antecedentes ni las condiciones mentales que tenía, que por lo que parece no eran buenas», hace hincapié este empleado de prisiones que, pese a todo, asegura que jamás ha temido por su integridad en el trabajo.

«Yo nunca he entrado con miedo y la mayoría de compañeros, tampoco. He estado en muchas prisiones y me he sentido muy apoyado, algo que no puedo decir de esta porque el director no habla especialmente contigo. Llevo trece años aquí y aún no conozco bien a los mandos», concluye con una frase que deja entrever la relación que existe entre mandos y trabajadores en una prisión de Dueñas que, por desgracia, ha sido noticia en varias ocasiones este año.

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