Urko alaba «el color y alegría» de las peñas, que dedican en el pregón una pitada de época al alcalde

El pregonero, con la boina entregada por las peñas, es aplaudido por el alcalde, Mario Simón, a la derecha. / Antonio Quintero

El expívot del Palencia Baloncesto, testigo en su pregón del enfado por los coches tradicionales

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

A (don) Urko Otegui se le recibió como lo que es, un jugador historia viva del Palencia Baloncesto, una leyenda deportiva de la ciudad, aunque haya nacido en Guipúzcoa. Se coreó su nombre, se le ovacionó en la Plaza Mayor como hasta hace poco en el Pabellón cuando leyó su pregón popular. Fue, es y será el MVP de los palentinos, sin duda. Pero al alcalde de Palencia, Mario Simón, le colgaron las peñas el traje de árbitro, de colegiado anticasero y provocador, y le dedicaron una pitada de época, con gritos de «¡Alcalde, dimisión!», «¡fuera, fuera!», los claxones y bocinas a tope y un puntero láser dirigido a su cara. La decisión de que los coches tradicionales sin ITV ni permisos de las peñas solo puedan circular por las calles en desfiles reglados por la Policía Local le ha pasado factura al regidor, con más vibraciones que el capó del Renault 5 de La Filomena.

Polémicas al margen, el nombre de Urko Otegui está unido ya de forma indisoluble al de la ciudad de Palencia. Aunque se sumerja en las paradisíacas aguas de Macarelleta y tome caldereta de langosta, aunque pasee por la playa de La Concha de su Donostia natal o rebotee un chuletón en una sidrería. Palencia será una de las ciudades que han marcado su vida, la que ha visto nacer a su hija Iraia y dar sus primeros pasitos a Markel, el 'hombrecito' de la casa. La que, a través de adultos y pequeños, le ha dado los buenos días por las mañanas cuando llevaba a sus hijos a Maristas, la que le ha aplaudido hasta hacerse callo en las manos en el Pabellón de los Deportes. «Pese a no haber nacido en Palencia, me considero casi un palentino más. Desde el primer momento en que llegué (en la temporada 2000-2001, cedido por el Fórum de Valladolid), siendo muy joven (con apenas 18 años), hasta la actualidad, he notado el cariño de todos vosotros, que me habéis hecho sentir que esta es mi casa», señaló el jugador donostiarra, para quien Palencia «siempre será un lugar especial».

«El baloncesto me alejó de esta ciudad unos años, pero cuando nació Markel, decidimos venir de nuevo aquí, puesto que no se nos ocurrió un lugar mejor para que nuestro hijo creciera. Aquí hemos vivido los mejores años de nuestra vida. Aquí nació mi hija Iraia, coincidiendo además con los mejores años del club. Dos Copas, una Liga, ver crecer a tus hijos... ¡Qué más se puede pedir!», exclamó Urko Otegui en un pregón muy de dentro, metido en esa zona de la cancha en la que ha anotado, reboteado y taponado.

«Durante esos años en que mis hijos han dado sus primeros pasos en Palencia, han dicho sus primeras palabras, han hecho sus primeros amigos, cada vez nos hemos sentido más palentinos, y yo he sentido más y más el cariño de todos vosotros, que me habéis acogido sin reticencias. Oír corear mi nombre en el Pabellón, toda la gente que me paraba por la calle para mostrarme su cariño, los 'peques' que me saludaban cuando llegaba al colegio a llevar a mis hijos... Todo eso son cosas que no se pueden olvidar y que hicieron que me fuera más complicado decir adiós a esta ciudad, que siempre será mi hogar», añadió Urko, que hizo una petición a los palentinos.

«Quiero que continuéis apoyando al Palencia Baloncesto como lo habéis hecho hasta ahora. Es un orgullo para todos los que hemos vestido esta camiseta, y para todos los que continuarán haciéndolo, llevar el nombre de esta ciudad por toda la geografía española. Una ciudad que tiene de todo, una gran oferta de ocio, cultural, gastronómica y, sobre todo, una gran calidad humana. Asimismo, os pido también que apoyéis a todos los clubes de cualquier deporte en la capital y la provincia. El deporte es una gran manera de promover los valores entre los más pequeños», afirmó Urko Otegui, que alabó a las peñas por «el color y la alegría» con el que, año tras año, dotan a la ciudad en San Antolín.

A Urko le acompañaban en el pregón su mujer y sus hijos, así como sus padres y su hermano, arropados todos por el presidente del Palencia Baloncesto, Gonzalo Ibáñez; el vicepresidente, Fernando Martínez Zulaica; el gerente, Raúl Villagrá; el actual técnico, Carles Marco, y el jugador Jordi Grimau. Urko había llegado el viernes mismo de Menorca, y tras hacer noche en Palencia viajará a Bilbao este sábado para disputar dos amistosos con su equipo antes de retornar de nuevo a Palencia para apurar el fin de semana.

«Las fiestas no serían lo mismo sin ellas», añadió el pívot, que asimiló los sanantolines a un partido de baloncesto. «El pitido inicial estamos celebrándolo ahora mismo con este pregón. Durante el primer cuarto, vamos entrando en juego con los pasacalles con los gigantones y los cabezudos, llevando a los 'peques' al tragaldabas o visitando la Feria de Artesanía. En el segundo periodo, cuando todavía estamos frescos, es momento de pasear por el mercado medieval, acudir a cualquiera de los torneos deportivos o disfrutar de la gran variedad de conciertos», señaló Urko, que, como si de un descanso se tratase, invitó a reponer fuerzas en las casetas de la Feria de Día.

Para el tercer cuarto del partido, animó Urko a visitar ExpoAire, la Feria del Libro o el ciclo Palencia en Negro, y en el último acto, sugirió hacer lo propio con la concentración de coches clásicos o el recinto ferial. El sonido de la bocina lo equiparó a la tronada final de fiestas en el Salón. Agur, Urko! Y Eskerrik asko!