Rafael del Valle alude a los palentinos en su pregón como «gente de la mejor masa»

Rafael del Valle alude a los palentinos en su pregón como «gente de la mejor masa»

El historiador centra su texto literario en las biografías de Blanca de Castilla y Ramón Carande

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Con cierto desasosiego, como reconoció él mismo durante la lectura del discurso, vivió el acto el pregonero literario de este año, el historiador carrionés Rafael del Valle. No en vano, el secretario del Patronato de la Fundación Díaz Caneja, jefe del Servicio de Cultura y director del Archivo Municipal hasta 2011, y académico de la Tello Téllez, había sido antes observador y no observado, detectando siempre en la platea la respuesta del público al discurso del protagonista cada año y al acto en sí, programado por este conocedor profundo de la historia de Palencia y la de sus gentes, a las que, parafraseando a Santa Teresa, se refirió como «de la mejor masa». Ello, en un teatro Principal lleno en el arranque oficial de las fiestas de San Antolín, a la espera este sábado del pregón popular de la coordinadora de peñas, Mercedes Cajigal, y del cohetón en el balcón del Ayuntamiento.

Rafael del Valle interpretó su papel de siempre, el de divulgador de Palencia con mayúsculas, recurriendo para la ocasión a la biografía de dos nombres ilustres para Palencia: el de la reina Blanca de Castilla y el del historiador y economista Ramón Carande, separado el nacimiento de ambos por 700 años de historia. De ellos destacó Del Valle «la honestidad de su comportamiento, la responsabilidad en sus cometidos, la tenacidad en el empeño de su trabajo y la generosidad en el esfuerzo», antes de aludir a ese denominador común de «paisajes, ambientes y costumbres» que compartieron Blanca de Castilla y Ramón Carande» con sus paisanos.

«La imagen que diseñemos con el estudio de su biografía contribuirá a conocer mejor nuestro pasado, al tiempo que su figura señera llenará de placenteros resplandores la representación de nuestra patria chica. No para elevarla a la categoría de superior a los demás, como pretenden conseguir algunos empleando cualquier medio, sino porque es nuestra y no corresponde hacerlo, incrementando así su conocimiento y aprecio», señaló Rafael del Valle en su pregón literario, justo después de que acercara un poco más a los presentes ayer en el teatro Principal a estos dos personajes tan notables en la historia de Palencia.

De Blanca de Castilla, nacida en 1188, quinta hija del rey Alfonso VIII de Castilla y reina consorte de Francia por su matrimonio con el rey Luis VIII, así como madre del rey Luis IX de Francia, contó Del Valle su etapa en Palencia, «tutelada por sus preceptores, amas y doncellas, en un palacio frecuentado por prelados, embajadores, monjes, soldados, trovadores extranjeros, filósofos y arquitectos moriscos, médicos y administradores judíos… A ellos se unirían pronto los profesores que llegaban de otros centros de Europa a impartir clases en la nueva Universidad, la primera de España, patrocinada por el monarca con la inestimable colaboración del nuevo obispo, don Tello Téllez de Meneses». «Este ambiente selecto y cosmopolita generó un verdadero renacimiento humanístico con centro en Palencia», añadió Del Valle, que incidió en la boda de Blanca de Castilla en 1200 con el príncipe heredero del reino de Francia.

«Vivió desde esa fecha acontecimientos que contribuirán a probar definitivamente su temple. En el 1214, tras perder a los cuatro hijos recién nacidos, vino al mundo Luis. En el año 1225, tres años después de acceder al trono como reina, murió su marido en circunstancias extrañas. Así pues, con 27 años, hubo de asumir la regencia, defendiendo enérgicamente el trono de las apetencias de los nobles. Con tenaz energía y extraordinaria habilidad política, Blanca de Castilla consiguió el fundamental apoyo del pueblo, superando todas las dificultades y despertando en Francia un sentimiento nacional. Estas y otras mujeres que se vieron obligadas a desempeñar puestos de hombres, demostraron que más importantes que la firmeza para declarar, por ejemplo una guerra, eran la agudeza, el tacto, la perspicacia y sobre todo la prudencia, para mantener la paz», relató el historiador palentino, que destacó cómo de Blanca de Castilla, que murió en 1252 a los 64 años, solamente ha quedado huella de una sola crítica: «la tutela directa, incluso absorbente, que ejerció sobre su hijo Luis, durante toda su vida».

A continuación, Rafael del Valle avanzó en el tiempo hasta el siglo XIX para glosar la figura de otro palentino ilustre, RamónCarande, nacido en 1887 y considerado una autoridad en la historia económica española. Del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales –se le concedió en 1985, un año antes de su muerte–, destacó Del Valle cómo, cuando se le preguntó sobre qué forma deseaba se emplease para recordar su nombre en Palencia, «eligió la de dar nombre a un colegio palentino que lleva su nombre, centro al que entregó personalmente la estatuilla diseñada por Miró y que representa el Premio Príncipe de Asturias».

«Para mí, que llegué a él siguiendo la aureola de intelectual admirado en el mundo civilizado, y emocionado por su procedencia palentina de la que don Ramón siempre hizo gala, el mayor descubrimiento, no fue apreciar sus conocimientos, sino el servir de vehículo involuntario, pero gozoso, de su curiosidad. Esa curiosidad insaciable que, a sus 99 le permitía vivir con sorprendente intensidad. Esa curiosidad y un carácter forjado desde niño en muy variadas pruebas», concluyó Rafael del Valle.

 

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