Jorge Blass: «La tecnología no puede con la necesidad humana de ilusionarse»

Jorge Blass./El Norte
Jorge Blass. / El Norte

El ilusionista ofrece hoy domingo 26 en el teatro Ortega un espectáculo de fantasía, humor y emociones para atrapar al espectador

NURIA SASTREPalencia

Siempre le fascinaron los trucos y la emoción que despertaban en las personas. Vive la magia intensamente desde los 6 años gracias a un juego que le regalaron sus padres. Ahora, inmerso en los escenarios y en la constante creación de nuevos trucos, Jorge Blass (Madrid, 1980), busca causar impacto en el público, como hoy lo hará entre los palentinos (19 horas, teatro Ortega). Asegura que le gusta innovar y plantear al espectador ilusiones distintas y renovadas. «Mi magia, unida a la música, la iluminación y una cuidada puesta en escena provocan en el espectador emociones muy memorables», afirma.

¿Qué cualidades debe tener un buen mago?

–Tener pasión por lo que hace, es una disciplina totalmente vocacional; ser muy constante, porque para dominar una técnica secreta tienes que trabajar muy duro, ser muy perseverante;y por último, tener dotes de comunicación, porque este es un arte que requiere conectar con el público y atrapar su atención.

Para triunfar en el mundo de la magia, un mago en España ha tenido que crecer con Juan Tamariz, como es su caso...

–Juan es el referente y un maestro muy generoso. Empecé en su escuela en Madrid cuando apenas tenía 12 años, y desde entonces, me descubrió un mundo maravilloso. Algunos años después tuve la suerte de ser profesor en su escuela y viajar y por el mundo juntos. Es un sueño cumplido poder compartir escenario con tu maestro en Nueva York, Corea y otros muchos lugares en los que hemos trabajado juntos.

Usted es conocido por incluir cada vez más la tecnología en sus trucos. ¿Cómo va evolucionando un artista como usted? ¿Es una profesión que exige reinventarse más que otras?

–Jugamos con la sorpresa del público, ya no basta con hacer los trucos clásicos de siempre, el público del siglo XXI quiere más y merece más. Nuestros espectadores no son tan crédulos e inocentes como en la época de Houdini. Ahora nos enfrentamos a una audiencia muy avanzada, y eso exige un esfuerzo más grande por nuestra parte para inventar nuevos métodos y crear efectos que sean imposibles para nuestro público. Afortunadamente lo estamos consiguiendo, la tecnología no puede con la magia, pues el ser humano siempre tendrá la necesidad de fascinarse e ilusionarse.

El público es realmente importante en su espectáculo. ¿Qué espera del público palentino?

–El público es nuestra razón de ser. Yo soy mago porque existe un público y me encanta ver las caras de los espectadores, ver cómo un niño de 5 años, y su padre o abuelo tienen la misma cara de sorpresa. Solo la magia consigue llegar a todos con esa emoción de ver algo imposible. Del público palentino espero que se diviertan y participen, en el 'show' hay mucho humor, mucha magia y, sobre todo, muchas emociones.

¿Cómo mantiene la atención de un público heterogéneo?

–Los niños viven en un mundo de magia y todo es parte de su realidad de fantasía, los adultos tienen reacciones muy diferentes, pues son seres racionales conocen la lógica de las cosas, pero la magia consigue romper sus esquemas. Así que ambos tienen su personal satisfacción. En el 'show' hay momentos para todos, los adultos disfrutan de una parte y los niños, de otras. La magia es universal y la emoción que despierta en la gente no atiende a edades, sexos o procedencias.

Ha estado en el Kodak Theather de Los Ángeles, por ejemplo. ¿Es muy distinto preparar un espectáculo para tal escenario que traerlo a una ciudad de provincias?

–Es importante a nivel de repertorio elegir un tipo de magia que sea adecuada para el espacio. En mi carrera he actuado en salas para 20 personas y en estadios de fútbol para 70.000 personas. Por supuesto, el repertorio es distinto y la forma de comunicarlo. Mi espacio favorito para hacer magia es el teatro, con un máximo de 1.000 personas, es donde más se disfruta y se crea la atmósfera mágica que llega a todos por igual.

¿Cuáles son los trucos que más sorprenden?

–Depende del público. A veces la tecnología y los trucos con teléfonos móviles sorprenden mucho, pues es algo que todos llevamos encima, toda nuestra vida está volcada en ese pequeño dispositivo y es interesante para mí usarlo en mis juegos de magia.

Fue noticia por vender un truco a David Copperfield. ¿Qué le supuso tal experiencia? ¿Un sueño 'trabajar' para alguien más cotizado?

–Ha sido un sueño cumplido. La llamada de David Copperfield y que se interesara por mi magia y por mi trabajo. Hemos colaborado en varias ilusiones que forman parte de su espectáculo y seguimos trabajando en futuros efectos. Un regalo para mí poder colaborar con el mago número uno del mundo.

También es miembro de una fundación de magos solidarios. ¿Puede ser la magia una disciplina que despierta un cierto altruismo entre el público?

–Es la magia con mayúsculas. Cuando actúo ante niños enfermos y colectivos especiales, siento una emoción incomparable. Ellos me dan mucho más de lo que yo puedo regalarles con mi magia. Además, estamos descubriendo que la magia es terapéutica y permite rehabilitar y mejorar el estado de ánimo en los enfermos.

¿Qué le gustaría cambiar o conseguir en su vida y en esta sociedad si fuera cuestión de magia?

–Me gustaría que la gente viviera con más ilusión. En cada 'show' pongo mi granito de arena para que mi público salga del teatro feliz y más ilusionado. La realidad es la misma, pero nuestra actitud puede hacer que nos enfrentemos a esa realidad de forma distinta. Recuerdo la película 'Atrapado en el tiempo', donde Bill Murray, el protagonista, tiene un día terrible que se repite siempre igual, pero un día aprende a disfrutarlo con ilusión y todo cambia. Es algo importante en mi vida, enfrentarme a la realidad, pero con ilusión.

 

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