«Los hombres ya no piropean a las mujeres porque creen que eso es acoso sexual»

Arturo Fernández, junto a Carmen del Valle, con la que comparte escenario en ‘Alta Seducción'./El Norte
Arturo Fernández, junto a Carmen del Valle, con la que comparte escenario en ‘Alta Seducción'. / El Norte

Repite hoy viernes en el Ortega ‘Alta Seducción’, una comedia en la que interpreta a un hombre que encuentra el amor a una edad muy avanzada

MARCO ALONSO Palencia

Arturo Fernández está en Palencia (también hoy viernes, a las 20:30 horas en el Teatro Ortega) con ‘Alta Seducción’, una comedia en la que volverá a interpretar a un seductor, aunque en esta ocasión este galán tendrá que pelear contra los designios de Cupido y también contra sus arrugas, que son un impedimento para conseguir a su amada. El actor asturiano no esconde que se siente identificado con su personaje, aunque asegura que si llegase aquí con 60 años ‘quemaría Palencia’. Los bomberos pueden estar tranquilos porque ya ha cumplido 88, pero sigue en plena forma y lo demuestra en esta entrevista.

-Llega a Palencia con ‘Alta Seducción’. ¿Qué ingredientes tiene esta obra para seducir a los palentinos?

-Es una comedia inteligente, divertidísima y me atrevo a decir que es una de las más completas que he puesto encima de un escenario. El tema es muy auténtico y actual y está centrado en el amor. Como dice la canción, cuando el amor llega, así de esta manera, uno no tiene la culpa.

-Vamos, que usted sigue con ese papel de galán que tantas alegrías le ha dado en su carrera...

-No me gusta destapar la historia pero contaré que la obra trata sobre un hombre muy maduro que encuentra el amor y es capaz de cualquier cosa, incluso de quedar en ridículo porque no acepta su edad y eso le lleva a situaciones divertidísimas y disparatadas, hiladas en una trama inteligente, sorprendente y llena de ternura. La puesta en escena deja al público con la boca abierta. Llevamos solo 17 días, pero en San Sebastián hemos estado 11 de ellos. En la historia del Teatro de San Sebastián jamás ha habido una compañía con tantos días y podríamos haber estado más. Es el público el que está dando la publicidad a esta obra porque tiene de todo. Jamás he puesto en escena una comedia tan auténtica y de tanto ‘glamour’ como esta. En comedia, es muy difícil que la gente al final se ponga de pie para aplaudir, eso suele suceder en dramas. Sin embargo, con esta comedia sí que sucede.

-Qué complicado es hacer reír al público...

-Es aún más complicado hacer sonreír que hacer reír, porque es más elegante. Esta comedia está llena de situaciones reales como la vida misma que hacen sonreír. Los hombres, cuando tenemos cierta edad, no reconocemos nuestra propia decadencia y eso genera situaciones que hacen sonreír.

-¿Cómo se lleva lo de ser un seductor a los 88 años?

-Me cago en la leche (risas). Oír a alguien decir que tengo 88 años me aterra. Cuando te gusta lo que estás haciendo, te sientes rejuvenecer porque el teatro tiene una magia que no se puede describir. Puedes tener todos los dolores de este mundo antes de levantarse el telón y cuando se levanta, se te pasan todos. A mí me gusta mi profesión por encima de todo y eso es lo que me hace estar en forma. Cuando veo que una comedia se acaba, tengo otra preparada para no perder este ritmo que es el de la vida. Cuando no estoy encima del escenario, me aburro que me mato.

-Siempre puede dedicarse a seducir en sus ratos libres...

-Yo puedo ser seductor encima de un escenario por lo que escribe otro, pero no por mí mismo. En la vida real no vendo una puta escoba, sobre todo últimamente que se ha corrido la voz de esos años que tengo. Ya no tengo nada que hacer. Y eso es lo que le ocurre a mi personaje en ‘Alta Seducción’, que no acepta la edad que tiene y piensa que aún es joven. Por eso esta historia está llena de ternura, porque la vida te pega una paliza y te pone en tu sitio, pero hasta que te enteras de lo que está sucediendo, lo pasas muy bien.

-Dice que ‘ya no vende ni una escoba’, pero no hace mucho tiempo ha vendido más que el Ikea. No lo puede negar...

-He vendido de todo, es cierto. Pero ya no. Aún así, cuando veo una mujer guapa, la piropeo porque soy de esa vieja escuela en la que las mujeres agradecían cuando eran piropeadas. Ahora los hombres no se atreven a piropear a las mujeres porque creen que es acoso sexual. La vida es muy bella y tal como te comportas con ella, así se comporta ella contigo. Soy un hombre terriblemente feliz porque amo las cosas bellas y la vida tiene muchas cosas preciosas, aunque haya personas que intentan destruirlas. Mi generación ha sido la mejor, pero ya estamos ‘cascando’ todos y quedamos media docena nada más. Si alguien te da una sonrisa, devuélvela, da los buenos días al portero y al que te atiende. La amabilidad tiene una compensación, pero eso se ha perdido y solo la mantiene la gente de mi generación. Eso no lo perdemos.

-Dice que ya no es un seductor pero lo ha sido, y mucho. ¿Qué hay que tener para ser un conquistador de su talla, de la de José Coronado o de la de Julio Iglesias?

-Coronado es un crío, a mi lado es un chaval. Para mí, todos los que tienen 60 años son críos. Yo con 60 años quemo Palencia. ¿Pero qué hay que tener para ser un seductor? Eso te lo da el haber vivido. Cuando eres joven, vas atropelladamente porque te lo pide el espíritu. Luego las cosas cambian, vamos de una forma más pausada, somos más amables y caballerosos y gustamos más a las mujeres, pero es ahí cuando ellas te ven como a su padre y se jode todo.

-Usted ya tiene cierta edad, pero sigue tan activo como siempre. No le debe preocupar mucho eso de que el Gobierno piense subir la edad de jubilación...

-Tengo la suerte de tener una profesión en la que te jubilas cuando quieres, si es que antes no te ha jubilado el público. Tienes que tener la suficiente sensibilidad para saber cuando ya no te quieren ir ver, pero a los guapos no nos pasa eso. Yo vivo exclusivamente para dar satisfacción al público, que durante tantos años ha venido a ver mis espectáculos.

-Vamos, que tenemos Arturo Fernández para rato...

-Está claro. Tengo un amigo que me dice que me voy a quedar aquí y, por el camino que llevo, va a tener razón.

 

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