Hermoso de Mendoza se toma la revancha en Campos Góticos

Hermoso de Mendoza coloca una banderilla al primer toro. /
Hermoso de Mendoza coloca una banderilla al primer toro.

La afición palentina se rinde a la amazona francesa Lea Vicens, que acompaña al navarro en la Puerta Grande

JOSÉ MARÍA DÍAZPALENCIA

No es fácil que Pablo Hermoso de Mendoza defraude y este domingo ha vuelto a demostrarlo en el coso de Campos Góticos, resarciéndose de este modo de la espina que le quedó clavada el pasado año, cuando no pudo abrir la Puerta Grande al cruzarse con la mansedumbre de los toros y el mal hacer con los aceros.

Pero Pablo Hermoso se conjuró ayer contra todos los elementos y la jugada le salió perfecta. Una oreja en el siempre difícil primero (abrir plaza no es plato de gusto para nadie, y aún menos en el rejoneo) y dos orejas en el cuarto, cuando la gente estaba ya bien caliente. El navarro regresaba a Palencia con ganas de revancha y la tuvo. Lo dejó claro desde el primer rejonazo. Ofreció al que abría plaza un toro alegre, con quiebros continuos y giros en la cara del toro, midiendo los tiempos y asegurando las banderillas, para cerrar con un rejón de muerte, un tanto trasero, pero muy efectivo.

En el cuarto, se gustó más. Con Disparate consiguió encelar al toro hasta agotarle y con Donatelli ofreció todo un festival de giros en la cara del astado, para cerrar el tercio de banderillas con un apoteósico par a dos manos que hizo que la plaza se viniera abajo, como lo hizo también el toro con el fulminante rejonazo final.

Por su parte, Lea Vicens, que gozó del favor del público desde el primer minuto, quiso agradecer tal deferencia con un torejo vistoso, alegre y muy pulcro en la ejecución de las banderillas, a excepción de algún pequeño fallo en la colocación de las rosas. Se adornó continuamente y ofreció en ambos toros una serie de giros ajustados muy del gusto de los aficionados. Tuvo que descabellar en el primero, pero el público no le privó de los trofeos. En el quinto, los tendidos estaban totalmente rendidos e insistieron para que lograse el segundo trofeo.

El palentino Héctor Barcenilla no tuvo suerte con los aceros en ninguno de sus dos oponentes, lo que, sin duda, le privó del premio en el sexto toro. El tercero se le atravesó al quedarse parado en el último tercio, por lo que su labor fue silenciada. Al último le hubiera cortado, tras un brillante terci de banderillas, si hubiera logrado matar bien.

 

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