Cuando conviertes tu cuerpo en una galería de arte

Helia Serrano e Igor Díez muestran sus tatuajes./Marta Moras
Helia Serrano e Igor Díez muestran sus tatuajes. / Marta Moras

Los palentinos Igor Díez y Helia Serrano tienen entre los dos más de 200 tatuajes en la piel

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Los palentinos Helia Serrano e Igor Díez se han convertido en dos lienzos humanos que se vanaglorian de alojar en su piel una infinidad de «obras de arte». Entre los dos tienen más de 200 tatuajes repartidos por sus cuerpos, que han pasado a convertirse en dos galerías de arte plagadas de creaciones de diferentes artistas y estilos.

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El arte es algo subjetivo y muchos se quedan maravillados al contemplar sus cuerpos, aunque a otros les genera rechazo porque, entre otras cosas, piensan que un tatuaje es una modificación corporal para toda la vida. «Tu cara también es para toda la vida y no la has elegido tú», suele espetar Helia a los que argumentan eso cuando ven su piel tatuada, en la que ha invertido miles de euros desde que, con 16 años, decidió tatuarse por primera vez. «Fue un hada en el tobillo derecho y luego vinieron muchos más de muchos estudios distintos», explica esta palentina, que hizo la carrera de Bellas Artes y un día incluso decidió tatuarse a sí misma. «No me dedico a ello y me hice pruebas en una pierna, tengo hasta el dibujo típico que te enseñan en el cole, ese del 6 y el 4, la cara de tu retrato», reconoce esta polifacética palentina, que es cantante del grupo 'Helia Brown & Sugar Daddies'.

Está claro que ese retrato no forma parte de las obras más espectaculares de la galería de arte que tiene Helia por cuerpo, en la que destacan, entre otros diseños, cuatro chihuahuas con máscara de luchador mexicano, al más puro estilo China Mike, o una carpa llena de color. Aunque si hay un tatuaje del cuerpo de Helia que llama especialmente la atención, pese a ser bastante simple, ese es una pequeña mariposa que tiene junto a la ceja derecha, y es que pocas son las personas que se atreven a tatuarse la cara, tal y como apunta Igor. «Me encantaría tatuarme la cara, pero tengo dos hijos y una mujer y el único que trabaja aquí soy yo. Mi jefe me ha dicho bien claro que no me tatúe la cara ni el cuello, que con lo demás, haga lo que quiera», explica Igor, que trabaja de cara al público y reconoce que, pese a que la imagen de las personas tatuadas ha cambiado, aún hay líneas rojas.

El pequeño tatuaje que tiene Helia en la cara.
El pequeño tatuaje que tiene Helia en la cara. / Marta Moras

Los tatuajes de este comercial de vehículos industriales tienen un significado más allá de lo que se puede ver a simple vista. «Todos tienen que ver con cosas que me han pasado. Por ejemplo, en el torso tengo tres leones y ahora me voy a hacer el cuarto. Los dos leones pequeños representan a mis hijos y los otros dos, a mi mujer y a mí», explica este palentino, que ha convertido su cuerpo en toda biografía gráfica.

Estos dos amantes del arte ubano aseguran que el dolor que sienten cuando se hacen un tatuaje se difumina cuando ven el resultado final en su piel, en ese lienzo que, poco a poco, han ido llenando de tinta de diferentes colores. «El negro está guay porque combina con toda la ropa que te quieras poner, pero a mí me gustan los tatuajes con mucho color. Aunque es verdad que a veces no me pongo prendas estampadas porque veo tanta información, que me llego a saturar a mí misma cuando me miro al espejo», asegura Helia, que ve más de cien tatuajes cuando se mira en ese espejo lleno de arte que parece querer decir una frase de Voltaire, la que dice aquello de «el arte de la vida consiste en hacer de la vida una obra de arte».