Condenado a 28 meses de cárcel por abusar de su mujer durante 57 años

El hombre condenado por abuscar de su mujer, en el juicio. /Marta Moras.
El hombre condenado por abuscar de su mujer, en el juicio. / Marta Moras.

La Audiencia le culpa de un delito continuado de abusos sexuales, maltrato habitual y amenazas, y le impone también 4.320 euros de multa

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

La Audiencia de Palencia ha condenado a un hombre de 87 años, J. P. D., a una pena global de dos años y cuatro meses de cárcel y una multa de 4.320 euros por un delito de malos tratos habituales, otro de amenazas y otro delito continuado de abusos sexuales, cometidos en la persona de su mujer, S. M. S., durante los 57 años de matrimonio, así como a que indemnice a su esposa con 6.000 euros por daño moral. Contra esta sentencia, que no es firme, cabe recurso de apelación ante la Sala de lo Civil y lo Penal del TSJCyL.

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Además de las penas de prisión, la Audiencia condena a J. P. D., por el delito de malos tratos habituales, a la prohibición de aproximarse a menos de cien metros y comunicar con la víctima por cualquier medio durante 18 años. Por el delito de amenazas, le condena además a la prohibición de aproximarse a menos de cien metros y comunicar con la víctima y domicilio durante 18 meses.

Por lo que respecta al delito continuado de abusos sexuales con prevalimiento y agravante de parentesco, la Audiencia opta por imponer pena de multa en lugar de privativa de libertad, dado que el procesado tiene 87 años, carecía de antecedentes penales y desde que se incoó el actual procedimiento penal «no ha protagonizado ningún acto hostil contra su esposa, tiene orden de no aproximación a menos de 50 metros, retiradas las escopetas de caza que le fueron ocupadas en su domicilio y los informes de la Guardia Civil apuntan a un descenso en cuanto a peligrosidad y riesgo para la víctima, con quien recientemente ha coincidido en un centro de salud mostraron afecto el uno por el otro, lo que permite inferir que no quiere una pena privativa de libertad para su marido».

El juicio quedó visto para sentencia el pasado 13 de mayo, con la petición elevada a definitiva del Ministerio Público para J. P. D. de una pena global de once años de prisión por un presunto delito continuado de abuso sexual con agravante de parentesco, otro de amenazas leves y otro de maltrato habitual cometidos en la persona de su mujer, S. M. S., durante los 57 años de matrimonio. J. P. D. negó que durante todos esos años en que estuvieron casados (de hecho siguen estándolo, puesto que S. M. S. no ha solicitado el divorcio, aunque sí que están separados y ella tiene orden de protección) obligara a su mujer a mantener relaciones sexuales, ni que la amenazara, la insultara o la echara de casa en ocasiones.

La fiscal sostuvo que el acusado, «desde el inicio de la relación, ha venido insultando a su esposa con expresiones como 'zorra' o 'puta', de modo constante, la sometía a críticas constantes, menosprecios e intimidaciones». «El acusado presenta un patrón de conducta violenta, sistemático, unidireccional y continuado, con distorsiones cognitivas del papel de la mujer, entendiendo, que siendo su esposa, debía someterse a su voluntad por el hecho de serlo, abuso emocional, celos, intentos de aislarla, limitación de acceso a recursos económicos y prevalencia en la toma de decisiones, dando lugar a que S. M. S. tuviese una actitud sumisa, de ocultación de la situación a terceros, baja autoestima, sentimientos de culpa y actitud minimizadora de la violencia, provocando que fuese adicta al alcohol durante muchos años como forma de afrontar el maltrato», añadía el fiscal en su escrito de acusación.

«El acusado, dos veces por semana de modo sistemático, se dirigía al dormitorio de S. M. S., ya que dormían en habitaciones separadas, y cogiéndola fuertemente por los brazos, haciendo uso de la prevalencia emocional y aprovechando la distorsión cognitiva que ambos tienen sobre sus obligaciones conyugales, con el fin de aplacar sus intentos libidinosos tenía relaciones sexuales con acceso carnal con S. M. S., en contra de la voluntad de esta», se recogía en el escrito del fiscal, que expuso cómo, sobre las 16:30 horas del 24 de julio de 2017, el acusado, tras regresar su mujer al domicilio familiar, atemorizada por una discusión previa, acompañada de un hijo común, le dijo con ánimo de infundirle temor «esta tarde te voy a matar, 'zorra'».

«Ese día comimos los dos con el hijo mayor, yo me levanté para ir a sembrar a una finca que tenemos, pero como calentaba tanto, me fui al sofá un poco a ver la tele. Cerré la puerta delantera y ella salió por la trasera. Cuando se marchó, cerré la puerta trasera. Entonces oí hablar fuera y salí por la delantera, estaba ella con otro hijo y me dijo que por qué le había cerrado la puerta a su madre. Le dije que cerré la de atrás pero que la de delante ya estaba abierta, que había que empujar mucho para abrirla. Le dije que iba a llamar a la Guardia Civil y que a ella le iba a dar una hostia que la iba a matar, pero fue él quien llamó. Si él no avisa a la Guardia Civil y me denuncia, ella no me hubiera denunciado, me han denunciado por intereses», declaró J. P. D., que negó tajantemente que la noche anterior obligara a su mujer a mantener relaciones sexuales con él y que esa tarde del día siguiente pretendiera hacer lo mismo en el sofá.

«La noche anterior sí le dije que fuera a mi habitación, pero tardó en subir. Ni la agarré por los brazos, ni la arrastré hasta mi cama, no tuvimos ninguna relación sexual», aseguró con rotundidad el acusado. «Nunca le he obligado a mantener relaciones sexuales, algún día sí le he dicho que fuera a mi habitación, pero siempre venía insultándome. No me dejaba tener relaciones, le dije que tenía que tener un amante y me dijo que sí, uno más joven y que le daba más gusto», apostilló el acusado, que insistió en que S. M. S. «iba siempre de mala gana y me insultaba, no iba con cariño, como una mujer». «Yo le decía que sí para eso estaba casada», añadió el octogenario, que negó también que tuviera prevalencia sobre ella en la toma de decisiones y que le limitara el acceso a los recursos económicos.

«La cuenta estaba a nombre de los dos, cuando me pedía dinero yo se lo daba. Le daba 250 euros, pero si no tenía bastante, yo le daba más de la pensión que tengo. Los hijos no me insistieron para que le diera dinero, se lo daba yo. Mi mujer tuvo hace doce o quince años tuvo un problema de alcoholismo, le decía que no bebiese, pero los fines de semana iba al bar con los hijos y los nietos y yo le decía que no fuese, que el bar para ella era como veneno», afirmó el acusado, que dijo haber tenido discusiones con su mujer y que cuando se enfada «tengo un temperamento brusco, pero el matrimonio que diga que no las ha tenido, miente».

La Audiencia, en su fallo, considera que S. M. S., durante su matrimonio, «ha estado sometida a los ilícitos deseos libidinosos de su marido, que se materializaban en análogos actos de contenido sexual, aprovechando siempre el acusado la dominación que ejercía sobre la víctima. Aunque los abusos, salvo el último ocurrido el 23 de julio de 2017, por muy frecuentes no se han podido situar en el tiempo, consideramos que responden a un único plan de abuso, a un único designio criminal y un dolo unitario de satisfacer sus deseos libidinosos».

Entiende también la Audiencia que S. M. S. «era sumisa y que su marido ejercía un poder de dominación sobre ella, controlando sus actos, sus amistades, sus idas al Hogar del pueblo para relacionarse con sus vecinas, limitaba su capacidad económica para hacerla más dependiente al no tener acceso directo a la cuenta bancaria, menospreciándola continuamente por las comidas que hacía, y todo esto influyó negativamente sobre su capacidad y voluntad para determinarse y enfrentarse a su marido cuando este le requería para sus actos sexuales, hasta el punto de refugiarse en el alcohol para al menos convivir con ello, según se deduce de su declaración en el plenario, de lo declarado por los dos hijos que testificaron en juicio y por lo informado por el equipo psicosocial adscrito al juzgado que la examinó».