Cien ascensos al Curavacas en memoria de Juanjo y Dani

El Curavacas, con nieve y entre la niebla, durante la búsqueda en aquel enero de 2010. /El Norte
El Curavacas, con nieve y entre la niebla, durante la búsqueda en aquel enero de 2010. / El Norte

El padre de los dos hermanos bilbaínos fallecidos en 2010 en el pico cumple su promesa, pero subirá 26 veces más

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

El pico Curavacas, en la localidad palentina de Vidrieros, se cobró el 27 de enero de 2010 dos muertes, las de los hermanos Juan José y Daniel Rodrigo Prieto, de 35 y 26 años, naturales de Bilbao, que fueron hallados sin vida en la cara sur de la montaña. Sufrieron diversos traumatismos en la pierna y en la cabeza, después de que se produjese un alud de hielo mientras escalaban, pero la causa del fallecimiento fue por hipotermia, debido a las bajas temperaturas registradas en la zona de la Montaña Palentina, según las autopsias realizadas. Los cadáveres fueron localizados a 2.100 metros de altura y separados entre sí, en una zona donde se dieron temperaturas de entre 7 y 12 grados bajo cero, así como rachas de viento de hasta 150 kilómetros por hora, lo que obligó a ejecutar las labores de rescate por tierra.

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El 19 de junio de ese mismo año, más de un centenar de aficionados a la montaña, entre ellos los padres de Juan José y Daniel, se concentraron en Cervera de Pisuerga para tomar parte en un ascenso al Curavacas, en recuerdo a los dos hermanos que perdieron la vida en el pico. Ese día, Luis Rodrigo Manzanedo, padre de las víctimas mortales, pensó para sí honrar a sus hijos subiendo cien veces la montaña palentina, y su promesa acabó cumpliéndola el pasado 19 de septiembre.

«Siempre que he subido, he ido solo, no ha venido nadie conmigo. Así, arriba, si cantaba, reía o lloraba, no quería molestar a nadie, ni nadie me molestaba a mí. Hice las cien el 19 de septiembre del año pasado, yo tenía en mi cabeza esa fecha por mis cosas», subraya Luis Rodrigo. «Pero como siempre recibo mensajes de mucha gente que quiere subir allí conmigo, voy a seguir subiendo por toda esa gente que nos quiere tanto. Cuando a mis hijos les pasó aquello, subieron a ponerles una placa casi doscientas personas, aunque estaban inscritas 126. Yo he subido ya cien veces, pero como tanta gente quiere subir conmigo, he pensado que voy a subir una vez por cada una de esas 126 personas que estaban apuntadas, así que me quedan 26 subidas con la gente que quiera venir conmigo», añade Luis Rodrigo.

«¿Qué cuándo será la siguiente vez que suba? Pues en cuanto haga bueno. Quería el 23 de abril, que ese día cumplo 74 años. Físicamente yo estoy bien, llevo más de treinta años corriendo, voy tres días a la semana a correr porque uno tiene que estar en forma para subir arriba, que son 2.520 metros en la cumbre. Donde voy yo, donde está la placa de mis hijos, allí son 1.950 metros. Tardo en subir una hora y veinte minutos, pero un 27 de noviembre recuerdo que tardé más de cuatro horas porque había muchísima nieve. Pero aquel día tenía que subir, todas las fechas que he subido eran por mis cosas, por un motivo concreto», añade el padre de Juan José y Dani.

«No es amor de padre, pero eran unos hijos que les quería todo el mundo. Cuando subió tanta gente aquel día, me dije para mí que tenía que devolvérselo como fuera, me prometí entonces que iba a subir cien veces. Iba desde abril o mayo hasta noviembre. Las cenizas de mis hijos descansan en Collado Vallejo, en el Naranjo de Bulnes, así que voy allí y al Curavacas. En Año Nuevo estuve allí con ellos, pero no sé que hacer el 23 de abril, si ir allí o subir al Curavacas. Le tengo más cariño al Curavacas, al otro lado habré ido un par de veces al año», señala Luis Rodrigo, que siempre que ha subido al Curavacas apuntaba en libretas que dejaba allí la fecha en que subía.

«Ponía el día, el mes y el año, pero la última vez las traje todas para casa y dejé escrita una dedicatoria más grande. Si he subido cien veces es por el ánimo que tengo, subo como una moto. Soy creyente y después de lo que me ha pasado con mis dos hijos, algunos dicen que cómo creo y que cómo voy a misa, pero son mis creencias las que me hacen subir», concluye el progenitor de Juan José y Dani.