La cervecería Abadía se despide de Julio Gutiérrez

El popular hostelero, Julio Gutierrez se retira tras doce años al mando en la Abadía/Marta Moras
El popular hostelero, Julio Gutierrez se retira tras doce años al mando en la Abadía / Marta Moras

Después de 30 años, Julio abandona la Abadía para poder prestar atención a sus seres queridos

ÁNGEL MARTÍNEZ

Año 1750, los barcos ingleses salían de los puertos de Gran Bretaña para llevar la cerveza con destino la India. La travesía, además de resultar peligrosa e incluso violenta por el fuerte oleaje y otras vicisitudes que sufrían, afectaban al cargamento que transportaban. Enormes barricas de cerveza, que a causa de las temperaturas y todo el tiempo que tardaban en alcanzar su destino final, la India, sufrían un grave deterioro en la calidad, por no mencionar que la mayoría llegaban caducadas, mohosas y agrias.

Siglos han pasado ya desde aquel entonces. Las tabernas han sido sustituidas por bares en pos de la modernidad y La Abadía es uno de esos bares. Destaca por su variedad de productos importados y aún guarda la esencia del proceso evolutivo de esas cervezas de añtaño. Los clientes toman asiento, y en el momento en que sus labios se posan en sus correspondientes bebidas a base de lúpulo, son transportados al pasado, donde reviven en sus carnes, el sabor y la esencia de ese maravilloso brebaje tan disfrutado por sus antepasados.

Depués de 30 años bajo el techo de este establecimiento, La Abadía, primero como camarero por un periodo de 18 años y posteriormente como empresario por otros 12 años, Julio Gutiérrez se retirará finalmente del negocio. Explica que comenzaba a darse cuenta de que el trabajo consumía su vida, «que estaba dejando de lado a amigos, a la familia, a seres queridos que quedaban siempre en segundo plano...».

Pero el hostelero quiere también dejar claro que La Abadía continuará adelante, e insiste en que «va a seguir con la misma política», por lo que sus habituales no deben entrar en pánico, su tasca favorita sigue a flote.

La trayectoria de Gutiérrez como hostelero comenzó desde lo más bajo, «recogiendo los cascos de las botellas», cuando trabajaba en una chocolatería llamada El Mediterráneo, un local que ya no existe a día de hoy». Más adelante, entró en La Abadía, donde comenzó de camarero, para posteriormente, promocionar a empresario y convertirse en el titular del bar en el año 2006.

La Abadía contaba en aquel momento con un menú exclusivo de productos alemanes. Con el transcurso de los años, y numerosas páginas arrancadas en el calendario, lo dispuesto en la carta sufrió variaciones para adaptarse a la sociedad de cada momento, por lo que Julio Gutiérrez asegura que «me pasaba el tiempo corrigiendo un poco los errores que otros jefes cometieron anteriormente».

Este curtido hostelero, sin embargo, no ha querido que su local pierda su esencia principal, su absoluta devoción por las cervezas de importanción. Por ello, desde su experiencia personal recuerda que existe una colosal variedad de cervezas, y comenta que «lo mejor es empezar la mañana con una cerveza Pilsen, ir subiendo el listón poco a poco tras pasar el medio día, ya adentrándonos en la tarde, con una Duvel de origen belga o una Tripel Karmeliet, y finalizar a la noche con una Castle Beer. Alternando entre cervezas rubias, tostadas y negras».

Julio Gutiérrez quiere despedirse de sus clientes y «agradecer a todo Palencia su apoyo y cariño». Y Por ello, también recuerda ese dicho popular tan extendido entre los hosteleros, «no es una despedida, no es un adiós, no es un hasta nunca... Es un simple nos vemos en los bares».

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