El carné ya no es lo primero

Gabriel, de la autoescula de Guardo, imparte una clase. /Antonio Quintero
Gabriel, de la autoescula de Guardo, imparte una clase. / Antonio Quintero

El perfil de los inscritos en las autoescuelas ha cambiado; solo la mitad son jóvenes y abunda ahora gente más mayor que busca autonomía

INÉS MACHO

Hace cincuenta años, las ganas de los jóvenes por sacarse el carné de conducir eran tan apremiantes como las de retirar los pantalones cortos del ropero: un paso más, o el paso clave, hacia la edad adulta. Hoy, las condiciones que afectan a los jóvenes y sus prioridades han cambiado, tardan más en ponerse al volante, y a menudo, lo hacen a regañadientes.

Uno de los factores más determinantes es el económico. De media, un alumno invierte entre 800 y 1.000 euros en la obtención del carné, suponiendo que aprueba todo a la primera y que realice entre 20 y 30 prácticas de conducir. Antes, no hace falta decirlo, se practicaba de forma autodidacta, lo que actualmente entrañaría aún más riesgos por el considerable aumento del tráfico y sobre lo cual hay un control mucho más estricto.

Las reformas educativas también tienen su peso, según apunta Juan Carlos Oliver, profesor de la Autoescuela Guardo en Palencia. «Con el Plan Bolonia los estudiantes tienen los tiempos cada vez más ajustados, no paran entre la universidad, formaciones, cursos y prácticas complementarias. Es normal que les queden pocas ganas para ponerse a estudiar el carné, porque es un trabajo, y son imprescindibles tres cosas: dinero, tiempo e ilusión», explica.

En cuanto a la ilusión, ha habido un cambio de mentalidad importante respecto a generaciones anteriores. «Cuando llegan con 18 años, son a menudo los padres quienes han tomado la iniciativa y no los hijos. Ellos prefieren quizá un móvil, el reloj ese que sincronizas con el 'whastapp' o, sobre todo, irse de viaje», aclara Juan Carlos Oliver. No obstante, la posesión del permiso, apunta, «sigue constituyendo una mejora sustancial del currículum».

El éxodo rural también ha jugado su papel en estas nuevas dinámicas, junto al aumento del número de adolescentes que cursan sus estudios fuera de sus ciudades, donde hacen más uso del transporte público y no cuentan con el vehículo familiar, del que tendrían más posibilidades de disponer en sus ciudades natales.

El perfil de los inscritos en las autoescuelas ha cambiado. «Solo en torno a la mitad de los alumnos son jóvenes, ahora también hay mucha gente de unos 40 años que nunca se sacó el carné y se da cuenta de que da una autonomía necesaria», aclara Oliver. «Ahora, la única forma de mantener a flote una autoescuela es diversificando el mercado, no centrarse solo en la expedición de carnés a particulares sino abrirse a empresas, asociaciones... La demanda ha cambiado y hay que hacerlo a la par», señala.

Ello se refleja en que la expedición de permisos de tipo B, el que habilita para la conducción de turismos, ha bajado notablemente en la última década. Aunque las inscripciones para la obtención del carné de moto experimentan un ligero repunte.