El brote de setas por las últimas lluvias augura una buena campaña micológica en Palencia

Miembros de la Asociación Micológica Corro de Brujas, durante la salida del pasado sábado./Marco Alonso
Miembros de la Asociación Micológica Corro de Brujas, durante la salida del pasado sábado. / Marco Alonso

Los primeros boletus ya se han recogido en la Montaña Palentina, donde la especie comestible que ha brotado con más fuerza es la macrolepiota procera

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Ya está aquí. El otoño irrumpió en el calendario el pasado 23 de septiembre y, con su llegada, los campos y montes del norte de Palencia han comenzado a experimentar por fin una explosión de setas y hongos que no se registraba desde hace cuatro años a estas alturas del año. Las lluvias que se han vivido en las últimas semanas han servido para que las variedades que suelen salir en esta época broten con fuerza en la Montaña Palentina. La especie comestible que más abunda en la actualidad es especialmente la 'macrolepiota procera' –comúnmente conocida como parasol o galamperna– que ha registrado un gran brote, junto a especies tan cotizadas como el champiñón o la barbuda que auguran que, si nada cambia, la temporada micológica otoñal será buena en esta ocasión.

Poco a poco se han comenzado a ver incluso los primeros ejemplares de boletus de diferentes clases en la montaña y solo hace falta que las lluvias no cesen para que las zonas de pinares vuelvan a albergar níscalos, los grandes ausentes de las últimas campañas. Los presagios son excelentes y han sido decenas las personas que han decidido pasarse este fin de semana por los montes del norte para disfrutar de una jornada de campo con la que, de paso, llenar la despensa. No obstante, es necesario que las condiciones se mantengan para que esta enorme irrupción no quede en agua de borrajas en un abrir y cerrar de ojos, tal y como indica Javier Alonso, presidente de la Asociación Micológica Corro de Brujas. «Yo sé que en dos días esto se pone malo. He estado en montes en los que no cabía una seta más, en los que no sabía dónde poner los pies porque las pisas, y volver al sábado siguiente y no ver absolutamente nada. Los tiempos son muy importantes para la micología», explica Javier Alonso.

La lluvia y las temperaturas de estas últimas semanas se han convertido en las mejores aliadas de las setas, que se han encontrado con las mejores condiciones para brotar, y en esta ocasión la irrupción de macrolepiotas ha sido especialmente abundante. Desde la Asociación Micológica Corro de Brujas informan de que es de vital importancia hacer una serie de comprobaciones antes de meter una de estas setas en la cesta, ya que se puede confundir con especies venenosas. «Hay que desechar aquellas que enrojecen cuando les cortamos el pie. No todas las 'macrolepiotas' son comestibles», explica Alonso, que recuerda que las setas pueden ser un manjar o un veneno mortal. «La gente tiene que tener muy claro que una seta tan pequeña como una uña te puede mandar al otro barrio. Para comer una seta, tenemos que saber con seguridad qué nos estamos llevando a la boca», recalca.

Las aguas que han caído en agosto y septiembre presagian un buen año, pero ahora falta lo más importante: que el viento y el sol no hagan acto de presencia en los montes y que las heladas tarden en aparecer. «Ahora mismo está habiendo unas explosiones de macrolepiotas que yo no he visto en la vida. También ha habido otra de amanita cesárea impresionante, pero en sitios muy concretos. Nunca jamás he visto más amanitas cesáreas que este año, pero han salido solo en el área donde cayeron las tormentas», explica Alonso sin desvelar ese lugar. Y es que, si hay un secreto que ningún amante de la micología revela es el punto exacto en el que ha conseguido sus mejores recolecciones y la amanita cesárea, denominada así por ser un manjar a la altura de un César, es uno de los productos estrella.

En lo referente a la legislación, cada municipio regulariza la recogida de una manera distinta y la Junta de Castilla y León reguló hace dos años por decreto la conservación, gestión, aprovechamiento sostenible y comercialización de los recursos micológicos silvestres. La resolución limitó a 3 kilos al día la cantidad de hongos que podrán recoger los denominados recolectores esporádicos en aquellos terrenos no cercados y sin señalizar por los propietarios, una medida que los expertos consideran necesaria, pero ineficaz. «¿Quién vigila que se cumple la Ley? ¿Un terreno libre que cumpla la normativa de 3 kilos al día va a estar vigilado por los Agentes Forestales o solo se van a mirar los cotos de los Ayuntamientos? Está claro que no hay gente suficiente para controlar que se cumpla la norma», afirmó Javier Alonso, que piensa que se han ido dando pasos en la dirección correcta, pero tan cortos que se ha conseguido avanzar muy poco.