Dos amigas se acusan de ocupar en Palencia una oficina alquilada como vivienda

Dos amigas se acusan de ocupar en Palencia una oficina alquilada como vivienda

La denunciante argumenta que lleva residiendo desde enero de 2018 en una oficina y que el pago lo hace su amiga porque a ella, sin recursos, no le hacen un contrato

El Norte
EL NORTEPalencia

Una mujer de 41 años, M. G. G., ha denunciado en la Comisaría de Policía de Palencia a otra mujer de 39 años, M. P. C., amiga suya, por ocupar una oficina en la que ella vive y haber cambiado la cerradura de la misma, dejándole sin sus pertenencias.

La denunciante afirma que desde el 6 de enero de 2018 lleva viviendo en una oficina en la calle Travesía Secretario Vázquez en régimen de alquiler, pagando 150 euros al mes y que el pago lo hace su amiga, M. P. C., que es propietaria de un bar en la calle Los Olmos. M. G. G. Asegura que el contrato de alquiler está a nombre de su amiga, ya que ella carece de recursos económicos y no le alquilan dicho habitáculo, por lo que su amiga se prestó voluntaria para alquilar la oficina a su nombre, abonándole ella todos los gastos que conllevase el alquiler.

Asegura la denunciante que en enero de 2018 no tenía dinero, por lo que sufragó los gastos de alquiler su amiga hasta hace un mes, cuando M. G. G. recibió un dinero de una indemnización y saldó la deuda con 450 euros. Desde entonces, no había pagado nada a su amiga y M. P. C. tampoco había pagado a la inmobiliaria los meses de febrero y marzo, acumulando 300 euros de deuda.

M.G.G. señala que en ningún momento le ha pedido dinero su amiga, pero que al volver un día a la oficina, que utiliza como domicilio y en el que guarda todas sus pertenencias, se encontró con que alguien había cambiado la cerradura. Al decírselo a M. P. C., esta le dijo que habían anulado el contrato con la inmobiliaria, que es ella la que había cambiado la cerradura y que «la va a dejar desnuda».

Por su parte, M. P. C. declara que la oficina la alquiló ella «por propio interés» y que en ningún momento acordó dejárselo a M. G. G., que esta le dijo que si podía dejar las maletas y que le respondió que sí, dándole las llaves, pero que cuando volvió a la semana siguiente, se encontró con que había cambiado la cerradura.