Álvaro Tato, dramaturgo: «Nuestro idioma tiene el legado literario más grande del planeta»

Álvaro Tato, durante la presentación de la obra 'Todas hieren y una mata', ayer en el Teatro Principal. /Marta Moras
Álvaro Tato, durante la presentación de la obra 'Todas hieren y una mata', ayer en el Teatro Principal. / Marta Moras

El Festival de Teatro llega a su penúltima jornada con 'Todas hieren y una mata', una comedia en verso del Siglo XXI

JESÚS GARCÍA-PRIETOPalencia

Álvaro Tato es una de esas personas multitareas que todavía quedan en la España del Siglo XXI. Poeta, dramaturgo y actor con un amplio currículum, vinculado a la Compañía Nacional de Teatro Clásico con obras como 'El perro del hortelano', pero también escritor de sus propias funciones como 'Nacida Sombra', llega ahora al Festival de Teatro Ciudad de Palencia con 'Todas hieren y una mata', una comedia que viaja entre el Siglo XXI y el XVII, dirigida por Yayo Cáceres.

–'Todas hieren y una mata' es una reflexión sobre el paso del tiempo...

–La esencia del espectáculo de esta comedia de capa y espada, homenaje a Lope, Calderón, Tirso y todos los grandes que convirtieron un siglo normal en el Siglo de Oro es precisamente eso, el paso del tiempo, de las horas, la sensación de que se nos escapa entre los dedos como arena y el intento de convertir eso en una comedia desde en verso y desde la belleza del Siglo de Oro. El desafío era si se podía escribir hoy una comedia barroca con sus 2.500 versos, y lo hemos conseguido.

–¿Es fácil para un autor contemporáneo escribir en verso como lo hacían los clásicos?

–Es una gozada, pero es sobre todo un desafío tener que enfrentarse a esos moldes. He de decir que parece que es algo raro escribir en verso el teatro, pero en realidad el teatro siempre ha sido en verso. Solamente a mediados y finales del Siglo XX se ha ido desterrando el verso, pero incluso en épocas en las que la prosa ocupó los escenarios gente como Lorca demostró que se puede y se debe seguir intentando escribir un teatro poético. Lo que te permite el verso son tres cosas. La primera que el verso es música. La música es tan directa y sensual que entra por los oídos y va directa al corazón. La segunda es que la poesía te permite una gran labor de síntesis. La tercera, es que la poesía es belleza lingüística y literaria. Cuando uno se pone a escribir en verso e imita el sistema que inventó Lope de Vega, uno se da cuenta de que los textos vuelan, se activan y sobre todo el público se entrega a una belleza inesperada. Es una labor de nuestros dramaturgos, repensar el verso como una posibilidad de salir de los cotidiano y ofrecer al Siglo XXI una nueva propuesta estética.

–¿Cómo se siente más cómodo, adaptando obras de los grandes como Lope de Vega o Calderón de la Barca o escribiendo las suyas?

–Las adaptaciones que he tenido el placer de asumir junto a Helena Pimenta en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, han sido una gran escuela. Resulta por un lado mucho más fácil porque ya están hechas las grandes obras de Lope o Calderón. Ellos son maestros absolutos de como contar historias. Tenemos que cuidarles, protegerles y tratarles con respeto. La sensación de escribir un texto propio es mucho más de piscina olímpica helada, pero como decía un colega: «a las piscinas olímpicas hay que entrar por la escalerilla e intentar contar nuestras propias historias como han hecho los artistas durante todas las épocas».

–Usted es un enamorado del teatro clásico y ha planteado una revisión sobre el Siglo de Oro, ¿cree que hoy en día se conocen a los grandes o queda mucho por redescubrir?

–Queda mucha labor por hacer, sobre todo educativa. Las generaciones de jóvenes y niños son los que van a poder tomar esta herencia y reconvertirla, pero también creo que hay muchísimo caminado. Ha habido una maravillosa etapa con Helena Pimenta a cargo de la Compañía Nacional. Hay un montón de compañías privadas como Noviembre Teatro, Nao d'amores e incluso nosotros desde Ron Lalá, que intentamos hacer unas aproximaciones a la cultura clásica muy activa. Hay mucho por hacer, pero ya estamos en camino. Sueño con una España futura en la que la gente no solo ame los clásicos sino que los lleve por el mundo. Tenemos una gran deuda con internacionalizar los clásicos españoles con la misma gracia y orgullo que demuestra la cultura anglosajona. Shakespeare es una maravilla, pero nosotros tenemos a Tirso de Molina, Calderón, Lope, Cervantes, Quevedo, Góngora, Santa Teresa por citar a los siete grandes.

–En ese sentido, ¿cree que los españoles no sabemos promocionar a nuestros grandes como hacen en la cultura anglosajona?

–Podemos y sabemos, pero ha existido un cierto prejuicio con lo clásico en las últimas décadas. Nuestros clásicos son un presente continuo, porque nos cristalizan las verdades de la vida, del amor o de las relaciones. Tenemos un legado y un patrimonio que no tiene ningún país porque nuestro idioma tiene el legado literario más grande del planeta. Hay que revitalizarlo y redescubrirlo. El público disfruta tanto con Lope como de Shakespeare, con Cervantes como con Molière.

–¿Qué queda hoy en día del Siglo XVII?

–¡Qué bonita pregunta! Queda muchísimo más de lo que nos imaginamos. Los que estudiamos el Siglo de Oro vamos descubriendo página a página que todo lo que nos sucede a la sociedad contemporánea es un reflejo de lo que ocurría en aquel entonces. Ahora mismo estamos viviendo la maravillosa aurora de las mujeres, es el siglo de la voz femenina hablando en primera persona. En el Siglo de Oro esta prefijado en las voces de Santa Teresa o Sor Juana por ejemplo. En este siglo estamos viviendo el tema de la corrupción, ese tema esta literal en todo el teatro de la picaresca desde el Lazarillo hasta Guzmán de Alfarache, pasando por El Buscón Don Pablos. Todo lo que nos pasa como nación está ya contenido en esos clásicos. Respiramos el Siglo de Oro.

–¿Había estado con anterioridad en Palencia?

–Visitamos Palencia con la compañía Ron Lalá un montón de veces, la queremos muchísimo. Creo que tenemos pendientes muchos paseos por allí y nos une una gran conexión. Para mí es todo un lujo.