Alba, la bebé nacida en Kiev por gestación subrogada, ya sonríe bajo el sol de Palencia

Ana Reyes Rodríguez y Fernando Frontela, con su hija, en su casa de Palencia. /Marta Moras
Ana Reyes Rodríguez y Fernando Frontela, con su hija, en su casa de Palencia. / Marta Moras

La recién nacida duerme por fin en su cuna, en el barrio del Ave María

PILAR ROJOPalencia

«Ha pasado sus dos primeros meses de vida en Kiev, una ciudad donde la nieve nos superaba la rodilla y el frío era tremendo. Cuando esta mañana la hemos sacado de paseo por el barrio y le daba el sol en la cara, Alba sonreía». Ana Reyes Rodríguez y Fernando Frontela llegaron a las 5:00 horas de hoy a su vivienda, en el barrio del Ave María, con su bebé nacido en Ucrania de un vientre de alquiler. Atrás han dejado dos meses que empezaron siendo un sueño, «su nacimiento, el día de San Nicolás; la Navidad, con nieve como en los cuentos; el poder compartir la felicidad de nuestra primera hija con parejas que pasaban por la misma situación», pero que han sido una pesadilla por la negativa del Consulado a darles el pasaporte o cualquier documento que les permitiera regresar a España con su hija como ciudadana española. Afortunadamente esas vivencias, toda la parte negativa, ha quedado en la sombra a la llegada a Palencia.

«Llegamos en la noche del miércoles en un vuelo directo al aeropuerto de Barajas, alquilamos un coche y, con un par de paradas para dar el biberón a la niña, hicimos un viaje muy tranquilo hasta Palencia. Llegamos a las 5:00 horas y mis suegros ya nos estaban esperando. Se emocionaron al ver a su hijo, dos meses después del viaje, y al conocer a su nueva nieta, a la que no paraban de encontrarle parecidos con Fernando», comenta Ana Reyes.

La niña se muestra feliz en su nueva casa, duerme de maravilla en su cuna, la cara se le ilumina de felicidad cuando le da el sol por la calle y, «aunque lógicamente no puede hablar, se le nota en todos los gestos que se siente feliz», explicaba su orgullosa madre.

La casa de Fernando y Ana Reyes se transformó en un auténtico peregrinar de visitas. Abuelos, tíos, hermanos, primas, amigos... «Nos sentimos superfelices de que toda nuestra familia y nuestros amigos, los que nos han ido acompañando en la distancia, puedan conocer por fin a nuestra hija», recalca Ana Reyes.

Aclimatarse a su vivienda de nuevo, a los horarios de la bebé y, en definitiva, a la rutina, serán sus retos más inmediatos. Pero la familia Frontela-Rodríguez tiene otros compromisos, para ellos lo que han vivido representa algo más que un conjunto de anécdotas que se ordenan en su memoria cronológicamente con las primeras semanas de vida de su niña. «Nosotros ahora tenemos dos familias. Nuestra familia de aquí, nuestros padres, hermanos, sobrinos, amigos... y las familias con las que hemos compartido estas vivencias en Kiev. Son nuestra otra familia, la de los guerreros, los luchadores, y seguimos a su lado. Al lado de quienes han viajado con nosotros, pero también al lado de quienes se quedaron allí, de los que no lo van a tener fácil para inscribir a sus hijos como ciudadanos españoles al cambiar la ley», comentaban.

Alba ha viajado con un salvoconducto, pero con la condición de ciudadana española, ya puede ir al pediatra, solicitar su tarjeta sanitaria, pedir el DNI y hacerse un pasaporte. Porque Alba Frontela, como dicen sus padres, nació en Kiev pero es ya palentina.