25 años sin las niñas de Aguilar

Manuela Torres (arriba) y Virginia Guerrero, en 1992, poco antes de su desaparición./
Manuela Torres (arriba) y Virginia Guerrero, en 1992, poco antes de su desaparición.

Virginia Guerrero y Manuela Torres desaparecieron el 23 de abril de 1992 cuando volvían de fiesta de Reinosa

EL NORTEpalencia

Aunque haya casos más mediáticos, como el de la joven Diana Quer, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, tiene claro que todos los casos deben tratarse con el mismo interés y profesionalidad. Los Cuerpos de Seguridad del Estado tienden puentes para investigar los casos de personas desaparecidas sin causas aparentes. Así, evitar duplicidades, sumar esfuerzos y coordinar los operativos son las bases sobre las que se sustenta el nuevo Centro Nacional de Desaparecidos puesto en marcha el mes pasado.

«Los dispositivos se despliegan en función de las pruebas que se tienen y a las necesidades de los casos. Hay quien cree que son insuficientes, pero se ponen en marcha todos los protocolos», ha dicho el ministro para responder a las críticas de algunas familias de desaparecidos de las que no se tiene ni se ha tenido ni rastro.

Y es que hoy se cumplen ya 25 años desde dos niñas aguilarenses de 14 y 13 años, Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bouggefa, decidieron pasar la tarde festiva del Día de Castilla y León en Reinosa. Después de un tiempo en esta localidad, se hizo la hora del regreso. En la carretera, un coche blanco se paró delante de las chicas cuando hacían autoestop y las recogió. Desde entonces, nadie las volvió a ver ni a saber nada de su paradero.

El destino de Virginia Guerrero y Manuela Torres es otro de los casos más misteriosos de desapariciones que se han producido en las últimas décadas.

El anuncio de la desaparición de las dos niñas provocó innumerables llamadas de personas que aseguraban haberlas visto en una y otra parte del país, incluso en Francia, donde la Interpol abrió algunas líneas de investigación sin resultado.

Incluso seis años después de la desaparición, un joven cántabro había informado a la Guardia Civil que había estado residiendo con un grupo de okupas en varios locales de Madrid y Barcelona, donde creyó haber visto a ambas jóvenes.

El caso sigue siendo una asignatura pendiente de los Cuerpos de Seguridad de Palencia, a pesar de que con todo el tiempo que ha transcurrido ya no se reciben llamadas anónimas ni existen indicios por los que proseguir la búsqueda. Y a medida que cesaron las pistas, la desaparición de las dos adolescentes ha generado innumerables preguntas, que suelen desembocar en las más fáciles: ¿por qué no se han comunicado con su familia?, ¿cómo es posible que al principio de la investigación no hubiera más pistas sobre las que seguir un rastro?

Un calvario

La desaparición ha supuesto un calvario para las familias de las dos jóvenes, que a duras penas han conseguido rehacer sus vidas sin ellas, pero sin perder la esperanza de que un día puedan encontrarlas y abrazarlas. De hecho, han recorrido las comisarías de todo el país en busca de ayuda y de algún indicio sobre su paradero.

El caso sigue en los archivos del Juzgado de Cervera de Pisuerga, pero sin ningún nuevo dato que permita reabrirlo o sumar nuevas pruebas a la investigación. Después de 25 años, ya no se reciben llamadas y no hay nuevos indicios por los que seguir la búsqueda. Sin embargo, un día como el de hoy, en la memoria de todos los vecinos de Aguilar de Campoo sigue vivo el recuerdo de Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bouggefa, que hoy tendrían 39 y 38 años, respectivamente.

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