José Carlos Brasas: «Victorio Macho fue pionero de la modernidad artística en España»

José Carlos Brasas Egido, el jueves en su domicilio de Valladolid, muestra las ilustraciones de su libro del busto de Unamuno y de la madre del escultor./
José Carlos Brasas Egido, el jueves en su domicilio de Valladolid, muestra las ilustraciones de su libro del busto de Unamuno y de la madre del escultor.

El autor de la única monografía sobre el escultor, publicada en 1987, considera que Palencia no tiene ninguna deuda con el artista

FERNANDO CABALLEROpalencia

Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca, ya jubilado, el vallisoletano José Carlos Brasas Egido es el autor de la única monografía que existe sorre Victorio Macho, escultor del que este año se conmemora el quincuagésimo aniversario de su muerte. El libro, titulado Victorio Macho. Vida, arte y obra, lo editó la Diputación en 1987 con motivo del centenario de su nacimiento y en 1998 salió la segunda edición, y del que se han vendido unos dos mil ejemplares. Brasa Egido es desde 1982 académico de número de la Real de Bellas Artes de Valladolid. Con 38 años de actividad docente e investigadora, ha publicado numerosos libros y artículos y formó parte del equipo que redactó los dos tomos del Inventario artístico de Palencia y su provincia, que editó el Ministerio de Educación y Ciencia en 1977 y 1988. Sobre el robo de las obras de Macho en Roma, declina hablar en la entrevista para centrarse en el conjunto de su producción.

¿Qué le atrajo de Victorio Macho?

Ya en mis lejanos años de estudiante en la universidad de Valladolid, en la biblioteca del departamento de Historia del Arte tuve ocasión de leer el libro que tras el fallecimiento del artista se publicó con sus Memorias, y me impresionó vivamente su pasión por su trabajo y su entusiasmo por el arte. Me llamó poderosamente la atención su fascinante personalidad como hombre y como escultor, su evolución y trayectoria artística, todo ello admirablemente contado por el propio Victorio Macho. En resumen, me cautivó su lectura, y desde entonces mi interés por su figura y su obra fue en aumento.

¿Por qué le dedicó una monografía?

A pesar de que se habían publicado ya numerosos artículos y algún que otro librito y catálogo sobre Victorio Macho, faltaba una monografía en la que se abordara en profundidad su vida, arte y obra. Yo había publicado ya algunas monografías de artistas de su tiempo, pintores sobre todo, como por ejemplo la de su amigo el pintor vallisoletano Anselmo Miguel Nieto, y tras ello me propuse abordar un trabajo de investigación sobre un escultor importante y significativo del panorama español de las primeras décadas del siglo XX, uno de los más representativos del arte castellano, un artista como Victorio Macho que, por otra parte, siempre me había interesado mucho.

¿En qué estilo o tendencia ubica la escultura Victorio Macho?

En el movimiento de renovación de la escultura española que se inicia a comienzos del siglo XX, un arte anclado por un lado en la tradición realista castellana pero en constante evolución hacia una modernidad que en el caso de Victorio Macho va a combinar con un aliento clasicista que es patente a lo largo de toda su producción. Lo mejor de su obra se enmarca dentro de una moderna figuración, geometrizada, de signo neocubista, muy en relación con el Art Déco, en boga por entonces en las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX.

¿Cómo era Victorio Macho como escultor?

Un apasionado de su trabajo, un artista con una vocación y una entrega fuera de lo común. Se sentía heredero de los grandes imagineros del Renacimiento, de ahí su fervor y entusiasmo por su paisano Alonso Berruguete. Victorio Macho vivió por y para su arte. Aun en los momentos más duros, como cuando hubo de abandonar su país, su energía, tenacidad y entusiasmo nunca decayeron. Fue un escultor innovador en su tiempo y a la vez heredero de la tradición escultórica castellana.

¿Qué etapas caracterizan la obra de Macho?

En mi libro distingo cuatro grandes etapas: una época de juventud (1903-1920); la época de madurez en la que se suceden toda una serie de obras, maestras, obras ya de plenitud (1920-1937); en tercer lugar, su etapa y producción en Hispanoamérica (1939-1952) y por último, la etapa final toledana.

¿Qué papel tiene en la historia de la escultura española?

Fue uno de los miembros más importantes del movimiento renovador de la escultura contemporánea española, reaccionando contra el academicismo de la escultura del siglo XIX, durante mucho tiempo vigente. Puede afirmarse que fue un pionero de la modernidad artística en España.

¿Tuvo mientras vivía el reconocimiento que merecía?

Yo creo que sí lo tuvo, tanto en España como en sus años en América. Fue siempre un artista muy estimado y admirado. Incluso en sus últimos años, cuando su escultura había quedado ya superada por las nuevas corrientes más vanguardistas, los escultores más jóvenes siempre lo tuvieron como un referente, lo consideraban como un escultor de una fuerza y personalidad arrolladoras, un ejemplo a seguir.

¿Y tras su muerte?

Como acabo de decir, nunca perdió esa alta consideración. Sí es verdad que tras su muerte conoció años de olvido al quedar un tanto marginado por las vanguardias. En ese sentido, es significativo, como sabemos, que su casa museo en Toledo estuviera cerrada durante 15 años, pero tras esa etapa y sobre todo a partir del centenario del escultor en 1987 se sucedieron los homenajes, exposiciones, artículos y publicaciones sobre su obra. Su museo de Roca Tarpeya después de ser rehabilitado y tras abrir sus puertas en julio de 1999 ha contribuido notablemente a mantener vivo su recuerdo y su fama como escultor hasta nuestros días

¿En la actualidad, cincuenta años después de su muerte, está suficientemente reconocido?

Pienso que no tanto como debería. En ese sentido, artistas de otros ámbitos y comunidades han sido mucho más promocionados, a través de importantes exposiciones y publicaciones magníficamente editadas. Con todo, Palencia, sin embargo, siempre se ha volcado con su escultor, pero no ha sido así tanto a nivel regional como nacional.

¿Qué le parece la conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte del escultor?

Me parece positiva y muy acertada la iniciativa, es muy de elogiar ese entusiasmo de las instituciones y en general de los palentinos que siempre se han implicado en la labor de dar a conocer la figura y el legado de uno de sus artistas más representativos, no solo en el ámbito local, sino también fuera de Palencia.

¿Qué conclusiones se debe sacar de la conmemoración de este aniversario?

La principal es que tenemos que dar a conocer más y mejor nuestro patrimonio artístico, propagar nuestro arte y nuestros artistas, y no limitarnos tan solo a unas fechas conmemorativas, tras las cuales olvidar sin más esa defensa y promoción de nuestros grandes creadores que debe ser permanente.

Una las actividades de la conmemoración son varias exposiciones de dibujos. ¿Qué caracteriza a los dibujos de Macho?

Son ante todo los dibujos de un escultor, de trazo vigoroso y recia factura, unos dibujos que en su mayoría denotan la concepción plástica de su autor. Desde los primeros que realizó, como los de la serie juvenil de los Dibujos de la Raza llaman la atención por su extraordinaria fuerza expresiva.

¿Se pueden establecer diferencias entre los monumentos públicos que realizó en España y los de América?

A mi modo de ver, los realizados en España antes de su etapa americana son mucho mejores. Recordemos los dos del parque de El Retiro dedicados a Pérez Galdós y aRamón y Cajal o el monumento dedicado a Elcano en Guetaria. En los que le encargaron después, en Colombia, Panamá o en Lima se dejó llevar por un exceso de grandilocuencia y colosalismo. Ello no obstante, pienso que también son muy interesantes y no exentos de cierta modernidad.

¿Cuál es en su opinión, el monumento más logrado de Macho?

Creo que el ya citado de Ramón y Cajal, en el Retiro madrileño, siempre me ha parecido que es su obra maestra.

Las dos obras que posee en Palencia son el Cristo del Otero y el monumento a Alonso Berruguete. ¿Dónde situaría estas dos obras en el conjunto de su producción?

El Cristo del Otero es una de sus obras más innovadoras y de mayor modernidad, por su concepción constructivista y los evidentes ecos postcubistas. La verticalidad y majestuosidad del Cristo le convierten sin duda en una de sus creaciones más singulares. El monumento a Berruguete, con ser un conjunto alegórico acertado y evocador del genio del gran imaginero palentino del Renacimiento acusa ya el declive de su última etapa y la pérdida de facultades del artista, ya por entonces de muy avanzada edad. Como es sabido, poco después enfermaría gravemente del mal de los escultores, la silicosis, dolencia que en unos años sería la causa de su fallecimiento.

¿Por qué cree que no dejó a Palencia su legado cuando quiso ser enterrado en Palencia?

Aunque es indudable que amaba profundamente su ciudad natal y siempre se sintió muy palentino, Victorio Macho era también un enamorado de Toledo; pensaba que en la Ciudad Imperial, cerca de Madrid, su legado artístico sería más y mejor conocido, tendría una mayor proyección. Por ello optó por dejar su obra en su casa museo de Toledo, en cuya construcción había puesto toda su ilusión desde su vuelta de América.

¿Cree que Palencia tiene una deuda con Victorio Macho o la ciudad le dio al escultor más que él a la ciudad?

Yo pienso que no hay tal deuda, Palencia ha hecho desde siempre por Victorio Macho una gran labor de difusión sobre su figura y su obra. Los palentinos han sido siempre generosos y muy entusiastas a la hora de homenajear a uno de sus artistas más emblemáticos.

¿Después de su monografía se ha vuelto a aportar algo novedoso por parte de usted o de algún otro investigador?

Después de mi libro, editado en el año del centenario, 1987, y años después, una vez agotado, reeditado en 1998, se celebraron algunas exposiciones importantes como la que tuvo lugar en ese último año en la Fundación Díaz Caneja o la que con el título de Victorio Macho. La mirada tuvo por marco el claustro de la catedral, entre octubre del 2002 y enero del 2003. Con motivo de ambas se redactaron sendos catálogos del primero también fui su autor y en ambos se profundizaron en algunos aspectos relativos sobre todo al mejor conocimiento de su ideario estético y la modernidad de su obra.

 

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