A Brasil desde el claustro palentino

Las monjas dominicas sor Sara y sor María Jesús y ltres as novicias (a la dreecha). /
Las monjas dominicas sor Sara y sor María Jesús y ltres as novicias (a la dreecha).

Tres novicias brasileñas se preparan en el convento de Nuestra Señora de la Piedad para recuperar la comunidad del monasterio de Cristo Rey en su país

CONCHI VICENTE (ICAL)

Tenían su vida hecha, una profesión, un trabajo, planes de formar una familia pero la llamada de Dios les cambió el rumbo: «El Señor me ha mirado con mucho amor y misericordia, y él y su espíritu me han hecho dar este paso». Sor Alicia, paraguaya de 26 años y licenciada en Medicina; sor María Cecilia, 25 años, brasileña, técnico en Contabilidad y un largo noviazgo, y sor María Lourdes, brasileña de 38 años, maestra y en la cabeza los nombres que tendrían sus hijos. Son las tres mujeres que acaban de iniciar el noviciado en el monasterio de clausura de Nuestra Señora de la Piedad de Palencia, donde se formarán durante unos cuatro años para llevar a cabo la misión de recuperar la histórica comunidad del monasterio de Cristo Rey en Sao Roque (Brasil), único de la orden de las dominicas del país cuya existencia peligra por falta de vocaciones.

Este año se cumple el 800 aniversario de la fundación de la Orden de Predicadores de Santo Domingo, y en una feliz coincidencia, la congregación de dominicas de Palencia ha recibido el encargo de hacer resurgir la comunidad brasileña. «Una prueba de que la orden está viva y que tenemos una misión desde nuestra particularidad de la clausura», afirma sor María Jesús Gil, encargada de la formación de las novicias.

Al otro lado del locutorio, sentadas junto a sor Sara, ayudante de la maestra sor María Jesús, las tres novicias no dejan de reír y gastarse bromas. Confiesan que aunque la decisión de tomar los hábitos y asumir el encargo de ser las destinadas a reactivar el monasterio de Cristo Rey fue difícil, se sienten felices por la acogida de las dominicas de Palencia y de todo lo que les ofrece la vida de clausura que, apunta, dista mucho de lo que popularmente se cree.

Las tres dieron el paso definitivo de iniciar el noviciado tras asistir a encuentros vocacionales en el propio cenobio brasileño, hasta donde ha viajado en varias ocasiones sor María Jesús para ofrecer la posibilidad de una vida conventual entre las asistentes. Y es que además de la formación, la dominica tiene el encargo de incorporar a la orden el número suficiente de novicias que formarán parte del monasterio brasileño. Junto a las tras que ya se encuentran en Palencia, otras dos esperan en Paraguay concluir los trámites burocráticos que les permitirán viajar hasta España para poder incorporarse a la congregación.

Sor María Jesús apunta que con un número de entre seis o siete monjas sería suficiente para repoblar el convento de Brasil, porque después, ellas mismas tendrían ya capacidad para formar a nuevas novicias.

Sor María Alicia, entre tímidas risas, es la primera que empieza a hablar y relata su historia. Cuenta que estaba estudiando Medicina cuando empezó a sentir su inquietud vocacional, lo que la llevó a acudir a grupos donde la palabra de Dios le hizo entender que en su búsqueda primero tendría que encontrarlo a Él. No obstante, y pese a su vocación, se le planteó la disyuntiva de elegir entre ayudar a los demás a través de la Medicina o a través de Dios, pero descubrió que «yo tenía que ser la camillera no el médico y que muchas veces es el alma la que necesita más atención que una enfermedad física».

Sor María Cecilia, que en vez de tímidas risas sufre lo que ella llama crisis de risa, asegura que su vocación se remonta a mucho más tiempo atrás, a cuando solo tenía cinco años. De padres muy piadosos y religiosos, dice que fue durante un sermón en el que el sacerdote hablaba del amor de Dios cuando fijó su vista en la Cruz y sintió la llamada. Pero, agrega, el tiempo pasó y empezó a hacer planes que incluían familia e hijos. Estudió, encontró un trabajo estable con un buen sueldo y hasta mantuvo un noviazgo, pero «Dios me buscó en cada esquina, hasta que me encontró».

La vocación de sor María Lourdes surgió mucho más tarde. Fue durante su participación en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, en 2011, en un momento en el que tenía planes de un futuro que incluían marido e hijos cuyos nombres ya había decidido. Regresó a Río de Janeiro, encontró trabajo bien remunerado y en su mente se mantenía la idea de formar una familia, pero sentía que no era feliz y que necesitaba algo más. Empezó a participar en el encuentro vocacionales que le que tres años después le llevaron a conocer a sor María Jesús en un encuentro en el monasterio de Cristo Rey.

Pese a que la decisión de tomar los hábitos le costó el enfado de su madre, que no le habla, asegura que se siente muy feliz y que le encanta la vida contemplativa que ofrece la casa conventual.

La formación del postulantado de las tres novicias incluye la enseñanza de música, porque es fundamental para la vida litúrgica, explica sor María Jesús, así como que aprendan a cantar. Reciben clases de la Sagrada Escritura, de la historia de la orden, teología de la consagración, los votos de pobreza, obediencia y castidad que deben practicar, Cristología, la doctrina de la Iglesia y un amplio abanico de conocimientos que persiguen como objetivo «poder vivir la vida contemplativa con conocimiento de causa y pudiendo saborear las cosas que ofrece», aclara la maestra de novicias.

 

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