La fabiola palentina persigue la marca de garantía para certificar su calidad

Javier Labarga, Alfonso Polanco y Manuel Gómez Lesmes reparten junto a varios alumnos del Cetece bolsitas con fabiolas para celebrar el Día del Pan./
Javier Labarga, Alfonso Polanco y Manuel Gómez Lesmes reparten junto a varios alumnos del Cetece bolsitas con fabiolas para celebrar el Día del Pan.

El Día Mundial del Pan se celebra en la Plaza Mayor con el reparto de dos mil piezas

RAQUEL MARTÍNEZ CARRASCAL

A pesar de ser un alimento muy básico de la cadena alimentaria desde el punto de vista nutricional, el pan eternamente ha sido un segundón en la mesa, el que siempre acompaña y nunca protagoniza ningún plato. Por eso este jueves, en la celebración del Día Mundial del Pan, la Asociación Provincial de Fabricantes de Pan de Palencia y el Centro Tecnológico de Cereales (Cetece) reivindicaron la importancia de este alimento de primera necesidad, «que siempre tenemos que tener en la mesa y el único del que nunca nos cansamos», según destacó Manuel Gómez Lesmes, presidente de la asociación de panaderos palentinos, que aglutina a 36 panaderías de la provincia.

La Casa Junco y la Plaza Mayor de Palencia fueron los lugares escogidos para culminar Mlas actividades organizadas con motivo de la primera edición de la Semana del Pan, que ha tenido como objetivo divulgar el trabajo que realiza el Cetece y poner en valor este alimento. Con dos conferencias sobre la importancia nutricional del pan y sobre los panes típicos de Palencia, Castilla y León y España, impartidas por María Alicia Camina y Ana Garcinuño, respectivamente, y el reparto de dos mil fabiolas el pan más típico de Palencia, junto al candeal y a la hogaza en la zona norte se cerraron ayer unas jornadas que se han prolongado durante dos semanas y que tienen visos de continuidad. «Es la primera vez en 16 años que hemos sacado el Cetece a la calle y los resultados han sido muy positivos», señaló Javier Labarga, presidente del Cetece.

Manuel Gómez Lesmes también mostró su disposición para continuar con esta iniciativa, pero yendo de la mano del Cetece y de las administraciones, a las que solicitó un poco más de apoyo para un sector que también se ha visto afectado por la crisis, además de otras circunstancias. Así, el presidente de los panaderos explicaba ayer que el consumo de pan se ha visto reducido en los últimos siete años de 80 a 50 kilos por persona y año en Palencia, y aún así continúa siendo una de las provincias donde más se come.

La venta de pan congelado y precocido en los supermercados también ha sido un aldabonazo para los obradores, pequeños David que luchan a diario contra los Goliat que encarnan las grandes superficies. «Tenemos una competencia muy desleal en los supermercados, que como venden dos mil productos, ganan en la venta de estos teniendo como gancho el pan», lamenta Gómez Lesmes. «Por eso reivindicamos la calidad del pan que se hace en los obradores y que se vende en los despachos que los palentinos tienen al lado de sus casas, y les animamos a que busquen esa calidad que no les dan los supermercados», apostilló.

Una profesión dura

La competencia, la dureza de la profesión solo hay dos días al año en que no se vende pan, Navidad y Año Nuevo y la falta de relevo generacional son algunas de las circunstancias que han provocado el cierre de una decena de obradores en la provincia en los últimos años. Por ello, son muchos los panaderos que se desplazan con sus furgonetas por los pueblos del entorno para vender su pan en aquellas localidades en las que la despoblación ha provocado el cierre de las panaderías.

Sin embargo, y apesar de las vicisitudes, los ánimos no decaen, y Gómez Lesmes anuncia que seguirán trabajando para conseguir que la fabiola de Palencia, que ya tiene la marca de calidad, sea reconocida por la Junta de Castilla y León con la marca de garantía. «Tenemos presentada prácticamente toda la documentación necesaria, así que seguiremos adelante para que reconozcan el buen producto que tenemos, que es la fabiola, la estrella de Palencia», indica. «Todas las figuras de calidad merecen la pena, porque le estás dando un valor añadido al producto y porque, además, hay que diferenciarse de otros panes que no tienen esa marca y dejan mucho que desear», agrega Javier Labarga.

Una elaboración muy lenta, con pocas levaduras y buenas harinas de la tierra, y una buena cocción son algunas de las características que tiene que tener un buen pan, según Javier Labarga, quien destaca la calidad del que se hace en Palencia. «Tanto en la capital como en la provincia se hace un buen pan, por encima de la media de Castilla y León», concluye.