Al trote hacia la integración

La psicóloga acompaña en el paseo a María José a lomos del caballo, guiado por Nicolás./
La psicóloga acompaña en el paseo a María José a lomos del caballo, guiado por Nicolás.

La Yeguada Jardín de Castilla organiza terapias con caballos para discapacitados

SAMUEL GARCÍAPALENCIA

«¡Arre!», exclamaba Nicolás montado a los lomos de Ketama. Acto seguido, el caballo caminaba lentamente ante el asombro de su jinete, que sonreía como un niño mientras Soledad y Laura, trabajadoras del centro, le dirigían y animaban. «¿Y cómo decíamos para parar?», preguntaba Virginia. «¡So!», respondió Nicolás y, de repente, el equino con nombre de grupo musical dejó de trotar. Nicolás convive con el autismo, y está experimentando en primera persona una de las fases de la Terapia Asistida con Caballos (TAC) que promueve en la provincia, a medio camino entre Ribas y San Cebrián de Campos, el centro multidisciplinar Yeguada Jardín de Castilla, especializado en la formación ecuestre.

Nicolás forma parte del grupo de la Fundación Personas Aspanis que ha asistido a una de las jornadas de puertas abiertas que el centro está organizando. «De momento estamos colaborando con Aspanis y la FundaciónSan Cebrián, pero invitamos a todas aquellas fundaciones que quieran venir a nuestras instalaciones», manifiesta Fina López, madre de la directora del centro e iniciadora del proyecto, Virginia Perrote. «Comencé compitiendo en salto a caballo con doce años», recuerda Virginia. «Lo pasé muy mal, me caía mucho y me daba muchos golpes porque tenía un potro de cuatro años, demasiado grande para mi edad. Pero luego descubrí el mundo de la doma natural, que es el que ponemos en práctica en este centro», asegura Virginia.

Las siete hectáreas de complejo, de las que 1,5 equivalen a un gran lago situado en el centro de las instalaciones, se suma al entorno natural «único» de la zona, valora López. «Muy cerca del centro se juntan varias acequias con el río Carrión y el Canal de Castilla, y esto crea un microclima excelente que complementa las clases», describe López.

Ahora es María José, afectada por el síndrome de down, la que pasea por el arenero con las riendas de Ketama en sus manos. Sus padres observan orgullosos:«Nos está encantando», afirma la madre. «Además, el contacto con la naturaleza es muy positivo para ella». Vista la experiencia, el padre no renuncia incluso a subirse a lomos de un caballo. «A mí no me importaría», afirma, «porque para María José está resultando una experiencia muy enriquecedora».

A esta jornada asisten también los progenitores de los miembros de Aspanis. «Esta actividad es novedosa y muy estimulante», señala Amelia, psicóloga de la fundación. «La experiencia, venir a un entorno totalmente distinto, interactuar con el caballo... Todo les encanta, es muy positivo», comenta la profesional de Aspanis. «A través de esta terapia se trabajan todas las áreas cognitivas, y en especial el área emocional, a lo que se suma que para ellos se trata de una actividad lúdica, por lo que no toman la terapia como un ejercicio, sino que lo disfrutan», añade.

El centro no se limita a su principal atracción, la terapia con caballos. «El proyecto abarca varias actividades», matiza Perrote. «También comprende clases de equitación, cursos profesionales relacionados con el mundo de la equitación, la divulgación mediante clínics y ponencias y una escuela de formación ecuestre», enumera la directora del centro. A esto se suma la granja-escuela que convive en el complejo: conejos, gallinas, cangrejos, patos y hasta una oca, que «llaman la atención de los visitantes», explican.

A pesar de su novedad (el centro se abrió el pasado mes de mayo), la Yeguada Jardín de Castilla ha tardado cinco años en abrirse, con una inversión superior al millón de euros. Sin embargo, sus promotoras son optimistas con el proyecto y, ahora que está activo, han empezado a difundirlo por los pueblos aledaños. Los precios por sesión varían de los 15 a los 55 euros, pero realizan precios especiales y descuentos a la mitad de precio para fundaciones.

La visita acaba, y los usuarios de Aspanis abandonan el centro felices y con ganas de volver. «Adiós», dice María José a Ketama. Y de repente, como si el caballo hubiera entendido y quisiera responder, dobla la pata derecha, mueve el rabo y relincha. «Te ha respondido», dice la madre de María José.

 

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