Así no hay quién viva

«No soportaría otra campaña electoral hablando del dichoso soterramiento de las vías del tren»

Así no hay quién viva
LAURA RÍOS

Subo y bajo en el ascensor varias veces al día y, en el corto trayecto que comparto este reducido espacio, examino discretamente a mis vecinos. Tampoco da para analizar en profundidad, pero solo el modo en el que se suben al elevador o la forma en que encaran la breve conversación ya me hago una idea de a quién tengo delante. Toca elegir presidente de esta nuestra comunidad y la campaña no ha hecho más que empezar.

Por primera vez es una mujer la que aspira al puesto. Es mi vecina del primero. La más popular. Definiría a Pilar como una mujer con mesura, trabajadora y un hacha con los números. En su día fue tesorera y cuadró como nadie las escuálidas cuentas comunitarias. Está empeñada en bajar el ascensor a pie de calle. Es un dineral y no veo yo la necesidad, pudiendo subir dos tramos de cinco escalones, tres rampas y una entreplanta.

Óscar lleva viviendo en el segundo 12 años. Los últimos cuatro ha sido presidente, pero quiere continuar. Es el más sociable, lo conocen todos. Dice que tiene proyecto para rato, pero que de bajar el ascensor a pie de calle nada, que si acaso un par de rampas con un moderado porcentaje de inclinación. Es un clásico. Entra en el ascensor, se atusa el pelo y además le da tiempo a un par de retuits.

Manuel es morador de la tercera planta. Ha cambiado el alumbrado del edificio por uno de bajo coste. Siendo vicepresidente, convenció a Óscar de que así se ahorraban unos euros en los gastos de comunidad. Tomó la palabra en una junta extraordinaria e hizo reconsiderar a su colega del segundo el proyecto del ascensor. Y es que, con buen criterio, calculó que el vecindario pagaría derrama por encima de sus posibilidades. Después de estar años en la sombra, quiere rivalizar con el actual presidente. Ya en la última reunión de vecinos se vislumbró distanciamiento entre ambos.

Martín acaba de llegar a la comunidad. Es un hombre discreto, amable y moderado, un ciudadano de los clásicos. Tiene claro que la polémica del ascensor se resuelve por fases.

Miguel está separado. Vive en el quinto y cree que no podemos renunciar a bajar el ascensor. Al igual que Pilar, es su proyecto estrella, pero necesariamente, si se puede, debe pasar por una consulta vecinal.

Por último, Javier. Es mi vecino del sexto. Dice que no votó el asunto del ascensor porque nadie lo había invitado a la última junta extraordinaria. Es vox pópuli que se presenta por si suena la flauta. Tengo la impresión de que aspira al divide y vencerás.

Afortunadamente, estoy hablando de una simple comunidad de vecinos que se ha tomado muy en serio lo del ascensor porque, de verdad, no soportaría otra campaña electoral hablando del dichoso soterramiento de las vías del tren. ¡Así no hay quién viva!