Temeridad

«Si estos no lo han hecho tan mal, ¿a qué cambiar?»

Temeridad
Francisco Cantalapiedra
FRANCISCO CANTALAPIEDRAValladolid

Me he hecho el firme propósito de no apostar un céntimo por el resultado de las próximas elecciones. Como ya conté aquí mismo, la última vez perdí una comida, que no es como para hacerse el harakiri pero no soporto las bromitas de los que me ganaron la porra en las generales. Además, cualquier vaticinio sobre las municipales (que son las que más importan), me parece sumamente arriesgado, ya que ponerse a especular con el número de escaños que sacará cada partido y las alianzas que harán posible la gobernanza, es una temeridad faltando aún dos semanas largas. No obstante, creo que las papeletas para Congreso y Senado son más ideológicas que estas de mayo, y la prueba es la multitud de municipios españoles que siguen gobernados por concejales que llegaron vestidos de primera comunión y hoy lucen ternos del estilo de los que gastaba don Enrique Tierno Galván, que decía que un caballero debía llevar chaleco y corbata hasta en la playa.

Si al ciudadano le 'funcionan' los gobernantes municipales que elige cada cuatro años, es posible que el vuelco electoral del mes pasado no se repita el domingo 26 si los votantes aplican el razonamiento de: «si estos no lo han hecho tan mal, ¿a qué cambiar?». Y en Valladolid la mejor prueba de la continuidad son las tres legislaturas de don Tomás Rodríguez Bolaños y las cuatro de don Javier León de la Riva. Si es verdad que el uso de razón empieza a los siete años, decenas de miles de pucelanos no han conocido otra cosa que la alternancia entre ambos regidores.

Ignoro lo que esperan mis convecinos de la campaña que empezó anoche, aunque yo me conformaría con que no nos trataran como si fuéramos tontos del culo garantizando ante notario proyectos irrealizables, y que no malgasten los próximos mítines dándose cera entre ellos sin plantear alternativas reales a los problemas y anhelos de la ciudad.

Y, por favor: no apliquen, ¡otra vez!, aquello de «prometer hasta meter, y una vez que has metido, olvidar lo prometido». Que ya somos mayorcitos.