Soberanía, ¡ja!

«La política internacional es un juego de alineamiento ante los poderosos para aspirar a que, a cambio de doblar la cerviz, caiga alguna graciosa migajilla»

El comandante del portaaviones de la armada de EEUU Abraham Lincoln, John FG. Wade (i) y el comandante de la fragata española Méndez Núñez, Antonio González (d), durante su intervención en el marco de la visita que realiza el barco estadounidense a la bahía de Palma./Efe
El comandante del portaaviones de la armada de EEUU Abraham Lincoln, John FG. Wade (i) y el comandante de la fragata española Méndez Núñez, Antonio González (d), durante su intervención en el marco de la visita que realiza el barco estadounidense a la bahía de Palma. / Efe
Joaquín Robledo
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

De tanto en tanto se representa una escena similar: una decisión del Gobierno español que disgusta al de los Estados Unidos, en este caso la retirada de la fragata 'Méndez Núñez' de un operativo militar estadounidense conformado en torno al portaviones 'Abraham Lincoln'.

Posteriormente se aducen razones pretendiendo justificar la decisión –Margarita Robles, la ministra (creo que hay que decir 'en funciones') del área militar, afirma que el motivo en este caso tiene que ver con un cambio no previsto del escenario, que cuando llegaron al acuerdo de colaboración no había intención de rascar los bemoles de los 'ayatolás' iraníes–, a la par que se procura tomar el asunto como menor, como si fuera algo de trámite –en este caso Borrell, el ministro (creo que hay que decir 'en funciones') de la diplomacia, resalta que no hay herida y que de haberla sería de mercromina y poco más–.

Es entonces cuando llega la inexorable reacción tremendista y contable por parte del sector diestro de la oposición y de una cohorte de analistas que aparecen como setas. Se empeñan en que seamos conscientes de que la decisión de contrariar al presidente de los Estados Unidos –mando supremo de las FF AA, epítome de todo un entramado de industria de la muerte– habrá de tener fatales consecuencias diplomáticas y comerciales. De momento, alertan, queda colgado de un hilo un contrato con Navantia por valor de 16.400 millones de euros.

Lo preocupante es que los alarmistas tienen razón. Todo eso ocurre, y ocurriendo se pone de manifiesto que la política internacional es un juego de alineamiento ante los poderosos para aspirar a que, a cambio de doblar la cerviz, caiga alguna graciosa migajilla. Que eso de la soberanía –el respeto ajeno por las decisiones propias cuando estas no son contrarias a derecho– queda muy bien para los papeles, pero hasta ahí. Que cuando desde la cabeza del imperio te tratan de igual usando términos como 'amigo', 'socio' o 'aliado', en realidad te están mirando desde arriba y aplaudiendo tu vasallaje. En las relaciones entre Estados también el más fuerte repite eso de 'no te metas en política'. Y lo dicen por tu bien. No se te vaya a olvidar.