Siempre ha pasado

«Las agresiones sexuales tienden a minimizarse como las consecuencias del cambio climático»

Siempre ha pasado
ELENA MORENO SCHEREDE

Mi hija emigró a los fríos países del norte de Europa en busca de una carrera profesional digna y coherente. Me pasé días susurrándole al oído esos consejos que las madres desplegamos semejantes a la cola de una cometa que emprende el vuelo. Asesorada por quien conocía el percal, le compré unas botas a prueba de nieves perpetuas para que el tránsito invernal no me congelara los pies de lo que más quería, pero este año apenas ha nevado y lo que he tenido que comprarle es un ventilador.

Cuando se empezó a hablar del cambio climático, algunos de nuestros relevantes gestores políticos calificaron la alerta como una alarma imprecisa y desproporcionada. El discurso negacionista incluía la tan cacareada frase de que siempre había habido terremotos, huracanes y olas de calor, pero antes desconocíamos lo que sucedía al otro lado del mundo. Lo cierto es que, a medida que ha ido pasando el tiempo, las certezas climáticas no dejan lugar a la duda. Probablemente, el temor a la magnitud de enfrentarse a un error cuyas consecuencias son imprevisibles hace que algunos miren hacia otro lado, que minimicen los daños a este planeta que escupe la ignorancia de sus moradores creando continentes de basura.

A mi niña, además de darle la tabarra con lo de abrigarse, también le aleccioné sobre los peligros de andar sola por la noche, manteniendo ese acuerdo tácito de que me llame, entre el metro y su casa, esté donde esté, si tiene miedo. Estos días escucho el discurso que impera en parte de esta sociedad acobardada y que siempre deriva sus temores; dicen que ha habido violaciones toda la vida, solo que antes no se denunciaban. Con las agresiones sexuales pasa lo mismo que con el cambio climático: que es normal tener inviernos cálidos sin nieve en las cumbres.

Basta. No pueden admitirse demagogias que minimicen la brutalidad de una violación en grupo, retrasmitida por Instagram o en las fiestas del pueblo. Los delitos sexuales se han incrementado; una paradoja cuando se supone que la sociedad avanza hacia el respeto. Es urgente educar a las generaciones venideras en esa asignatura pendiente que no acabamos de aprobar. Eliminar el plástico de un solo uso y extirpar la creencia de que la mujer es un objeto indigno del respeto es urgente. Y no es una cuestión de programa político, que también, sino de evitar la tenacidad en una educación líquida que no incluye la fuerza y consistencia que debieran tener algunos valores. Libres sí, pero conscientes de la libertad. Y ahora, aprovechando esta plataforma, quiero dar gracias a esa madre que acompañó a su hija al hospital para formalizar la denuncia de violación en el parque Etxebarria de Bilbao. Quiero decirle que ese gesto de amor preciso y precioso nos ayuda a todas las mujeres que hemos crecido temiendo el día que dejarían de respetarnos.