¿Me regala un autógrafo?

Los niños y niñas colombianos, efusivos y espontáneos, llegaban más lejos: ¿Me regalas un abrazo?

¿Me regala un autógrafo?
RAMÓN GARCÍAValladolid

Acabo de regresar de Colombia, de una gira promocional de mi novela juvenil 'El huevo de Colón', ilustrada por el también vallisoletano Jesús Redondo y publicada por Norma Editorial de Bogotá, y me apresto a esbozar unas breves consideraciones sobre el idioma español en aquel país andino. Y quiero destacar, antes que otra cosa, el uso de las habituales fórmulas de cortesía, cargadas de afectividad y encanto. Me explico.

Tanto en la Feria Internacional del Libro de la capital, como en los colegios o clubes de lectura que visité en Medellín, Pereira, Cartagena de Indias o Barranquilla, niños y adultos, alumnos y profesores, se acercaban con su libro en la mano y una sonrisa y te pedían que les regalases una dedicatoria. ¿Me regala un autógrafo, por favor?

No pocos te pedían fotografiarse contigo y el mismo cantar: ¿Me regala una fotografía? Item más: los niños y niñas colombianos, efusivos y espontáneos, llegaban más lejos: ¿Me regalas un abrazo?En dos semanas allende el mar, he sido abrazado, y de qué infantil y cálida manera, más veces que en semanas y meses aquende el mar.

Pero vuelvo al principio: al uso del idioma castellano en diferentes escenarios colombianos, en las aulas de primaria y bachillerato, en la calle, en un restaurante. No se trata solo de corrección sintáctica, se trata sobre todo de expresividad y colorido dialéctico. Los niños de un modesto colegio de barrio dicen las cosas, opinan o te preguntan sobre un libro tuyo que han leído con una precisión coloquial y un buen decir que te dejan boquiabierto. Estarías oyéndolos y oyéndolos, sin necesidad de intervenir tú rompiendo el encanto.

Se acerca un niño a que le dedique mi libro pero no trae el libro.

–Lo he olvidado en casa. ¿Podrías escribirme tu dedicatoria en este papel?

–No acostumbro a hacerlo, pero esta vez voy a saltarme mi norma. Aunque eso sí: tan pronto llegues a casa pegas el papelito con mi autógrafo en el libro.

–Obvio –responde el chaval de sexto de primaria– Y muchas gracias– añade, guardando cuidadosamente la cuartilla.

–Con mucho gusto– respondo yo.

No «de nada», sino «con gusto».

–Gracias.

–Con gusto.

Aprendí la fórmula en Colombia y la empleé –con sumo gusto– a lo largo de las dos semanas en que he recorrido el país hablando de libros y particularmente de nuestra novela infantil 'El huevo de Colón'. Nuestra novela digo: del dibujante Jesús Redondo y mía.

Los lectores colombianos, querido Jesús, me 'regalaron' mil elogios y mil efusivos abrazos también para ti. Todo expresado con un lenguaje y acento galano, cálido, luminoso y colorista. De allende el mar, para que me entiendas.