Puigdemont, victimista

La Justicia vuelve a pronunciarse a favor de la participación política, subrayando que sustraerse de su acción no es causa de inelegibilidad

Carles Puigdemont./Ana Belinchón/Efe
Carles Puigdemont. / Ana Belinchón/Efe
El Norte
EL NORTEValladolid

La resolución de la Junta Electoral Central, negando a Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Toni Comín la posibilidad de concurrir a las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 26 de mayo por no estar censados debidamente al encontrarse fugados de la justicia, fue cuestionada por el Tribunal Supremo, al considerar que ello no es causa de inelegibilidad, y anulada ayer por los titulares de tres juzgados de lo Contencioso Administrativo de Madrid, que hicieron suyas las indicaciones del Supremo. Ante lo cual Pablo Casado anunció que el PP recurriría al Tribunal Constitucional, y Ciudadanos mostró su contrariedad por boca de Inés Arrimadas. El independentismo de Waterloo no podrá alegar que los tribunales de Justicia coartan su libertad, cuando la propia sentencia se basa en el ejercicio de los derechos fundamentales para inclinarse del lado de Puigdemont y los dos exconsejeros que le acompañan en la candidatura de Lliures per Europa. Una vez más, el sistema democrático español se ha mostrado garantista con respecto a la participación política. Puigdemont y los suyos han objetado que el recurso del PP contra su presentación como candidatos les ha perjudicado en la liza electoral. Al margen de que pudieran formalizar la queja, es evidente que en términos objetivos el litigio ha contribuido a dar una especial notoriedad a la candidatura, en línea con el victimismo cultivado por los secesionistas huidos. Sobre todo cuando la resolución judicial final les restituye los derechos que les habían sido negados 'en primera instancia'; después de que Puigdemont, Ponsatí, Comín y Lliures per Europa hubiesen recurrido simultáneamente a la propia Junta Electoral, a las instancias ordinarias de lo Contencioso Administrativo y al Tribunal Supremo. Es más, podría decirse que el fugado Puigdemont ha conseguido acercarse al preso Junqueras en el imaginario sacrificial del independentismo catalán.