Pilar Cardeñoso, compañera, cirujana y amiga

Pilar Cardeñoso, compañera, cirujana y amiga
Pilar Cardeñoso.
LUIS FERNÁNDEZ SALAZAR

Al inicio de alguna clase de primero o segundo de carrera, Anatomía o Fisiología, o quizá ya de tercero, Pilar subía dando zancadas y con una sonrisa de oreja a oreja, para sentarse en los bancos de más allá de la mitad de la clase con ropa algo extravagante, probablemente un peto vaquero, con una carpeta gruesa y con cascabeles que tintineaban. Esta es la primera imagen que tengo de ella. Mis seis años de carrera fueron felices, como creo que lo fueron para muchos de los compañeros de facultad. Años en los que, jóvenes, y en general aún inmaduros, nos exponíamos de forma definitiva a la sociedad adulta. Entre nosotros estaba Pilar, quien sin descuidar clases, prácticas y exámenes, haciendo guardias como alumna interna, y con una formación más amplia que la de la mayoría de nosotros, disfrutaba del día a día y participaba de nuestra felicidad, aportando sentido crítico, originalidad y humor. Pilar facilitó que yo, y otros, tuviésemos una perspectiva de la vida, de la que nos íbamos haciendo protagonistas, diferente y más completa de la que hubiéramos tenido de no estar ella cerca.

Pilar fue una muy cariñosa compañera y después una buena profesional. Me sentí orgulloso, por mí mismo y por la propia facultad de Medicina de Valladolid, cuando un año después de terminar la carrera Pilar y yo coincidimos de nuevo en el hospital de la La Princesa, en Madrid. Ella se formaba como cirujana general y yo como gastroenterólogo. Presumí con los compañeros de conocerla y de poderme considerar amigo suyo porque sabía cómo era, sabía de su vitalidad y su nobleza, de las que dio prueba en aquel hospital durante más de 20 años.

Hace unos meses nos hemos reunido los compañeros de promoción, con motivo de los 25 años desde que terminamos la carrera. Pilar no acudió. Muchos vimos que tenía problemas. La vida es difícil, sí. Para todos. Somos profesionales con muchas responsabilidades laborales, familiares y son más de 20 años... Pero ¿no pudimos alguno haberte llamado y preguntado cómo te iba, y si necesitabas algo? Cómo lo lamento, Pilar, por ti, por tu hijo, tu madre, tu hermano y Carlos. Y también lo siento por los pacientes que no tratarás o aliviarás. Si no hubiésemos olvidado aquellos años tan felices en los que tú estabas y en los que reíamos más, quizá, de alguna forma, hubiésemos evitado esto. Tú sí nos habrías llamado.