Macron y el liderazgo europeo

«Ha desactivado la crisis de los 'chalecos amarillos' volviendo a escuchar y acercándose al ciudadano de a pie»

Macron y el liderazgo europeo
JOSÉ M. AREILZA

Desde la gran crisis económica se habla más que nunca en Bruselas sobre la necesidad de contar con líderes que refuercen una integración en horas bajas. Las instituciones comunitarias, dotadas de amplios poderes, han sido fundamentales en la unificación progresiva del continente. Con el auge del antieuropeismo, en sus versiones nacionalistas y populistas, la tentación es reclamar liderazgo y centrar las esperanzas en personajes salvíficos. Sin embargo, el arquetipo del líder proeuropeo debería ser bien distinto a los llamados hombres fuertes (Trump, Putin, Erdogan…), por varias razones. La toma de decisiones europea es más prolija y complicada y obliga a muchos más consensos, es decir, a un liderazgo compartido.

La UE no puede alterar sus políticas con un tuit desde el dormitorio presidencial a primera hora de la madrugada. Los valores de la integración, además, exigen un compromiso con los derechos fundamentales, el imperio de la ley y la democracia y respeto a las identidades nacionales. No sirve el dramatismo ni la oferta de emociones fuertes al pueblo. Se requiere cierto liderazgo ilustrado y sentido de la historia. Todo esto no invalida la idea de buscar líderes mejores para el gobierno de Europa. Las cualidades personales cuentan, y más en momentos de tanta incertidumbre. En los peores años que se recuerdan de la integración dos políticos han desempeñado un buen papel, Angela Merkel y Mario Draghi, con un estilo pragmático. La canciller ha propulsado además a dos discípulas, una al frente de su partido, y otra, de la Comisión Europa.

El turno del liderazgo europeo podría corresponder a Emmanuel Macron, el político moderado que despierta más esperanzas. Su ascenso meteórico al poder en Francia se debió a un conjunto de circunstancias favorables, desde el sistema electoral hasta la retirada de algunos rivales de gran calado. Pero nadie puede negar la combinación de inteligencia y voluntad del presidente o su gran bagaje cultural, tan poco frecuente en los políticos actuales. En los discursos sobre Europa, Macron piensa en grande y se atreve a defender el patriotismo nacional y la soberanía europea al mismo tiempo. Entiende a fondo el mundo en el que vivimos, el papel emergente de China, el reto de la revolución digital y los nuevos equilibrios de poder. Pero el presidente francés solo influirá en una integración europea dominada por Alemania en la medida en la que consiga impulsar las reformas en su país y sepa tejer una coalición con otros líderes europeos.

Después del resbalón inicial al llegar al Elíseo, por su distanciamiento jupiterino de los votantes, ha desactivado la crisis de los 'chalecos amarillos' volviendo a escuchar y acercándose al ciudadano de a pie. No basta con esta capacidad camaleónica, útil para mantenerse en el poder, inservible a la hora de transformar la realidad. La oportunidad de Macron puede que llegue antes de que acumule suficientes recursos para ejercer el liderazgo europeo.