Los lunes, milagro

Cayetana Álvarez de Toledo. /EFE
Cayetana Álvarez de Toledo. / EFE
Rosa Palo
ROSA PALO

Tras las elecciones generales, Iñaki Gabilondo le decía a Pablo Motos en una entrevista que él creía en los milagros porque los había visto durante la Transición. Toma, y yo. Y en los Reyes Magos y en las cremas anticelulíticas, que así me va. Pero ahora, descreídos como estamos al darnos cuenta de que los rezos a Nuestra Señora del Sagrado Gobierno de la Nación no han surtido efecto, es justo cuando no tenemos que perder la fe. Porque los milagros existen: el lunes, Isabel Pantoja y Mila Ximénez se abrazaron en los pasillos de Telecinco. Tras más de quince años años de guerras intestinas, de demandas y de descalificaciones, las ínclitas se desactivaron mutuamente y firmaron una tregua gracias a la intervención, chequera mediante, de San Basilio, que es como la madre de Paz Padilla llama a Paolo Vasile. Y aquí paz y después un 'Deluxe'.

La pena es que Ximénez y Pantoja resultaban más divertidas enfrentadas que amistosas. Que hasta para insultar hay que tener nivel, y no todo el mundo lo tiene. Y que donde esté un buen desprecio entre dos clásicas, que se quite todo lo demás. Como los que le hacía Juanita Reina a Concha Piquer. O los de Bette Davis a Joan Crawford: «Ni siquiera mearía encima de Joan Crawford si su cuerpo ardiese», dijo la Davis. El milagro sería que los políticos españoles, tan insulsos e infantiles en sus descalificaciones, aprendieran a insultar como ellas. O como los hinchas argentinos: durante el Mundial de fútbol del año pasado, el fiasco de la selección argentina frente a la islandesa se resumió en «nos han empatado once tíos que sólo comen Licor del Polo». Menos mal que tenemos a Cayetana Álvarez de Toledo, que lo mismo te desprecia citando al Quijote que se inventa nuevos términos: ha tildado de «matonismo demoscópico» la encuesta de Tezanos. Bien empezamos.