Libélulas y nacionalismos

«El monstruo del nacionalismo ha crecido tanto que nos puede acabar devorando»

Libélulas y nacionalismos
José Ibarrola
IGNACIO SANZ

Querer a la tierra es un sentimiento legítimo y universal. Da igual que hayas nacido en Cartagena o en Mondoñedo. Hasta los gallegos quieren a Galicia a pesar de sus lluvias pertinaces. La infancia es la patria del hombre antes que las banderas. En la infancia aparecen los juegos, el paisaje, las canciones, los platos de cocina. Y no digamos la lengua. Todo ello nos marca afectivamente. Queremos a la tierra porque la tierra nos colma de dones. Pero nacer es un lugar concreto es algo circunstancial que no puede determinar una vida. El problema de España son los nacionalismos. Los nacionalistas no solo quieren a la tierra donde nacieron, la quieren contra las otras tierras, por encima de ellas. Lo dijo Manuel Azaña, desolado y perplejo ante los desmanes del nacionalismo catalán: «Estos hombres son inaguantables». Lo siguen siendo. El monstruo del nacionalismo ha crecido tanto que nos puede acabar devorando. Me voy a dormir y tengo pesadillas con los nacionalistas. También España tiene sus propias hordas nacionalistas. Hasta ahora parecían larvadas, pero el nacionalismo de las periferias ha hecho aflorar el nacionalismo español troglodita y retrógrado. Unos y otros querrían que saliéramos a la calle uniformados, con el pecho inflamado y la canción cuartelera en la boca flameando banderas. Qué horror. «Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria», dice Mestre, el poeta berciano. El Bierzo es el reino de las libélulas. Mañana habrá elecciones. Votaré por las libélulas, por los vencejos y por las encinas. Para que encuentren su lugar propicio en el planeta. Votaré por los fresnos y por las cigüeñas. Contamos con uno de los sotos más hermosos de Europa, amenazado por la sombra siniestra de un pantano. Para que no secuestren el agua de los ríos y llenen el subsuelo de nitritos y pesticidas. Solo tenemos una tierra y no es nuestra; somos usufructuarios. Votaré para liberar de presas innecesarias el curso de los ríos. Votaré por la igualdad de las regiones, para acortar brechas y privilegios entre los pueblos, para que la renta de Extremadura se acerque a la de Madrid. Un país desigual es un país cojo. Votaré para que no avance la despoblación en la España vacía, tan rica en paisajes, silencios, caminos y arboledas. Para que cada ciudadano de Soria cuente con los mismos recursos públicos que el de San Sebastián. Ni un euro menos. España es un país maravilloso. Aquí nacieron don Quijote, Sancho, Juan de Yepes, Teresa de Cepeda, don Antonio Machado y Federico García Lorca. Qué vinos, qué cervezas, qué tomates, que sardinas y calamares. Somos reyes en donaciones de órganos. Y en playas. Ojalá que los nacionalistas y los cegatos codiciosos no nos amarguen la fiesta.