Independentismo quebrado

Quim Torra, en el Parlament de Cataluña./Andreu Dalmau-EFE
Quim Torra, en el Parlament de Cataluña. / Andreu Dalmau-EFE

PDeCAT y ERC se encuentran tan entrampados por los acontecimientos que difícilmente romperán su alianza

La elección de la alcaldesa socialista de L'Hospitalet, Núria Marín, como presidenta de la Diputación de Barcelona por acuerdo entre el PDeCat y el PSC ha sido el último episodio de la tensa relación que mantiene el partido del presidente Torra con su socio en el gobierno de la Generalitat, ERC. Resulta significativo que la dinámica de bloques –de las izquierdas frente a las derechas, y del constitucionalismo frente al independentismo– acabe haciendo aflorar las pugnas partidarias y hasta personales latentes en cada campo político.

Es sabido que ERC y PDeCat o JxCat arrastran un largo tiempo de incomunicación entre ellos, que solo se atenúa cuando ambos necesitan comparecer juntos en actos públicos o se ven obligados a pronunciamientos de desagravio frente al Estado constitucional, en la obligada reunión de los martes del gobierno de la Generalitat, y cuando en la Mesa y en la Junta de Portavoces del Parlamento autonómico coinciden en impedir la tramitación de todo asunto que evidencie su desencuentro.

La improductividad de la legislatura se demuestra en que esta semana el parlamento catalán ha aprobado la primera ley presentada por el Gobierno Torra desde las elecciones del 21 de diciembre de 2017; la creación de la Agencia Catalana de Salud Pública, que fue suprimida por Artur Mas en 2014. Pero, hasta la fecha, ni el partido de Oriol Junqueras ni el de Carles Puigdemont han sido capaces de formular una posición política, y menos de establecer una estrategia alternativa a la que han venido secundando al alimón en una suerte de inercia victimista. Entre otras razones, porque ni la confusa organización de los posconvergentes ni el asamblearismo de los republicanos permiten dibujar para el independentismo un horizonte distinto al de la espiral de la confrontación con la España constitucional y al de su exclusivismo respecto a la Cataluña no secesionista.

Entre el PDeCat o JxCat y ERC se tensa la cuerda en torno al objetivo que ambas organizaciones persiguen de hacerse con las riendas del independentismo en su conjunto ganando las próximas autonómicas. Ello mientras en su seno afloran con intermitencias posiciones de pragmatismo cuando de lo que se trata es de repartirse el poder institucional disponible. Pero ambas formaciones se encuentran tan entrampadas por los acontecimientos de septiembre y octubre de 2017, que difícilmente romperán su alianza a riesgo de que se les venga abajo el mundo que construyeron en torno a la quimera de una república, cuya custodia concedieron a ANC y Òmnium.