La importancia de llamarse James

«No voy a hablar de las similitudes entre los movimientos independentistas y nacionalsocialistas: los mares de banderas, las canciones victimistas repetidas hasta conocer incluso el segundo verso, los ataques a los propiedades de los adversarios, el chivo expiatorio»

La importancia de llamarse James
José Ibarrola
ROBERT YAREHAM, HISTORIADOR Y ESCRITOR

Cuando nació mi primer hijo, en 1986, cometí el gran error, o así parecía, de llamarle James. A mí me parecía muy 'cool', y me encantaba el actor James Stewart, especialmente en 'Harvey', nombre de su amigo, un conejo blanco, gigante e imaginario, según su interpretación. Desafortunadamente, cuando llevé a James al colegio, los niños se burlaban de su nombre, y de su pelo rubio; ser diferente era un lastre. Entonces James me suplicaba que le llamara Jaime, y que no le hablara en inglés delante de sus compañeros. Con su pelo rubio, poco podíamos hacer.

Cuando uno es joven e inmaduro, esas cosas cuentan, y solamente cuando termina la maldita adolescencia uno coge un poco de perspectiva. Supongo que todos llevamos un niño dentro.

Me acordé de todo esto cuando estalló el gran conflicto catalán, donde, al parecer, uno se arriesgaba a la burla, o peor, de la gente por llamarse Jaime y no Jaume, tal vez no sabían cuando celebraban el día de san Jordi, o Jorge o George, lo que dijo Shakespeare: «Una rosa con cualquier otro nombre olería igual de dulce».

Lo más llamativo para mí como 'guiri' comprometido es notar cuántos de los secesionistas más vociferantes no tienen sus ocho apellidos catalanes y cuántos cuentan con apenas uno.

Uno de los más ruidosos es Gabriel Rufián, quien dejó caer el incriminatorio 'Juan' español de su nombre legal. Nacieron sus padres y todos sus antepasados en Andalucía. ¿Qué horror!

Raül Romeva i Rueda logró superar la indignidad de haber nacido y crecido durante los primeros humillantes nueve años de su vida en el nefasto Madrid, un trauma que sin duda le convertiría en uno de los más intransigentes de los que ahora están dando la espalda a España.

Los padres de David Fernández, de la CUP, emigraron a Cataluña, en este caso desde León y Zamora.

Otra cara conocida de la CUP es Fräulein Anna Gabriel, cuyos padres son de Huelva y Murcia.

Josep Lluís Carod Rovira fue una de las grandes figuras de Esquerra Republicana, partido comprometido con dejar España, incluido el Aragón nativo de su padre.

Joaquim Forn, exconseller de Interior del Gobierno de la Generalitat, tiene madre ecuatoriana e hizo un tuneo de su apellido para esconder sus orígenes.

Albano Dante Fachin, que abandonó Podemos para votar con los secesionistas, es argentino.

La madre de Jordi Cuixart es de Murcia.

Carles Puigdemont ama tanto a Cataluña que se casó con una rumana, que a menudo parece más comprometida con la independencia que su marido.

Ella dirige el diario catalán en inglés 'Catalonia Today', creado por la Generalitat para promocionar la independencia de la comunidad entre los extranjeros, y seguramente consiguió el trabajo por su gran nivel de inglés y por saber contrastar opiniones, y no por ser la esposa de Puigdemont.

Uno que quizás sea más catalán que nadie es Oriol Junqueras, un hombre de cepa pura; tanto, que ha alabado la genética diferencial catalana, igual que antes lo hacia un forastero austriaco con descendencia judía en las cervecerías de Múnich.

Pero como de antaño solía decir Rajoy, antes de hacerlo, no voy a hablar de las similitudes entre los movimientos independentistas y nacional socialistas: los mares de banderas, las canciones victimistas repetidas hasta conocer incluso el segundo verso, los ataques a los propiedades de los adversarios, el chivo expiatorio, culpable de todos los problemas. De todo esto no voy a hablar.

En cambio, si contaré que ahora James, o Mister James como le llaman, trabaja como profesor en un prestigioso colegio británico, que las chicas se dieron cuenta de que tener un nombre inglés es 'supercool', aunque ahora su pelo rubio se esté cayendo. Bueno, no se puede tener de todo.

Por mi parte, me encantan mis tres hijos híbridos, solicité la nacionalidad española el día después del 'brexit', ya se sabe, por el tema de los papeles, no por un problema de encajar bien, y sigo esperando, aunque coincido con Thomas Paine cuando dijo: «Mi país es el mundo y mi religión es hacer el bien».