Igea al desnudo

«Está decidido a sacar a la luz insondables misterios otrora guardados bajo siete llaves por sus socios de gobierno. Caiga quien caiga»

Francisco Igea durante una de sus intervenciones públicas. /Gabriel Villamil
Francisco Igea durante una de sus intervenciones públicas. / Gabriel Villamil
Antonio Salinero
ANTONIO SALINEROValladolid

Desde luego, el inicio del curso político regional promete diversión. Francisco Igea se erige como gran animador del cotarro, asumiendo gozoso el papel de diana de todos los dardos, pato de goma que asoma en la barraca de los perdigones. Así dejamos a Mañueco en la Arcadia feliz, ese territorio que los poetas clásicos imaginaron lleno de paz y armonía, de ninfas retozonas y frutos al alcance de la mano, evitando que dé cuenta de la situación real de una región que llevan gobernando más de tres décadas. Ya decía Gracián que a menos palabras, menos pleitos.

Tras las convulsas primarias de Ciudadanos, sobre cuyo pucherazo frustrado aún no se ha desvelado autor conocido, llegó la campaña electoral, y allí el candidato, con un discurso escorado a babor, prometió regeneración y cambio afirmando que no sería el salvavidas del PP. Luego ratificamos lo que ya sabemos, que en política hay que cerrar filas y tener un repertorio de principios tan amplio y flexible como el de Groucho Marx.

Eso explica que se pueda comulgar con las ruedas molineras de un senador vasco impuesto desde Génova, el trágala del coqueto apartamento de las Cortes para que Fuentes pernocte y se cambie de camisa tras sus agotadoras jornadas laborales, o la peregrina justificación del nombramiento a granel de asesores de desconocido prestigio. Nada que no hagan los otros, dice.

Pese a todo, aunque a veces es mejor abandonarse a la felicidad socrática de la ignorancia, desde su Consejería ornamental de transparencia y asuntos varios, está decidido a sacar a la luz insondables misterios otrora guardados bajo siete llaves por sus socios de gobierno. Caiga quien caiga. Ay.

Pero hete aquí que a Igea le salió un aguerrido rival en Twitter. Nada menos que el alcalde Valladolid. No llegaron las trifulcas al nivel dialéctico de un Góngora o un Quevedo pero el duelo a golpe de tuit estuvo de lo más animado. Lástima que hayan cortado el cable.

Aun así, como decía Bette Davis en 'Eva al desnudo', abróchense los cinturones que la noche va a ser movidita.