El hundimiento de Podemos

«Pablo Iglesias, politólogo de profesión, ha demostrado ser un pésimo estratega y un mal táctico, y tiene en su haber un negro currículum de errores e incompetencias»

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, valora los resultados electorales de los comicios europeos, autonómicos y municipales del 26M./AFP
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, valora los resultados electorales de los comicios europeos, autonómicos y municipales del 26M. / AFP
Antonio Papell
ANTONIO PAPELLValladolid

El espectáculo que ha deparado Podemos en su crisis final, después de la marcha de distinguidos fundadores y personas de reconocida trayectoria intelectual de la cabecera de la organización, ha sido deplorable.Primero, Errejón, en su segunda asamblea ciudadana, Vistalegre II, encabezó una corriente con una línea política distinta a la de Pablo Iglesias, y presentó un proyecto distinto y alternativa a la dirección general de Podemos, que no incluía al secretario general, que debía seguir siendo Iglesias. Después, Errejón se presentó en mayo de 2018 como candidato a las primarias para ser el cabeza de lista de Podemos y candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid en las autonómicas de 2019, enfrentándose al independiente Emilio García Palacios. Pero finalmente el 17 de enero del año en curso anunció en una carta conjunta con Manuela Carmena la decisión de presentarse dentro de la Plataforma Más Madrid a las elecciones autonómicas de mayo, en lo que suponía el abandono de la disciplina de Podemos; poco después renunciaba a su acta de diputado al Congreso y anunció que no abandonaba Podemos, pese a la flagrante violación de sus estatutos.

Finalmente ha obtenido 20 escaños, y Unidas Podemos obtenía 7. Si se piensa que Podemos había sacado 27 diputados en las elecciones de 2015, se entenderá que tan alambicado proceso no mereció la pena. Con independencia de que la fractura de una organización siempre genera un efecto disuasorio; es decir, que hay razones para pensar que si UP se hubiera presentado unido y con un programa mejor elaborado y más creativo, hubiera podido mejorar el resultado y contribuir a un gobierno de izquierdas en la CAM.

Pablo Iglesias, politólogo de profesión, ha demostrado ser un pésimo estratega y un mal táctico, y tiene en su haber un negro currículum de errores e incompetencias. En 2016, ya desperdició la ocasión de evitar la continuidad de Rajoy –un objetivo que parecía natural en una formación de izquierdas– negándose a apoyar un pacto PSOE-Ciudadanos que, con todos los defectos que se quisiera señalar, suponía un cambio cualitativo trascendental en la gobernación de este país. Al mismo tiempo, se aliaba con Izquierda Unida, lo que de entrada causaba la pérdida de más de un millón de votos.

El domingo, Podemos ha sufrido un descalabro autonómico de proporciones escandalosas. Iglesias tiene ahora la posibilidad de gestionar cabalmente los 42 diputados que su grupo mantiene en el Congreso de los Diputados, y que forman con el PSOE una mayoría de 165 escaños. Habría que pedirle al líder populista que no haga más estropicios y que contribuya a estabilizar el gobierno con inteligencia y sentido común. Veremos si es capaz